Domingo 12 de julio, 2020

POLíTICA | 09-05-2020 00:38

Sergio Massa, el "Carrió" de Alberto Fernández

Sus diferencias “útiles” con el Gobierno neutralizan las críticas del macrismo y la UCR. Estilo personalista y sesión virtual.

El día 40 de aislamiento obligatorio, Sergio Massa cenó tarta de verdura y brindó con pomelo en su casa de Tigre, donde Malena Galmarini, los dos hijos de ambos y sus padres por videoconferencia lo esperaron para festejar. El motivo del brindis fue su cumpleaños 48. Pero el presidente de la Cámara de Diputados tiene más razones para celebrar: después de semanas de negociaciones por videoconferencia, consiguió acordar con la oposición para sesionar de forma virtual y habló con Cristina Kirchner y Alberto Fernández en son de paz pese a haber criticado públicamente varias iniciativas oficiales. En el peor momento del país, se siente libre de desplegar su estilo personalista que irrita a propios y ajenos. Habilitado para marcar diferencias al interior del Gobierno. Y hasta encargado de ese rol de “opositor” dentro de la coalición.

Juego propio. Así como a Alberto Fernández el coronavirus le dio un motivo para cerrar momentáneamente la grieta y subir su imagen positiva a cerca del 80 por ciento, Massa encontró en el cierre del Congreso un lugar desde donde ser protagonista y comentar proyectos oficiales como si fuera un opositor. Encerrado doce horas por día en su despacho, logró absorber la agenda de reclamos de Juntos por el Cambio, dejar en offside a varios diputados y hasta contentar a sectores sociales molestos por las iniciativas para liberar presos o cobrar impuestos a los más ricos.

El primer retruco lo cantó cuando un sector del macrismo pidió bajar los sueldos políticos para pagarle a los médicos. La idea, que se expresó en cacerolazos, fue tildada de “demagógica” e “hipócrita” por el Presidente y todo el oficialismo se alineó detrás. Pero Massa contradijo a Alberto y redobló la apuesta con un recorte del 40 por ciento del gasto de Diputados. “Después de esa decisión de Sergio, desaparecieron los cacerolazos”, destacan victoriosos en su oficina.

La segunda escena surgió cuando se conoció la existencia de un proyecto de CFK y Máximo Kirchner para cobrar un impuesto a las grandes fortunas. En reuniones y charlas privadas, el presidente de la Cámara se encargó de llevar tranquilidad a los posibles afectados al decir que el proyecto sólo era un comentario y que su intención es que el avance tributario forme parte de una idea más amplia. Y así ganar tiempo para otra redacción. En esa línea, el día de su cumpleaños almorzó con el ministro de Economía, Martín Guzmán, quien trabaja con el bloque del Frente de Todos en un paquete de medidas que llegaría al Congreso a mediados de mayo.

Sergio Massa

Su tercera crítica al Gobierno surgió la última semana, cuando el líder del Frente Renovador cuestionó la liberación masiva de presos. Para llevar tranquilidad de las víctimas y apaciguar los ánimos, avisó que los jueces que dieran esos permisos podrían sufrir juicios políticos. Su intervención se dio pocos días después del escándalo desatado tras la decisión del secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, de pedir la excarcelación del ex ministro de Transporte Ricardo Jaime, que fue avalada por el Presidente.

La seguidilla de críticas internas del jefe de Diputados derivó en una comparación con Elisa Carrió, quien durante los cuatro años de gobierno de Mauricio Macri jugó el rol de opositora interna. A Massa la comparación no le disgusta. Un poco lo enorgullece porque le permite mantenerse apegado a las consignas con las que se manejó cuando intentó caminar por la ancha avenida del medio y conservar las adhesiones que aportó a la coalición. Al resto de los aliados, esa lectura de las diferencias también les queda cómoda: dicen que todo es parte de un plan aunque hacia adentro la convivencia sea inmanejable.

Equilibrio. Quienes conocen de cerca el vínculo entre los socios aseguran que la relación entre Massa y Cristina atraviesa un buen momento, producto de haber aprendido del pasado. También Máximo está en buena sintonía. “Estamos trabajando juntos, como siempre”, reafirman desde el entorno de CFK, quien sin embargo detesta al tigrense desde que trascendió en los cables de WikiLeaks que él la trataba de “sometida” y a Kirchner de “psicópata” en sus charlas reservadas con los diplomáticos norteamericanos.

Con Alberto no hay tanto que discutir. Se conocen de memoria y afianzaron la relación cuando trabajaron juntos para que Massa llegara a la Casa Rosada. Entonces ambos peleaban contra Cristina.

La base actual del acuerdo para que cada uno diga lo que quiera pasa por no romper el equilibrio institucional. Cada uno en lo suyo y todos contentos.

Pero las diferencias son históricas y nadie sabe cuándo pueden volver a irritar. “Todos conocemos a esta altura cómo es Massa y su enorme ambición personal, pero ahora sus actitudes personalistas no molestan porque está jugando bien”, reflexiona un funcionario que conoce de cerca al mundo K y el naciente albertismo.

El personalismo del que se quejan en la alianza de Gobierno es el mismo que exaspera a los opositores. Uno de los más enojados con el presidente de Diputados es el jefe del bloque radical Mario Negri, quien no le perdona haber mostrado las diferencias entre su discurso público, a favor de las sesiones presenciales, y el privado, a favor de las virtuales.

La contradicción de Negri fue expuesta a través de un video grabado por el circuito de TV de Diputados en el que se escucha al cordobés avalar las sesiones virtuales que Massa promovió desde el inicio del aislamiento. Enfurecido por la maniobra, Negri manejó su propio auto para sumarse a la “Travesía de la democracia” a la que se subieron legisladores de distintos puntos del país para denunciar un supuesto cierre del Congreso. Pero la movida opositora tampoco prosperó y cosechó críticas hasta de sus aliados, como el jefe de la bancada PRO, Cristian Ritondo, y el senador radical Martín Lousteau, que rechazaron la acción en momentos en que el clima dentro de Juntos por el Cambio se tensa cada vez más.

La forma de conducir la Cámara que ejerce Massa genera rispideces en distintos espacios. El diputado lavagnista Alejandro “Topo” Rodríguez lo tildó de “irresponsable” y “desaforado” por sumar apoyos personales. “Ya es una costumbre en Massa. Sus actitudes ilustran la distancia perfecta entre un estadista y un chiquilín. Por eso la sociedad no confía en él”, le dijo a Perfil.com después de que Massa interpretara como un apoyo personal el pedido de sesión virtual firmado por 26 diputados de distintos bloques.

Sergio Massa

Tecnológico. Las negociaciones para sesionar por videoconferencia empezaron con la cuarentena, cuando Massa restringió la circulación en Diputados, habilitó las comisiones virtuales y le prometió al Presidente: “En la cancha de Racing, en la de Tigre, en el Congreso o por teleconferencia, yo estoy para sesionar”.

Entonces, le encomendó al secretario general de la Cámara Juan Manuel Cheppi el desarrollo de una red privada virtual para poder sesionar, que ya está lista para ser usada. El sistema incluye un convenio con el Registro Nacional de las Personas para validar la identidad de los diputados con un simple movimiento de cara y otro acuerdo con Arsat para proteger en la nube la información que circule en esas sesiones.

Además de esa app propia, cada diputada y diputado deberá instalar en su computadora el servicio de videoconferencia WebEx, de la empresa estadounidense Cisco. El servicio es similar a la popular aplicación Zoom, pero está encriptado y es menos susceptible a los hackeos. Massa ya lo probó en una reunión de cuatro horas con 250 dirigentes del Frente Renovador de todo el país. Quienes formaron parte del encuentro aseguran que no se cayó en ningún momento y que permitió ordenar el uso de la palabra sin inconvenientes, un tema que preocupa a los legisladores acostumbrados a poder pararse en sus bancas y caminar hasta el estrado a quejarse si hiciera falta.

Si el protocolo para sesionar virtualmente avanza en comisiones y finalmente se adhiere al reglamento de la Cámara, como acordaron los jefes de bancadas, la primera sesión remota de la historia argentina sucederá a principios de mayo. Lo más probable es que las autoridades estén en el recinto y el resto del cuerpo legislativo desparramado por todo el país, en sus casas o en las legislaturas provinciales, para evitar problemas con la conexión a Internet.

La situación es similar en el Senado, donde CFK se resguardó con un aval de la Corte Suprema para hacer cambios en el reglamento y avanza en la misma línea que Massa. Aunque callada y sin tanto show.

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Daniela Gian

Daniela Gian

Periodista de política.

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