Costumbres / 29 de diciembre de 2011

Revival de Jorge Abelardo Ramos

El prócer menos pensado

Vida y obra del nuevo héroe del revisionismo K. Un insólito caso testigo que ilustra cómo el relato oficial reconstruye el pasado a su gusto.

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La situación no podía ser más oportuna. Primero de diciembre, Caracas, a pocas horas de la reunión inaugural de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), el sueño largamente acariciado por Hugo Chávez de crear una organización equivalente a la OEA, pero sin la participación de los países del Norte. En ese contexto, la obra de Jorge Abelardo Ramos adquiere un protagonismo inesperado. El mismo Chávez le lee fragmentos de su libro “Historia de la Nación Latinoamericana” a la presidenta Cristina Fernández, y ella le devuelve la gentileza contándole quién fue ese intelectual visionario que varias décadas atrás soñó con una patria común para Latinoamérica.

El libro, a Chávez, se lo regalaron dos argentinos en el año 2003, durante una visita a Buenos Aires. Pero lo más probable es que lo haya leído por primera vez en el 2011, en el momento en que la añorada CELAC comienza a transformarse en una realidad palpable. A través de la distancia y el tiempo, Ramos se hace presente en esa escena, para aportar lo suyo al andamiaje ideológico del proyecto que desveló al presidente venezolano durante años. Chávez también le da pie a Cristina para presentar la semblanza de uno de los próceres prominentes del altar kirchnerista. El rebelde trotskista, el soñador, el loco; el siempre desplazado de la izquierda, la derecha y el peronismo; rescatado de las aguas del olvido para alimentar la sustancia creativa del “relato”.

Biografía

Para muchos, Jorge Abelardo Ramos (1921-1994) fue una figura familiar de la política argentina durante décadas. Para los más jóvenes, un desconocido del que difícilmente hayan tenido noticia. Polemista brillante, agudo y con una erudición apabullante, el “Colorado” trazó una línea única en el abanico ideológico local, oponiéndose a la derecha desde un trotskismo de matriz nacionalista, y a la izquierda oficial, la del PC, la stalinista, criticándola por su estrechez de miras y su falta de comprensión del fenómeno latinoamericano.