Viernes 7 de octubre, 2022

POLíTICA | 08-03-2022 14:31

Cómo sigue el boicot de Máximo Kirchner a Alberto Fernández

No estuvo en la apertura de las sesiones y planea votar en contra del acuerdo con el FMI. Comunicación unificada con su madre, Cristina Kirchner, y La Cámpora.

Febrero fue intenso para Máximo Kirchner. Arrancó el mes como ex presidente de bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados. El día anterior había enviado su renuncia para rechazar el acuerdo que se estaba firmando con el FMI. Al hijo de la vicepresidenta Cristina Kirchner le resulta inaceptable el nivel de ajuste que exige el Fondo para aceptar postergar el inicio de los pagos a 2026 y finalizar en 2034.

El futuro de Máximo más allá de la votación del proyecto que entró esta semana al Congreso es una incógnita. El hijo de Cristina Kirchner está intentando conseguir votos en contra o por lo menos abstenciones. De él se espera que vote en contra. Cuando esto suceda, quedará en evidencia que su renuncia a la presidencia del bloque no buscaba “facilitar” el tratamiento del proyecto al presidente Alberto Fernández como afirmó en su comunicado. Más bien, hasta ahora produjo un efecto contrario. La votación en Diputados atraviesa un fuerte debate, porque la oposición exige que el proyecto sea acompañado por el oficialismo. Si los propios no acompañan, ¿por qué lo harán los ajenos? 

El flamante diputado Leandro Santoro, amigo personal de Alberto Fernández, afirmó que le gustaría votar como Máximo, dando a entender que Máximo votará distinto que él. Santoro votará a favor. 

En el Senado la situación es también compleja. El presidente del bloque oficialista, José Mayans, ya avisó que primero quería ver los números antes de tomar una decisión. Como se sabe, Mayans no da un paso sin consultar a Cristina, la vicepresidente, como la llama él. Ella lo corrige todas las veces. “Vicepresidenta, ta, ta”, le dice.

Ausente

Desde que Máximo renunció tuvo apenas tres apariciones públicas. Primero se fotografió con el intendente de Benito Juárez, luego participó de un encuentro con dirigentes del PJ bonaerense y por último visitó la ciudad de Comodoro Rivadavia para su cumpleaños junto con el ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. A la apertura de sesiones ordinarias no fue, porque decidió viajar a Santa Cruz para asistir al inicio del ciclo lectivo de sus hijos en vez de escuchar al Presidente. La excusa esgrimida es insólita.

Máximo Kirchner regresó a la Ciudad de Buenos Aires el jueves 3 de marzo pasado el mediodía en un vuelo del Tango 11, junto con su madre. Cristina Kirchner había viajado el 1 de marzo luego de finalizada la apertura de sesiones ordinarias. Tras dejar el Congreso, la vicepresidenta viajó desde Aeroparque y llegó alrededor de las 20 del mismo día. Según informó el portal Opi Santa Cruz, Máximo fue acompañado al aeropuerto por Matías Bezi, un amigo de la infancia que hoy es gerente de Asuntos Externos Regional Sur de YPF y además es administrador de los bienes de la familia Kirchner. Así se lo informaron a la Justicia.

El regreso de Máximo a la Capital sucedió el mismo día que Sergio Massa repartió, en el Congreso, una copia del acuerdo con el FMI entre los diputados para que el tema sea tratado lo antes posible en el Congreso. Ya se especula cómo será la actuación del hijo de la vicepresidenta en esa votación. ¿Hablará? En el albertismo esperan que no. 

El 16 de febrero, Máximo cumplió 45 años. El 19, Cristina cumplió 69. Y el 25 se cumplieron 72 años del natalicio de Néstor Kirchner. Todos esos aniversarios se celebraron con fotos y videos desde las redes sociales de la agrupación La Cámpora, cuya comunicación está centralizada junto con las de la vicepresidenta y su hijo. Bajo esta premisa, y ante la falta de declaraciones de Cristina y Máximo Kirchner, resulta interesante la edición discursiva de los videos. Si se miran con el prisma de la actual discusión con el FMI, se trasluce con claridad cuál es el pensamiento de CFK y Máximo: rechazo total.

La preocupación del hijo de la vicepresidenta no es solo que el préstamo del FMI no se vio reflejado en una mejora de la infraestructura o inversión en el sector energético. Sino que, ahora, acordar con ellos implique castigar a los sectores de menores ingresos que son su masa electoral. 

Cuestión de piel

Máximo y el Presidente nunca tuvieron feeling. En una reciente nota del sitio El Cohete a la Luna, Horacio Verbitsky contó lo que el hijo de CFK le dijo a Alberto poco antes de que se empezara a cerrar el acuerdo con el Fondo. “Te aclaro que yo no estuve de acuerdo con tu candidatura, así como tampoco lo estoy con esta negociación”, le espetó. Máximo cree que Alberto destrata a su madre, que tuvo la generosidad de impulsarlo a la Presidencia. Y Alberto, por el contrario, considera que la vice y su hijo no pararon de boicotearlo desde que asumió el poder. Las cartas públicas de ella y la última de él, con su renuncia, esmerilaron la imagen del primer mandatario. 

A diferencia de su madre, Máximo no se tragó en silencio el acuerdo con el FMI y pateó el tablero. Según Alberto, Kirchner junior le habría dicho que CFK no estaba de acuerdo con su renuncia, un dato que ella no confirmó ni desmintió hasta ahora. Según allegados a la vicepresidenta, ella le hizo saber a Alberto, cuando hablaron por teléfono, que no compartía las condiciones del acuerdo con el Fondo. Como él se plantó -porque la opción, sostenía, era ir al default-, ella terminó cortando de mala manera: “Hacé lo que quieras”, es la frase que le atribuyen. 

En la Casa Rosada creen que su silencio posterior fue un gesto para preservar la gobernabilidad después de que ya Máximo presentara su renuncia. 

Dale gas

Máximo decidió no apoyar el acuerdo con el FMI porque el ministro Martín Guzmán no pudo conseguir los beneficios que les había prometido: más plazo, menos tasa, sin revisiones trimestrales y con metas de reducción de déficit más blandas para 2022 y 2023. Un punto relevante es el aumento de tarifas sobre todo en el área energética, un tema de especial sensibilidad para el kirchnerismo que maneja esa área a través del subsecretario de Energía, Federico Basualdo. Por estos días surgió una novedad que encendió todas las alarmas. La guerra en Ucrania disparó el precio del GNL (Gas Natural Licuado) que el año pasado se compró a alrededor de 8 dólares por millón de BTU, la unidad en que se mide el GNL, y que por estos días está alrededor de 55 dólares. Es decir que aumentó 600%, pero el problema no es solo el costo del gas, sino el stock. Los países europeos, ante la posibilidad de faltante de gas ruso por la guerra, decidieron salir a comprar todo lo que había en el mercado y se prevé que suceda un fenómeno similar a lo que pasó con las vacunas contra el Covid: primero se proveerán los países centrales y el resto comprará lo que pueda. En el Gobierno tenían previsto comprar 60 barcos para el invierno de este año y ya están pensando en que no los tendrán. A Máximo también le preocupa esto.

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Rodis Recalt

Rodis Recalt

Periodista de política y columnista de Radio Perfil.

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