Política / 20 de enero de 2012

Jorge Brito

Un amigo caído en desgracia

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Cómo contrarrestar el poder nocivo del “supersecretario” Guillermo Moreno sin dinamitar a la vez la relación con Cristina Fernández. Esa es la difícil ecuación que debe resolver el establishment local. Tal vez por eso, el banquero Jorge Brito, presidente del Grupo Macro, quiso que se lo tragara la Tierra cuando vio en los medios –sobre todo, los oficialistas– que su “habitual” e “inofensivo” asado anual con empresarios amigos, que pasan enero en Punta del Este, se tomaba como un cónclave “conspirativo”. “Es una fantasía que trata de ‘empiojar’ la buena relación con el Gobierno”, se defendió uno de los comensales invitado el sábado 14 a la chacra Mamá Ganso.

“Fue un encuentro de contención para no dejarse llevar por las provocaciones y encontrar así una vía de diálogo con el poder que por ahora está cerrada”, admite otro empresario conciliador. En las oficinas de Moreno, en cambio, no tienen problemas en confirmar –sin mayores datos– la supuesta trama conspirativa de algunos empresarios amigos ahora “caídos en desgracia”, según el lenguaje triunfalista del secretario todoterreno. Fue él el que hizo correr el rumor de que la corrida cambiaria de noviembre había sido alentada, entre otros banqueros y empresarios, por Brito, Enrique Cristofani –presidente del Santander Río– y Carlos Blaquier –de Ledesma– con propósitos “devaluacionistas”.

“Van a terminar presos”, se descargó el secretario ante un grupo de importadores. En su lista negra ya tiene agregados a Sebastián Eskenazi, CEO y gerente general de YPF, y a Cristiano Rattazzi, titular de FIAT en la Argentina. A uno lo apunta por supuestos sobreprecios en el gasoil mayorista que vende al transporte (y por el giro de divisas a la casa matriz en Madrid). Al empresario automotriz por “correrlo” con la difusión del cierre de su planta en Córdoba ante la falta de piezas importadas.