Las peleas entre el Presidente y su vice se han convertido en un clásico gastado de la política argentina de los últimos años. A los que les toca hoy protagonizar esa trifulca es a Javier Milei y Victoria Villarruel, quienes no solo se quitaron el saludo sino que incluso podrían encabezar boletas distintas en las elecciones del 2027. No solamente eso: Villarruel acaba de cruzar una peligrosa línea roja al poner en duda, en público y por primera vez, la idoneidad psiquiátrica del líder libertario para ejercer su cargo. La vice respondió a un reposteo en las redes de Milei -que la señalaba a ella como parte de una conspiración- con el siguiente mensaje fulminante: “Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”. Un país en el que la máxima autoridad política y quien le sigue en la línea de sucesión hablan en esos términos no da garantías de estabilidad institucional.
La maldición de los vices tiene antecedentes frondosos. En el gobierno anterior, las constantes trifulcas entre Alberto Fernández y la vice que lo eligió a dedo, Cristina Kirchner, desgastaron al ex presidente y lo vaciaron de poder, al punto de que ni siquiera pudo aspirar a la reelección. Más allá en el tiempo, CFK también sufrió el fuego amigo de Julio Cobos, quien con su “voto no positivo” en la guerra contra el campo le infligió la peor derrota que recuerde aquella gestión. Tampoco le fue mejor a Cristina con Amado Boudou, quien fue marginado después del escándalo de la imprenta Ciccone y dañó la imagen de la jefa. Y si nos remontamos a los tiempos de la Alianza, la renuncia de “Chacho” Álvarez -para diferenciarse de Fernando de la Rúa en medio del affaire de las coimas del Senado- significó también un duro golpe para aquella administración en la antesala del estallido del 2001. Y eso sin contar las intrigas entre Néstor Kirchner y Daniel Scioli por los gestos de independencia del segundo, o la sorda interna entre Carlos Menem y su primer vice, Eduardo Duhalde.
El Presidente y su vice están obligados a convivir en armonía. La salud de la democracia depende de eso.














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