Viernes 19 de agosto, 2022

SHOWBIZ | 25-06-2022 11:56

Borgen y las series del postfeminismo

La serie que anticipó la era de liderazgos femeninos, plantea una remirada a la sororidad y el poder.

La nueva temporada de “Borgen”, la exitosa ficción política sobre la primera mujer Primera Ministra de Dinamarca, inicia con Birgitte Nyborg en la fiesta de cumpleaños de su hijo, donde deja la mesa para lavar los platos mientras charla con su ex marido. Una escena íntima en la que, en temporadas pasadas, la protagonista habría terminado huyendo, apremiada por su agenda, pero sintiéndose culpable.

A pesar de toda su agenda política, “Borgen” siempre trató, en esencia, sobre la doble exigencia a la que se enfrentan las mujeres cuando intentan equilibrar sus obligaciones profesionales con las necesidades familiares y de pareja. Esta vez también, Birgitte apenas tiene tiempo de secar el último plato antes de correr a la oficina. Pero ya no siente culpa. “Estoy tan feliz”, le confiesa a su ex, “de no tener que disculparme por trabajar tanto”.

Cuando su cuarta temporada estrenó en Netflix este junio, casi 10 años han pasado desde que la televisión danesa transmitió lo que iba a ser el final de “Borgen”. Y en esa década, mucho ha cambiado. El inmenso peso de redes sociales, el cambio climático apremiante, el populismo globalizado y hasta una nueva guerra. El mundo se ha convertido en un lugar más oscuro, y el programa, que supo adelantarse a muchos de estos eventos de la vida real, lo refleja nuevamente con mirada atinada.

Gran parte de la trama de esta “Borgen: reino, poder y gloria”, gira en torno a la crisis multifacética que se desarrolla cuando se descubre petróleo en Groenlandia, una región autónoma de Dinamarca, cuyos valiosos recursos naturales, tanto en el programa como en la vida real, son objeto de una intensa lucha geopolítica entre Estados Unidos, China y Rusia. El gigantesco paño de hielo se debate entre la ecología y el lado oscuro que encarna la industria petrolera que aportaría una salida para su postergada independencia.

Borgen y El Diablo viste a la moda

Pero el cambio más grande lo encarna Birgitte, que acompaña ese giro al lado oscuro en la representación que el programa realiza de las mujeres consumadas. Ya no es jefa de estado, sino ministra de Relaciones Exteriores de Dinamarca, sus hijos crecieron y no tiene un esposo que cuidar. El contrapunto: una necesidad manifiesta de aferrarse al poder a toda costa (en una versión danesa de Jed Bartlett de “The West Wing”) en la que abandona valores en favor de la conveniencia, traiciona a aliados e incluso a miembros de la familia; y socava a cualquiera que perciba como una amenaza, lo cual en este caso, pasan a ser una gran mayoría de mujeres.

Para los espectadores, acostumbrados a ver a Birgitte Nyborg como un ícono feminista, la transformación puede generar disonancia cognitiva. Pero en su descripción de mujeres poderosas que se comportan tan mal como los hombres, ¿llega Borgen a una nueva versión posfeminista de la verdadera igualdad? ¿O sucumbe a una visión más antigua y misógina de las mujeres en el poder?

Prejuicio que reflejan films desde “Secretaria ejecutiva” (1988), donde Sigourney Weaver se aprovecha de las ideas de Melanie Griffith; hasta “El diablo viste a la moda” (2006), en la que Meryl Streep es la editora de una importante revista femenina (personaje basado en Anna Wintour, mandamás de Vogue), una jefa que destrata a sus asistentes, editores y periodistas. Ficciones en las que las mujeres no mueren codo a codo como en “Thelma y Louise” (1991), el film que es ícono de la sororidad.

Una década atrás, el documental “Miss Representation” (2011), dirigido por Jennifer Siebel (actual primera dama de California: su marido Gavin Newsom es un aspirante a la Casa Blanca entre los demócratas), denunciaba la falta de roles positivos de mujeres en el poder: Jane Fonda, Madonna, Tina Fey, Rosario Dawson y Geena Davis, entre otras muchas estrellas, políticas y periodistas, reclamaban más heroínas amables. Pero en el cine actual, ni los superhéroes masculinos son infalibles.

Borgen y El Diablo viste a la moda

En 2018, la cineasta Eléonore Pourriat presentaba en “No soy un hombre fácil” (éxito en Netflix) a un machista recalcitrante que despierta en un mundo del revés donde las mujeres dominan. Una reversión de su corto de 2016, “Mayoría oprimida”, en la que un hombre es abusado por mujeres, y nadie, ni siquiera su esposa, lo contiene. Ambos films denunciaban por contraste los abusos de poder en una sociedad machista. Y el poder siempre corrompe.

Post era

“Borgen: reino, poder y gloria” busca según sus creadores, pasar la página. La serie que ha predicho un cambio social y político real, marca su intento por escapar a la representación de las mujeres, entre los polos de la idealización y la demonización. Cuando se estrenó en 2010, nadie esperaba que “Borgen”, con su enfoque nerd sobre las complejidades de la política de coalición escandinava, se convirtiera en un éxito mundial. Que lo haya hecho (la serie se distribuyó en 70 países) se debe en parte a la interpretación de Sidse Babett Knudsen, encarnando a una política idealista que se saltaba a la primera línea.

“Aunque era muy profesional, su vulnerabilidad estuvo presente en todo momento”, marca Adam Price, el creador y coguionista del programa. “En el primer episodio, antes de su primer discurso, reconoce: ‘Estoy usando el vestido completamente equivocado para esta ocasión. Pero la cuestión es que engordé demasiado para el traje de negocios que debería haber estado usando’. Cuando lo escribimos nos dimos cuenta que eso era los que la gente quería, las cosas reales”.

“Recibía cartas de personas que se inspiraron en esta mujer”, suma Knudsen. “Me escribían los soldados estadounidenses, para decirme que era muy bueno que haya un político en un país pequeño y extraño que está haciendo las cosas bien”, ríe la actriz, reconociendo la confusión del público de la realidad con la ficción.

Un año después del debut de “Borgen” en DR, la emisora ​​pública danesa, Dinamarca eligió a su primera mujer como primera ministra: Helle Thorning-Schmidt. Y seguirían  Islandia, Suecia, Finlandia y Estonia: todas lideresas. Y si bien sería exagerado sugerir que “Borgen” influyó en el voto danés, también es cierto que un programa visto todos los domingos por 1,5 millones, es decir, 1 de cada 4 personas, bien pudo haber dado formateado al entorno en el que se llevaron a cabo las elecciones.

Borgen: Reino, porder y gloria

En la cuarta temporada del show, como en la vida, el liderazgo femenino ya no es la novedad que era. Aunque la nueva primera ministra ahora etiqueta sus publicaciones en las redes sociales con #thefutureisfemale, también lo es el presente. Y sin embargo, el presente se parece bastante al pasado: el conflicto entre las dos mujeres es una tensión principal en el espectáculo.

Y las mujeres también pelean en la sala de redacción del principal noticiero, otra trama importante del programa: la ex reportera y asesora de Birgitte, Katrine (Birgitte Hjort Sørensen), se ha convertido en jefa de noticias. Y rápidamente se encuentra en conflicto con una colega más joven y queer, que la estrella en el asedio de las redes. “No logra ejercer liderazgo y sucumbe a la presión de una tormenta de descalificaciones”, reconoce Sørensen.

Katrine, como Birgitte, se corren del rol de madres, pero finalmente trastabillan emocionalmente cuando sus hijos les pasan factura (no así sus parejas, visiblemente deconstruídas). Un aspecto que la crítica feminista le reclama a la nueva temporada, aunque no por ello menos real: probablemente los hijos siempre demanden, discusión actual en la que se reniega de la maternidad en oposición a la coronación personal.

Aludida, la primera ministra danesa Helle Thorning-Schmidt, concluyó tras ver la serie: “Creo que es muy importante en un sentido feminista que no pretendamos que las mujeres tengan que ser perfectas. También es interesante mostrar a alguien que se pierde. Porque eso es parte de la condición humana”.

 

por R.N.

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