Lunes 20 de septiembre, 2021

POLíTICA | 15-03-2021 15:36

Insfrán y Alberto Fernández: una relación problemática para el Gobierno

El Presidente tiene poco margen sobre el gobernador de Formosa y hay chispazos. Reproches. La compleja situación en la provincia.

Hay sólo una idea que comparten Gildo Insfrán, Alberto Fernández la oposición, los manifestantes que vienen copando las calles de la provincia e incluso hasta los policías que los reprimen salvajemente: Formosa es un lugar distinto al resto de Argentina, tan parecido a Buenos Aires o a otras localidades céntricas como el negro se parece al blanco. Esa “excepcionalidad formoseña”, una adaptación sudaca de la tesis que nació en el siglo XIX en Estados Unidos y que convenció a muchos de sus líderes de que ese país era cualitativamente distinto al resto, funciona para todos los actores: al cuasi treintagenario gobierno de Insfrán lo convence de manejarse con los modos de un caudillo, al Presidente lo induce a masticar la bronca personal y la incomodidad política que le generaron los hechos de violencia, a los manifestantes los persuade de redoblar las protestas y a los policías les demuestra que la mano dura es la única manera de poner orden en ese territorio donde el termómetro de la corrección política se rompió hace mucho. Bienvenidos a Formozuela.

Para la foto. Las últimas semanas fueron de aprendizaje forzoso para Alberto Fernández. En quince días sacrificó a dos amigos de toda la vida (Ginés y Losardo) para mantener a su gobierno a flote, y luego tuvo que volver a ceder ante sus convicciones en el escándalo formoseño. Es que los que hablaron en privado con el Presidente desde que esa provincia entró en un espiral de represión y polémica conocieron su pensamiento real, que está lejos de ser el que mostró en público, más ajustado a las necesidades políticas de la hora. “Pero Gildo está loco, ¿cómo va a volver a Fase 1 por 20 casos positivos?”, repetía el mandatario a sus funcionarios de confianza en aquel fatídico viernes 5, mientras le llegaban a su celular las imágenes del brutal ataque de la Policía. “Es un reclamo de los comerciantes y hasta tiene cierta lógica, no pueden trabajar”, fue otras de las frases que utilizó Fernández para referirse al asunto. Claro, una cosa son las intenciones y otra es gobernar: al lunes siguiente estaba recibiendo al gobernador en la Casa Rosada para un acto por el día de la Mujer, evento que se leyó como lo que fue, un espaldarazo público para Insfrán.

Es verdad que lo que incomodó a Fernández y su círculo no fue sólo la represión y la detención a periodistas y opositores, sino también los modos de Insfrán. El hombre, acostumbrado a la omnipotencia que dan las décadas en el poder (es gobernador desde 1995), ni siquiera anticipó a la Rosada que había decidido volver a aumentar las restricciones en la capital y en la ciudad de Clorinda. “Es una potestad de la Provincia. No tenemos porqué pedir permiso ni notificar a nadie”, le dice a NOTICIAS un funcionario del gobernador, respondiendo no sólo a la consulta de este medio sino a las broncas que llegaron desde el oficialismo nacional. De hecho, luego del acto del lunes el Presidente e Insfrán tuvieron un rápido encuentro lejos de los flashes: el gobernador le dejó traslucir su molestia por las declaraciones de funcionarios (como el secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, que condenó tibiamente la represión) y Fernández hizo de tripas corazón e intentó calmar las aguas. Desde ambos lados aseguran que la relación volvió a quedar encaminada.

Pero lo que une al gobierno con Insfrán es la conveniencia. El gobernador no sólo controla el jugoso número de dos senadores y tres diputados (trascendentales para un oficialismo al que no le sobran los votos en el Congreso) sino que tiene a un ministro, Luis Basterra en Agricultura, que le responde sin miramientos, y también es la llave de entrada a otros peronistas históricos: Rodríguez Sáa de San Luis y Gerardo Zamora de Santiago del Estero (cuya esposa es Claudia Ledesma Abdala, presidenta provisional del Senado) son dos gobernadores con varios mandatos encima y que se mueven en la misma sintonía. Soltarle la mano a uno es meterse con todos.

Insfrán, además, es el presidente del Congreso del Partido Justicialista y una voz de mucho peso en el espacio, grupo que ya de por sí anda dolorido por lo que entienden que fue una falta de respeto a Ginés y, sobre todo, un desconocimiento de los “códigos” del peronismo: el ex ministro le pidió a Alberto ir a presentar la renuncia en la Rosada pero Fernández lo echó más rápido que lo que canta un gallo. Estas son heridas que cicatrizan mal dentro del movimiento, que miró de reojo como varios funcionarios e incluso el presidente condenaban la “violencia institucional” en Formosa.

Al límite. Insfrán y los suyos explican su accionar a través de la “excepcionalidad” formoseña: su provincia es la única que comparte 1000 kilómetros de frontera con Paraguay, en un límite que es más teórico que real. La vertiginosa escalada de contagios en aquel país, que incluyó la renuncia de su ministro de Salud, es lo que, dicen, los empujó a las drásticas restricciones. “Pero no fueron 20 casos como dicen allá, eran 60 cuando se tomó la decisión y ahora (ndR: en la tarde del miércoles 10) ya hay más de 100”, explican, y resaltan que es la provincia con menos casos y muertos del país.

Sin embargo, el regreso a la Fase 1 fue sólo la última gota. Desde que estalló la pandemia Formosa estuvo en la mira por los centros de aislamientos donde se recluye hasta 24 días a quienes están contagiados o presentan síntomas, y por las inmensas dificultades que hay para entrar a la provincia. Además la economía viene más que golpeada: desde que llegó la pandemia los restaurants, por poner un ejemplo, sólo pudieron abrir 36 días mientras que otros rubros, como los gimnasios, jamás volvieron a levantar la persiana. “Y lo que se ve hoy es lo que pasa desde hace treinta años. Es la crisis institucional más la corrupción y el avasallamiento de derechos humanos que sufrimos siempre. Eso es lo que le dio impulso a la gente, porque acá es muy difícil que el ciudadano se manifieste: hay más empleados públicos que privados”, dice Alejandra, docente de 29 años y una de las referentes del grupo “Formosa libre”. Todos tienen razón: no hay otra provincia como Formosa.

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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