Wednesday 17 de April, 2024

POLíTICA | 23-01-2024 15:46

Martín Menem y Guillermo Francos, con licencia para negociar

Son los reponsables de que la oposición apruebe la Ley Ómnibus en el Congreso. Cómo lidian con la dureza de Milei. División de tareas.

La negociación por conseguir el dictamen favorable para tratar la Ley Ómnibus en la Cámara de Diputados era furiosa. El mensaje que hacía público el Gobierno metía presión para que saliera lo antes posible, que la necesitan imperiosamente para gobernar. Pero el presidente del cuerpo, Martín Menem, bajó los decibeles ante los legisladores: “Vamos a respetar los tiempos”, les dijo.

En medio de un Gobierno que se muestra intransigente, con un Presidente que no cede con su postura ni siquiera ante una cumbre internacional, son pocos los que tienen licencia para negociar. Uno es Menem, en el Congreso; el otro es Guillermo Francos, el ministro del Interior, desde la Casa Rosada y ante los gobernadores. No mucho más. Son de los pocos que se animan a dejar caer un poco el brazo en la pulseada furiosa que inició Javier Milei.

Pactos.

Para Menem es su primera experiencia en la Cámara baja, por eso todo le cuesta más, sobre todo cuando, en medio del operativo seducción a los diputados, escuchaba las declaraciones de Milei. “La lentitud que le ponen los legisladores al debate del DNU es porque buscan coimas”, sentenció públicamente el Presidente y generó la ofensa de la oposición. Y agregó en una entrevista en LN+: “A esos que les gusta tanto la discusión, que discuten hasta la coma, están buscando coimas. Esto apunta contra los corruptos, esa dinámica para vender sus votos. Ojo que hay mucho vivillo dando vuelta”. Menem sintió que se daban un tiro en los pies.

El radical Rodrigo de Loredo le salió al cruce: “O conocés hechos que no estás denunciando, o denunciás hechos que no conocés”, le respondió. El tema quedó flotando en el aire.

De todas maneras, Menem consiguió sentar a gran parte de la oposición, los más moderados, en su despacho. Allí repasaron, de a uno, el articulado de la Ley Ómnibus, para saber dónde están más cerca y dónde hay mayores diferencias para retocar el proyecto, lo que finalmente se dio a conocer el lunes 22. Legisladores del PRO, de la UCR y de Hacemos Coalición Federal -de Pichetto, la Coalición Cívica y otros más- le marcaron la cancha sobre todo en el tema de las delegaciones de facultades al Ejecutivo. La Libertad Avanza necesita de todos ellos para que la ley prospere.

La otra figura clave para la negociación es la del ministro del Interior. Francos es el encargado de mantener la paz con los gobernadores. Escucha los reclamos, intercede y hace lo que puede ante la catarata de quejas que le presentan desde las provincias. El lunes, por ejemplo, debió organizar una reunión de último momento con los mandatarios de Juntos por el Cambio para contenerlos: habían estallado por el tema Ganancias y retenciones.

La semana anterior, por ejemplo, convenció a un mandatario provincial de que lo fuera a ver a Casa Rosada para pedirle ayuda con sus legisladores. Primero escuchó a sus cuadros técnicos y minutos después se sumó el protagonista: furioso, le dijo que no se podía ir de ahí sin una respuesta a sus necesidades más importantes, que caminara los metros que lo separan del despacho de Milei para solucionarlo en ese momento. Pero el ministro lo frenó: “Es que no voy a hablar con el Presidente hasta dentro de unos días”, lo sorprendió. Él puede prestar el oído, aceptar que tienen razón en lo que le reclaman, pero sabe que más arriba hay un paredón infranqueable que se llama Milei y que las cosas se hacen a su manera. Hace equilibrio entre las dos posturas.

En acción.

Así como el despacho de Menem tiene la puerta abierta para sentar e intentar seducir a cualquier diputado, por la oficina de Francos desfilan gobernadores, intendentes y legisladores. El histórico dirigente les comentaba qué parte de la Ley Ómnibus no podía sufrir modificaciones y cuál sí. La reforma electoral, por ejemplo, fue negociable. “Si no están los votos, eso no nos va a trabar el tratamiento de la ley”, les confesó a sus interlocutores. Finalmente, quedó afuera.

Cuando le presentan reclamos sobre los dichos de Milei contra el Congreso, Francos suelta una respuesta que ya tiene ensayada: “Es que él es muy vehemente”, dice. Y exagera con una comparación histórica: “Argentina tuvo presidentes vehementes, como Sarmiento. A veces hace falta tener esa personalidad por más que moleste”.

A pesar de tener la anuencia de Milei para negociar, a Menem y Francos se les complica cuando tienen que elevar los reclamos. El mecanismo no está aceitado. Por un lado, escuchan cómo los funcionarios les tiran la bronca a sus interlocutores, lo que traba los acuerdos, y por otro ven cómo el entorno del Presidente les cierra la puerta cuando le hablan de ceder.

En medio del viaje de Milei a Davos, Santiago Caputo visitó el despacho de Menem. Escuchó con atención la conclusión a la que llegó el presidente de la Cámara: para someter la ley a debate en el recinto, había que modificar capítulos que el Gobierno no pensaba retocar. No se fue conforme, aunque finalmente a su regreso el Presidente autorizó algunos cambios. No los suficientes. Es la difícil tarea de los negociadores de Milei: no sólo se les enojan los ajenos, sino también los propios.

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Carlos Claá

Carlos Claá

Periodista político

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