Economía / 16 de septiembre de 2018

El Gobierno cede ante las provincias y el “offshore” tributará más

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hasta el blanqueo de capitales de 2017, los argentinos sólo tenían declarados ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) bienes en el exterior por US$ 19.000 millones, sólo 1,9% de lo que tenían, según el informe elaborado por la ONG Tax Justice Network (TJN). Tras el sinceramiento fiscal, la cifra se sextuplicó, hasta 113.000 millones, 22% de lo que guardan en el extranjero.
Al votarse el blanqueo, el entonces ministro de Hacienda de Mauricio Macri, Alfonso Prat-Gay, propuso que se redujera el impuesto a los bienes personales, o a la riqueza, de 1,25% a 0,75% en 2016, 0,5% en 2017, 0,25% en 2018 y se elimine en 2019. Pero ante la súbita necesidad de que en 2019 se vuelva a la receta del déficit cero, como en la crisis de 2001, Sergio Massa propuso a los gobernadores del PJ que negociaran el presupuesto de Macri a cambio de un alza permanente a 1% de Bienes Personales, pero sólo los del exterior. Teniendo en cuenta la amnistía fiscal de 2017, recaudaría US$ 1.130 millones, casi un décimo de lo que se requiere bajar el déficit fiscal primario, es decir, antes del pago de una deuda que en sólo tres años subió de 52,6% a 81,7% del PBI, según el Estudio Broda. “Es una alternativa para que garpen los más ricos”, consignan en el Frente Renovador. La idea fue motorizada por su diputado Marco Lavagna.

Al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, no le gustó, pero aceptó debatirla en el Congreso con tal de avanzar con el presupuesto. Ni lo mencionó Frigerio en su almuerzo del 12 de septiembre con empresarios del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp). Pero en su entorno afirman que intentaran que el alza tributaria a la riqueza en el exterior sea rechazada en el Legislativo, o aunque sea se elimine a partir de 2021.

En el último blanqueo se sinceraron US$ 55.000 millones de inversiones ocultas en el extranjero, de los cuales 30% estaba en EE. UU., 26% en Suiza y 15% en Islas Vírgenes Británicas. Además se develaron cuentas por 25.900 millones, de los que 45% se encontraba en bancos estadounidenses, 32% suizos y 9% uruguayos. También se exteriorizaron inmuebles por 10.000 millones, casi la mitad en Uruguay, 37% en Estados Unidos y 4% en Brasil. Al finalizar el blanqueo, la AFIP se congratulaba por el “sinceramiento de activos en el exterior por personas de alto poder adquisitivo”. Es que detectar bienes en el extranjero resulta difícil para cualquier país.

¿Qué opinan los expertos sobre la suba de Bienes Personales en el exterior? “Parece una medida equitativa la idea de gravar a los de mayor capacidad contributiva”, responde Darío Rossignolo, consultor de organismos internacionales. Otros colegas, Juan Carlos Gómez Sabaini y Dalmiro Morán, publicaron en 2016 un informe sobre tributos en Latinoaméricano que calculaba la presión de los gravámenes sobre los patrimonios en 2011: la Argentina lideraba, con 3,1% del PBI. No se dispone de datos más actualizados que reflejen la mayor cobertura y la menor alícuota de Bienes Personales de los últimos años. Pero hay países desarrollados que recaudan más del patrimonio, como Reino Unido (4,1% del PBI), Francia (4%), Canadá (3,7%), Bélgica (3,5%) o Israel (3,2%).

El contador Iván Sasovsky, cuyo estudio pertenece a Vistra Alliance, critica que se graven los bienes personales, pero admite que países desarrollados lo aplican: “Si una persona sólo tiene el activo pero no una renta consecuente, la persona debería descapitalizarse para abonar el propio impuesto”. Sasovsky y sus colegas Jorge Gebhardt, del estudio Aguirre, Saravia & Gebhardt, y Ezequiel Passarelli, de SCI Group, recopilaron datos de países que gravan el patrimonio, aunque de modo distinto que en la Argentina:

– España: cobra a partir de 700.000 euros, con una exención por patrimonio inmobiliario de 300.000 y tasa de entre 0,2 y 2,5%. En la Argentina, el mínimo no imponible es 1,05 millones de pesos, equivalentes a 22.717 euros, o US$ 26.184.

– Francia: el llamado impuesto de Solidaridad sobre la Fortuna fue reemplazado en 2018 por el tributo a la Fortuna Inmobiliaria, que se cobra a partir de 1,3 millones de euros, con una alícuota de 0,5% a 1,5%.

– Noruega: su alícuota va de 0,9% a 1,1%.

– Italia: impone dos impuestos a la riqueza. El IVIE es de 0,76% sobre los activos reales fuera de Italia. Los valores se determinan por precio de compra o valor de mercado actual. Los impuestos a la propiedad pagados en el país donde está el inmueble pueden compensar el IVIE. El otro es el IVAFE, de 0,15%, y se aplica a los activos financieros fuera del país.

– Holanda: el Impuesto a la Renta de la Riqueza tiene una alícuota del 1,2%, pero va en aumento para los patrimonios mayores.

– India: únicamente se aplica sobre bienes no productivos de renta, como vehículos, joyas o inmuebles no alquilados.

– Uruguay: sólo se gravan bienes en el país, no en el extranjero, con tasas del 0,5 al 0,8% para residentes y del 0,7 al 1,5% para no residentes, sobre un mínimo de US$ 110.000.

– Colombia: las tasas van del 0,4% al 1,5% y no se gravan las acciones, sujetas a un impuesto al capital.

– Estados Unidos: no existe un impuesto similar que grave el patrimonio. Optó por el impuesto a la herencia, del 40%. Passarelli avisa: “Este impuesto es fácilmente eludible para los argentinos con bienes en Estados Unidos, con un esquema que involucra una BVI, que es una sociedad de las Islas Vírgenes, o una en Panamá que sea dueña de una corporation o LLC (empresa de responsabilidad limitada) estadounidense”.

Sasovsky critica la suba del gravamen en la Argentina: “Puede ser leído como un incumplimiento del Estado a los beneficios ofrecidos para adherirse a la admistía fiscal”. Gebhardt se suma: “El impuesto sobre los bienes personales es una figura en extinción en el mundo. De 162 países, sólo 11 lo aplican: Francia, Noruega, Suiza a nivel cantonal, España, la Argentina, Colombia, Uruguay, Surinam, Arabia Saudita, Pakistán y Mozambique. El problema principal del tributo es su escasa recaudación, que implica un alto costo para el fisco. En nuestro país se lo utiliza como un arma política. Gravar más los ahorros en el exterior va en contra del principio de igualdad: ¿qué diferencia hay entre el ahorro local o en el exterior? Un incremento de la alícuota seguramente generará conflictos judiciales”. Passarelli recuerda que el Gobierno se había comprometido en el consenso fiscal con las provincias, en diciembre pasado, a no incrementar Bienes Personales: “¿Cómo se pretende generar confianza y atraer inversores si cambiamos las reglas cada seis meses? Se tiene la sensación de que por tener el dinero afuera uno es menos argentino, pero es errado. Nuestro país no da garantías: inflación del 40%, crisis cada diez años, cambios impositivos cada seis meses”.

El economista Morán apoya con matices: “Veo positiva la suba desde una perspectiva de equidad, pero éste no ha sido precisamente el objetivo que ha guiado las reformas tributarias hasta ahora implementadas”. El secretario de la Red de Justicia Fiscal de América Latina y El Caribe, Adrián Falco, modera su respaldo: “Es positivo gravar las grandes riquezas. Daría una caja interesante a los gobernadores ya que es coparticipable. Pero el problema está en los más de US$ 400.000 millones que siguen sin ser declarados. La pregunta es si esta medida, híper anunciada, no lleva a los blanqueadores a desprenderse de bienes usando los servicios de banca y financieras para retornar a las sombras. La firma de intercambio de información con Estados Unidos no es más que a requerimiento y en casos concretos, lo cual pone en terreno difícil cualquier intención de saber automáticamente qué bienes están allí declarados. En tanto no exista información intercambiable y continúen las guaridas fiscales, cualquier intento de gravar la riqueza tendrá éxito con los peces del acuario y no en los grandes océanos”.

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