La pantalla chica sabe que las largas y tediosas entregas de premios no seducen a la audiencia, aun así, los “Pinti” de AADET lograron una transmisión en el codiciado prime time de la televisión abierta.
Lo que nació con la evidente ambición de convertirse en la gran celebración del teatro comercial argentino, prometía la presencia ante cámaras de los más importantes rostros del espectáculo local. Así, estuvieron los homenajeados Guillermo Francella y Moria Casán, y entregaron galardones (una fea estatuilla que parece una teja) Arturo Puig, Cecilia Roth, Adrián Suar y Soledad Villamil, entre otros.
La convocatoria honró el nombre de Enrique Pinti, figura irrepetible de la escena nacional, sinónimo de humor, inteligencia y la firme convicción de que los gobiernos pasan, pero los artistas quedan. Agustín Aristarán, conductor del evento, desafinó bastante en un pálido tributo, donde varios comediantes utilizaron fragmentos de sus encendidos monólogos.
La noche fue extensa y le faltaron emoción, entretenimiento y espectáculo. El gran ganador fue “Charlie y la fábrica de chocolate”, que obtuvo tres distinciones y ratificó que los musicales se han convertido en algunas de las propuestas más ambiciosas y convocantes del circuito comercial, aunque el jurado ignoró en los rubros principales al icónico “Billy Elliot”, uno de los más logrados del género. La propia ceremonia reforzó esa idea con números en vivo de distintos títulos, pero sin la orquesta, el vestuario y la caracterización que se ven en escena. Algo insólito al estar en el mayor escenario del país. Con el premio del público para “Annie”, quedó sellado el amplio reconocimiento que obtuvieron estas obras.
También ganó el unipersonal “Suavecita”, que nació lejos de la Avenida Corrientes, pero se trasladó a ella sin perder su identidad. Entre los reconocimientos, el más conmovedor fue el del gran actor Luis Brandoni, digno representante de una forma de entender la permanencia en una actividad atravesada por la incertidumbre. A su turno, Francella sintetizó ese espíritu al recordar que el verdadero trofeo continúa siendo el afecto del público.
Con poco espacio para la polémica, el clima de corrección dominó la velada. Apenas algunos comentarios sobre la situación laboral de los actores y las palabras de Lorena Vega con su preocupación concreta al advertir sobre proyectos que afectan al libro y la lectura.
Con una duración que rozó las tres horas y media, no estuvo el breve fragmento In memoriam, que recuerda a quienes partieron. Esta primera edición mostró una comunidad que se reúne para agradecer, homenajear y recordarse a sí misma que el escenario es uno de los pocos rituales colectivos que resisten el paso del tiempo.
(***)














Comentarios