Sociedad / 3 de abril de 2018

Militancia gorda: la hora de las curvas

Un movimiento que reivindica las curvas. Militancia, nuevas modelos, libros y hasta una Barbie rellenita. El riesgo de la moda.

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“Esta noche antes de que te vayas a la cama, desnúdate, mírate al espejo. Traza las curvas de tu cuerpo y celebra tu belleza. Tienes las llaves de tu propia revolución”, reza una de las frases que se repiten como una máxima en “Gordofobia”, un documental español que intenta romper con este sentimiento de repulsión hacia el propio cuerpo y la discriminación a las personas consideradas gordas dentro de los patrones estéticos de la delgadez. Este mensaje se corresponde con la llamada militancia gorda o “fat activism. Se trata de un movimiento que, si bien nació en los años ’70 en los Estados Unidos, ahora recobró bríos gracias a las redes sociales y a la nueva mirada que la mujer tiene de sí misma. Cuenta con su propio manifiesto, y busca que la palabra “gordo” deje de utilizarse como un insulto para empezar a aceptarse como una condición natural.

Así surgieron nuevas abanderadas de esta postura, como por ejemplo, la modelo XL norteamericana, Ashley Graham o nuestra actriz Señorita Bimbo; libros, obras de teatro y hasta Barbies que muestran sin temor sus redondeces. Incluso a las modelos algo excedidas en kilos que, en otros tiempos, eran impensadas en una tapa de revista como “Sports Ilustrated”, ahora se las convoca y se las llama “curvy”, lo que suena mucho más cool que XXL.

En la Argentina, el discurso sobre la reivindicación de un cuerpo “disidente” empezó a hacerse escuchar en los medios gracias a referentes como la actriz y feminista Virginia Godoy, mejor conocida como “Señorita Bimbo” o la modelo Branda Mato. Pero, hace al menos tres años, el activismo gordo cobró mayor fuerza mediante distintas manifestaciones. La edición de libros como “Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne” de Laura Contrera y Nicolás Cuello (Editorial Madreselva); la creación de ámbitos de debate como el taller “Hacer la vista gorda”; la obra musical “Gordofobia, un musical obeso” y hasta una columna de activismo gordo que marchó hacia el Congreso en el último “8M” en el Día Internacional de la Mujer.

Pero esta forma de militancia no sólo busca terminar con la “gordofobia” (ver recuadro), sino cuestionar al mundo de la moda, las dietas y al propio sistema médico para que “deje de considerar a la persona gorda como alguien enfermo”. Este punto es bastante cuestionado por los especialistas, que consideran que la obesidad se trata de un problema sanitario y que temen que esta militancia se convierta en una oda al descontrol alimentario y una apología de la gordura. “El riesgo es fanatizarse y que el mensaje se desvirtúe”, advierte el médico especialista en nutrición y obesidad Alberto Cormillot.

Romper el molde. “Un activista de la gordura es una persona que piensa sobre la gordura de una manera que desafía, cuestiona y critica el pensamiento mayoritario acerca de la gordura. Miran la gordura como valiosa”, escribió Charlotte Cooper, una activista británica y autora del libro “Fat activism”.

Brenda Mato es una de las caras más visibles en el país de esta causa. La joven de 27 años es modelo de “Plus Model Argentina”, una agencia que nació en el 2015 como una cooperativa, donde chicas y chicos que trabajaban por su cuenta en el mercado “plus size”, se unieron para generar un espacio que funcionara como vidriera. “Los cuerpos gordos sufren muchísimos más insultos que los delgados. El activismo busca visibilizar ciertas problemáticas como: ‘No te podés vestir con la ropa que te venden en el shopping, o sentarse en el asiento de un teatro o colectivo es un problema’”, ejemplifica.

Las mujeres son las que más sienten la presión social sobre la forma de su cuerpo. Aunque no se considera abanderada de la causa, “Bimbo” Godoy fue una de las primeras en cuestionar la discriminación que se hace de los gordos, en especial, cuando se trata de las mujeres. “Yo tengo –yo soy– un cuerpo disidente. Mi cuerpo gordo es extraño para los demás. Ser gorda está mal visto, es de las peores cosas que debe ser una mujer”, dijo la actriz.

Hacia la inclusión. En el último tiempo, los cánones de belleza que solían seguirse comenzaron a cuestionarse. Así surgieron conceptos como el de “belleza real”, o el de “body positive” (cuerpo positivo), que buscan generar un cambio en la mirada sobre el peso y la belleza como algo más amplio, que no se limite a las imágenes de modelos hiperdelgadas de las publicidades. Así ganaron terreno referentes como la modelo Ashley Graham, que factura en promedio 1,5 millón de dólares al año y según Forbes es una de las mujeres más influyentes de menos de 30 años. También hay movimientos como “La guerrilla de lencería”, un grupo de mujeres estadounidenses, que en diciembre coparon el icónico Times Square en Nueva York e hicieron un desfile en ropa interior en contra del arquetipo de mujer que muestran los “ángeles” de la firma lencería Victoria’s Secret.

Otra organización que trabaja en la misma línea es AnyBody que tiene una sede en la Argentina. “La militancia gorda se engloba dentro del movimiento ‘body positive’. La idea es cuestionar por qué la sociedad nos quiere vender un estereotipo específico. Nos hablan de las estrías como imperfecciones, cuando son una manifestación natural del cuerpo”, opina Camila Papa, representante de la ONG.

En el mundo de la moda, y a la hora de hablar de las modelos catalogadas como de “talle grande”, la militancia gorda encuentra su división, ya que consideran ofensivo el empleo de ese término, así como el de mujer u hombre “XL”. Así surgen nombres como “curvy”, por las “curvas” del cuerpo. “Hay gente que le tiene terror a la palabra ‘gorda’. No tiene que ser tomado como un insulto. Lo peligroso es que muchas marcas de ropa ubican lo “curvy”, –el talle grande–, en el 44, cuando en realidad este es un número intermedio.

El grande es entre el 52 y 54”, explica Mato. Y agrega: “Está buenísimo que empecemos a entender que existe la diversidad. El problema es que Graham tiene un cuerpo reloj de arena y la photoshopean. Además, la contratan porque es un personaje en sí”.
Dentro de esta misma industria, uno de los grandes problemas a los que se enfrentan los argentinos a la hora de vestirse, es la disparidad y disponibilidad de tamaños de ropa. En el país existen 14 leyes de talles entre municipales, regionales y provinciales, lo que lo convierte en una anarquía que favorece a que no se cumpla la ley.

“En abril del 2017 presentamos el proyecto para una ley nacional y para que los talles tengan en cuenta las medidas de acá porque hasta ahora se fabrica la ropa en base a medidas de cuerpos europeos. Los talles grandes son un gran nicho que no está siendo tenido en cuenta”, advierte Papa.

El factor salud. Uno de los puntos más polémicos del “fat activism” es el hecho de dejar de considerar al sobrepeso y la obesidad como una patología. La Organización Mundial de la Salud la considera así. Según un informe de la ONU del 2017, Argentina lidera el ranking de mayor cantidad de hombres adultos obesos en la región, con un 26,7%. Mientras que las mujeres adultas representan el 30,1%.

“El poder-saber médico ha patologizado la gordura del mismo modo que lo ha hecho con otras diversidades corporales. Así, se considera todo tipo de gordura como un riesgo médico en sí mismo”, se puede leer en el libro de Contrera y Cuello. Consultada Mato al respecto, la modelo indica: “El activismo gordo no dice que vayan a comer comida chatarra hasta morir. ¿Por qué opinamos siempre sobre la salud de los gordos? Hay un culto excesivo a la delgadez y en la Argentina eso es utilizado como una virtud”. Y concluye sobre la militancia gorda: “Nosotros queremos que se entienda que hay gente que es más grande que otra y eso no está mal. Esto trata de mostrar que, por más que tengamos más grasa que los demás, no dejamos de ser personas”.