Sin categoría / 27 de diciembre de 2017

El mando de Macri: la frialdad del Ingeniero

Dureza en su semana más tensa. Ajuste, “gendarmeritis” y rosca con el peronismo. La explosión interna de la CGT. Favores de la izquierda y la visión de Durán Barba.

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19/12/2017 Mauricio Macri encabezó una reunión de gabinete en Casa Rosada Teniente Coronel de Artillería Sebastián Ignacio Ibáñez , Edecán Militar

La orden es precisa. Severa. Indiscutible. Si van a encender el aire acondicionado, que sea estrictamente necesario y jamás baje de 24 grados. Ahorrar, ahorrar, ahorrar…, esa es la cuestión central tras los considerables dividendos políticos de haber tirado toda la carne al asador durante un año y medio para ganar las elecciones parlamentarias de octubre pasado. En Mauricio Macri, la calentura típica de la sangre calabresa se compensa de sobra con la frialdad propia del ingeniero.

Martes 19 de diciembre. Fecha emblemática en el peor de los sentidos. La temperatura del Salón Blanco se hace notar en los sudores, en los ceños fruncidos, en la densidad absoluta del ambiente. Luego de tres batallas campales con heridos, detenidos y destrozos en pleno centro porteño, sólo una bien pensada impavidez puede explicar el inicio de una conferencia de prensa diciendo:

—Vivimos un clima de paz…

El Presidente lo hace y agrega:

—Hemos recuperado la herramienta del diálogo. Claro que se pueden mejorar las herramientas de comunicación. Nos ha ido bien en estos dos años, pero los cambios son muchos y generan incomodidad. Es cierto: muchos cambios aún la gente no los siente.

El alivio por haber impuesto el ajuste previsional en la Cámara de Diputados por 127 a 117 votos se pretende tajante, aunque suena escaso. El macrismo en pleno sabe que acaba de tomar su decisión menos marketinera. La más impopular, grita la oposición. La más antipática, corrigen en voz baja los oficialistas.

Apunta el ingeniero:

—Suavizamos el cambio de fórmula (para calcular las jubilaciones, pensiones y subsidios sociales) con el bono.

Nadie suaviza lo que no duele. Leve analgésico sin receta médica.

“El capital político está para gastarlo. La cuestión es no quemarlo todo de golpe: quedó clarísimo que quieren voltearnos, pero salimos fortalecidos”, susurra un ministro alineado en la certeza de que, una vez más, corremos el riesgo de perder cosas mucho más serias que unos pesos en determinados bolsillos.

Casi 10 años después de la sublevación del campo contra los K, vuelve una palabra temeraria: “destituyente”.

Concluye Macri:

—Dénse la oportunidad de pensar que esto va a funcionar, porque… va a funcionar.

Un poco de persecuta estimulada por la acción salvaje de grupos ultraviolentos, otro poco de fe porque “se puede” y vamos viendo.

Pericles, el gran maestro de la comunicación directa en el ágora, sostenía que “el odio a los atenienses es valioso pues demuestra su potencia”. Siglos después, Mao Tse-Tung decía que “ser atacados por el enemigo es una cosa buena”. Ahora, en su excelente libro “Paranoia, la locura que hace historia”, el afamado psicoanalista italiano Luigi Zoja lanza una advertencia: “El hecho de ser odiados, en vez de ser motivo de autocrítica, puede convertirse en prueba de que es justo odiar. (…) Apelar a la paranoia colectiva equivale a invertir capital en una especulación peligrosa. Se puede obtener un rédito rápido y desproporcionadamente alto con una pequeña inversión, lo cual requiere capacidad de cálculo, no verdadera inteligencia”.

En otras palabras: Macri, jefe constitucional de una Argentina fracturada hasta el desquicio donde poco importan las razones y demasiado quién gana por al menos un gol, puede darse el lujo de usufructuar (y hasta gozar) el rol de villano que le asignan sus dispersos y desprestigiados rivales.

El Señor Frío no se rinde. Hace cuentas. Mide. Calcula. Y, aun cascoteado, va por más. El número mágico es 2019. El peor momento. Fue una cadena de desatinos.

El primero se le achaca al vicejefe de Gabinete, Mario “Farmacity” Quintana. En la interna de la Casa Rosada se le adjudica el haber despreciado el impacto negativo que tendría sobre las cuentas previsionales la “reparación histórica a los jubilados”, bandera de campaña si las hubo durante más de un año.

El segundo fue adelantar de sopetón para el jueves 14 la sesión en Diputados. El Presidente, Marcos Peña y Rogelio Frigerio se confiaron en que el pacto con los gobernadores, la CGT y el peronismo parlamentario bastaba para una sesión exprés sin demasiados sobresaltos. Por primera vez, desoyeron las encuestas: el 70% se mostraba contrario a la medida.

El tercero involucró a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. El pico máximo de “gendarmeritis” oficial resultó un boomerang sangriento que espantó al coro de periodistas más proístas que el PRO y a votantes de Macri en las redes sociales.

El cuarto desatino quedó en amague. Entre la noche aún humeante del jueves y el mediodía del viernes, voceros gubernamentales de todo pelaje aseguraban que nada más faltaba la firma presidencial para sacar la reforma por decreto. Se veían venir horas aciagas. Hasta Elisa Carrió, fundamental para levantar la sesión bajo la promesa de que se incluiría un “bono compensatorio” en el proyecto, saltó como leche hervida contra la Opción DNU. Sólo un ministro le confesó a este periodista: “Es humo, tranquilo. La idea es forzar el rearmado de los acuerdos con el mensaje de que, si están locos, Macri está loco y medio y que se arreglen. Se llama ganar tiempo sin bajarse los lompas. Hay que calmar los ánimos”.

Quedaba por delante un fin de semana intenso. Frigerio avanzó hacia los gobernadores, comprometiéndolos a viajar a Buenos Aires para avalar la nueva sesión. Peña controló que Emilio Monzó y Nicolás Massot avanzaran a destajo sobre los diputados dubitativos, mientras sumaba al comité de crisis a Horacio Rodríguez Larreta y a Martín Ocampo, ministro de Seguridad de CABA. Ya habían decidido junto a Bullrich que la Gendarmería quedaría out el lunes 18, cuando la jueza Patricia López Vergara les dio la coartada perfecta: prohibió que se usaran “armas letales” en el control de las calles aledañas al Congreso. Terminó siendo como enfrentar a Atila con boy scouts. “No esperábamos tanta violencia, nos agarró por sorpresa. Las encuestas decían que la gente está en contra, pero culpaba mitad y mitad al Gobierno y a los K. Cuando el viernes se evaluó lo que había pasado, se decidió ver cómo revertir la imagen”, relata un alto funcionario.

Noticias: Estaban entre consolidar un virtual estado de sitio y exponer a los policías metropolitanos…
Funcionario: Había que exponer quiénes son los violentos.

Noticias: ¿Aun con el precio de 88 policías heridos?
Funcionario: ¡Ah, bueno! ¿Conocés a la Gata Flora? ¡Dejémonos de joder! El lunes pasó algo muy importante: se cayó el mito de la derecha que reprime. Hoy todos sabemos que de un lado están los violentos, que venían con la idea planeada de querer voltear a este Gobierno, y del otro el orden y el Estado de derecho. El que no entiende esto va preso.

Si bien exagerado, el funcionario da en la tecla. La cúpula macrista entendió a tiempo los riesgos de mostrarse autoritario o, peor aún, delarruizado al cabo de un jueves fatídico. La mano dura suele delatar debilidades. El lunes se exhibió un peronismo más atomizado que nunca, con el kirchnerismo arrinconado contra un extremo izquierdo que ni por asomo hegemoniza. En ese costadito también se lo detesta.

Empecinado en mantener la frialdad, Mauricio Macri esperó las novedades durante la tarde del lunes, en Olivos, jugando al paddle.

Uno de los gobernadores justicialistas más movedizos de los últimos tiempos aporta su visión.

Noticias: Ganó el Gobierno…
Gobernador: Zafó. Perdimos todos, pero más el Gobierno. Hoy no hay un solo argentino que no piense que a los jubilados les metieron la mano en el bolsillo. Los gobernadores quedamos como cómplices. No teníamos opción, dependemos de los fondos de la Nación. La crisis económica pega en todo el país.

Noticias: ¿Los alinearon a lo peronista?
Gobernador: Estos pibes juegan fuerte. Son duros, van a fondo, rosquean y tienen algunos vicios peores que los del kirchnerismo. Te llaman todos: Macri, Peña, Frigerio y de ahí para abajo también. Todo el día. Las diferencias son las formas. Estos no te tienen que gritar o amenazar para que te des cuenta lo que te quieren decir. Hablan bien, charlan, pero el mensaje es claro. Lo del lunes fue violento. ¿Qué necesidad había de obligarnos a ir a Diputados a poner la cara para la foto?

Noticias: Bueno, fueron…
Gobernador: Acordamos el pacto fiscal y no podíamos dejar afuera lo de las jubilaciones, que no nos gusta nada. Es un pack. O apoyábamos todo o nos enfrentábamos al Gobierno. El tema es que el jueves se armó una rosca que nadie esperaba y los diputados no son robots, no les podemos mandar un WhatsApp y ordenarles cada segundo de su vida. Entre que no gustaba la reforma y el quilombo que hubo, muchos se sintieron tocados y no quisieron dar quórum. Es más, a pesar de ir el lunes a Capital, algunos votaron en contra. Es difícil.

Noticias: ¿Es cierto que los apretaron con que todo volaba por el aire antes de abril si no se aprobaba el paquete fiscal?
Gobernador: Sí. Pero eso Macri lo dijo en público, aunque con más suavidad: “Si bajamos el gasto, la economía no va a estallar”. Les preocupa mucho, pero mucho, la gobernabilidad. Y a nosotros también.

En cuanto a quién paga los principales costos, el gobernador podría tener razón. Una encuesta de D’Alessio IROL/Berensztein indica que las perspectivas de la opinión pública se complicaron después la reforma. El 45% percibe que la situación económica actual está “bien-muy bien”, mientras que el 53% la ve “mal-muy mal”. A futuro, el 46% piensa que irá “mejor-mucho mejor” y el 50%, que estará “peor-mucho peor”. El 45% considera que la gestión macrista es “buena-muy buena”, pero el 54% la evalúa como “mala-muy mala”. En cuanto a la imagen del Presidente, se habría invertido desde noviembre. “Buena-muy buena”: 44%. “Mala-muy mala”: 51%.

Más que la violencia estrepitosa, en el staff M se encendieron luces de alerta tras los cacerolazos pacíficos posteriores en casi todos los barrios porteños, zonas acomodadas del GBA y varias grandes ciudades del interior. Nadie parecería desesperar, de todos modos.

“La verdadera novedad de todo esto es que se produjeron las primeras manifestaciones espontáneas contra el Gobierno. Los cacerolazos del lunes y el martes fueron tranquilos, de clase media. A Cristina se los hicieron a los cinco años, en el 2012. Que te lo hagan al segundo año es mucho más preocupante, pero hay que ver. Se pagó un costo grande por la represión del jueves y se revirtió gracias al dispositivo policial y los tirapiedras del lunes. Ahora se paga el aguinaldo y vienen las vacaciones. Hay que esperar que baje la espuma y mantener la frialdad”, especula un conocido asesor macrista.

El único alivio. Mientras tanto, en el peronismo mandan las peleas, las desconfianzas y los pases de facturas. Como muestra, vale lo sucedido el martes 19 en el consejo directivo de la CGT, donde se consolidaron su fractura y el aislamiento del triunvirato. Dos de los presentes afirman que se produjo un duro contrapunto entre Francisco “Barba” Gutiérrez, hasta entonces secretario de Interior de la central obrera y líder de la UOM-Quilmes, y Héctor Daer.

Gutiérrez: ¡Qué paro de mierda! !No salimos ni en los zócalos de los diarios!
Daer: Pasaron otras cosas en el país, con suerte salimos en un zócalo…
Gutiérrez: Hay que ir a un plan de lucha, hostigar a este Gobierno. ¡Se tienen que ir!
Daer: ¿Perdón, compañero…?
Gutiérrez: ¡Estoy hablando yo! ¡A mí ayer me reprimieron! ¡Me comí balazos de goma, manga de cagones!

Se pudrió todo. Gutiérrez se levantó y se fue, corrido por el canillita Omar Plaini, que intentaba calmarlo pero volvió solo. A los diez minutos, el metalúrgico reingresó a los gritos.

Gutiérrez: ¡Métanse la CGT en el orto!— dijo y tiró las llaves de su oficina sobre la mesa.

Después del bochornoso episodio, todos acusaban a todos de beneficiar al Gobierno. El miércoles 20 a la mañana, en Lugano, la UOM reafirmó la fractura. “Esa es la CGT de Macri”, coincidían los presentes a la salida.

Donde aquí se habla de frialdad, el gurú Jaime Durán Barba sólo percibe “responsabilidad”. Según el politólogo ecuatoriano, “Macri sigue siendo el ser humano sensible interesado en servir a los demás”.

Noticias: ¿Cuál es el costo político de la reforma?
Durán Barba: Todo gobierno responsable sabe que algunas medidas que toma pensando en el futuro son antipáticas y tienen costo coyuntural, pero lo importante es que en el mediano plazo, la gente viva mejor. La responsabilidad da mejores resultados que la demagogia. Un estadista sabe que la demagogia lleva a la catástrofe. Terminaríamos como el Sargento Maduro.

Noticias: ¿Tiene encuestas de la última semana? ¿No le hace ruido al votante de Cambiemos el tema jubilados?
Durán Barba: El descenso de imagen es menor al esperado.

Seis pasos más allá de Durán Barba, el off the record rescata la también ventajosa contracara del villano. “El tema con Macri es que no siente los derechos humanos. Los entiende, pero no los siente. Por eso se muestra tan insensible con tema como el de Maldonado, lo mismo con el accionar de la policía en estos días. No son un problema para él y el mundo que él entiende. Es algo que pasa por afuera”.

El Señor Frío apuró el paso. Pudo aprovechar el aura del triunfo de octubre y termina el año con goles a favor, media comandancia kirchnerista en la cárcel y la oposición sin rumbo. Queda pendiente la Reforma Laboral. Será en febrero. El horno no está para más bollos. Y el 2019 queda lo suficientemente lejos todavía.

(*)Jefe de Redacción de NOTICIAS