Monday 6 de April, 2026

POLíTICA | Hoy 16:17

Milei homofóbico contra el periodista Ariel Lijalad: "Solo la puntita..."

En su cuenta personal de X, el presidente apuntó contra el periodista de El Destape.

En las redes sociales del portal de  La Derecha Diario se dio a conocer la siguiente noticia sobre el presidente Javier Milei. El medio digital tituló: "Sólo la puntita...": El presidente Javier Milei humilló al periodista ultrakirchnerista Ariel Lijalad de El Destape —uno de los medios acusados de recibir financiamiento ruso— luego de que un usuario afirmó que se comió "una poronga de dos metros".En la publicación se observa cuando el mandatario comparte el tuit del usuario Acosta con la agresiva frase y la cuestionada acotación del Jefe de Estado en el mensaje.

La difusión de una supuesta red de periodistas financiados por Rusia en la Argentina se originó a partir de una investigación internacional basada en documentos filtrados que describen una operación de influencia atribuida a estructuras vinculadas al Kremlin, pero cuyo alcance real y responsabilidades concretas dentro del ecosistema mediático local continúan siendo objeto de disputa política y análisis judicial.

Javier Milei

Según esos documentos, analizados por un consorcio de medios internacionales y organizaciones de investigación, una estructura conocida como “La Compañía” —señalada como heredera de dispositivos de inteligencia rusos— habría desplegado en 2024 una campaña de desinformación orientada a desacreditar al gobierno de Javier Milei. La operatoria incluyó la producción y distribución de al menos 250 artículos publicados entre junio y octubre de ese año en más de 20 medios digitales argentinos, con un presupuesto estimado en unos 283.000 dólares. 

El mecanismo, según surge de la filtración, combinaba contenidos verdaderos con otros falsos o distorsionados, utilización de firmas inexistentes o identidades apócrifas y, en algunos casos, provisión gratuita de artículos a medios que desconocían su origen. La estrategia apuntaba a amplificar tensiones internas, erosionar la imagen presidencial, influir en la agenda pública y cuestionar el alineamiento internacional de la Argentina, particularmente su postura frente a la guerra en Ucrania. 

El gobierno argentino tomó estos hallazgos y los utilizó como argumento político para denunciar la existencia de una red de influencia extranjera en el sistema mediático local. Desde la Casa Rosada se sostuvo que la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) ya había detectado estas maniobras en 2025 y que el caso fue puesto en conocimiento de la Justicia. En ese marco, funcionarios y voceros oficialistas sugirieron que determinados medios y periodistas habrían sido funcionales —consciente o inconscientemente— a esa operatoria.

Vladimir Putin

Sin embargo, la propia investigación periodística introduce matices relevantes que relativizan esa interpretación. Los documentos no prueban de manera concluyente que los medios o periodistas identificados hayan recibido pagos directos ni que hayan actuado con conocimiento del origen de los contenidos. De hecho, la mayoría de los medios mencionados negó haber cobrado dinero o haber tenido vínculo alguno con agentes rusos, señalando que los artículos fueron recibidos como colaboraciones externas sin información sobre su procedencia. 

Javier Milei

En ese contexto, el nombre del periodista Ariel Lijalad circuló en el debate público impulsado principalmente desde sectores políticos y mediáticos afines al oficialismo, pero no aparece en los documentos filtrados como receptor de dinero ni como parte identificada de la red. No hay evidencia en las investigaciones citadas que lo señale individualmente como financiado por Rusia; la referencia se limita a su pertenencia a un medio mencionado dentro del universo de publicaciones analizadas.

La trama, en definitiva, muestra una superposición de planos: por un lado, una operación de influencia extranjera documentada con cierto grado de detalle en términos de metodología y financiamiento global; por otro, una utilización política de esa información por parte del gobierno para cuestionar a medios críticos. Entre ambos niveles persiste una zona gris donde no se ha probado judicialmente que periodistas concretos hayan recibido pagos ni actuado como agentes deliberados de una estrategia extranjera. 

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