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Noticias Uruguay / 2 de noviembre de 2018

La campaña en clave Bolsonaro

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Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil //AFP

“Mani pulite”. “Manos limpias”. El proceso judicial que sacudió al sistema político italiano en la década del 90, vino enseguida a la mente de un dirigente político uruguayo, cuando Jair Bolsonaro se impuso en la primera vuelta electoral y quedó a un paso de la presidencia brasileña.

Dicen que las comparaciones son odiosas. Pero en Uruguay, los dirigentes políticos coinciden en que Bolsonaro es consecuencia de la corrupción estructural –no sólo del PT, sino de todo el sistema político–, de financiamientos turbios o trasfuguismo de dirigentes. Parecido a lo que sucedió en Italia hace unos 25 años. El juez Sergio Moro, que investiga los casos de corrupción en Brasil, que involucraron al ex presidente Lula y a la dirección del PT, dice que se “inspiró” en aquel episodio italiano.

La carrera electoral brasileña no derivó en un “outsider”, pero sí en un diputado “que se ve como de afuera” –a decir de otro dirigente, de oposición–, “con un discurso diferente” y a quien sólo en primera vuelta casi 50 millones de brasileños votaron “en contra de la continuidad del ‘establishment’”.

En los corrillos de la política uruguaya los dirigentes toman nota y tratan de anticipar el efecto que el “tsunami” de Bolsonaro pueda tener en la campaña electoral de 2019. Por un lado advierten la polarización política y, tomando distancia de “las barbaridades que dice Bolsonaro”, hay un endurecimiento de los discursos. Por otro lado, también manifiestan preocupación por el “descrédito y la desconfianza” en los políticos, algo que ya muestran las encuestas de opinión pública.

Un experimentado dirigente de un partido de oposición sostiene que un triunfo del PT hubiera sido alentador para el Frente Amplio; pero que, sin embargo, el resultado de la elección brasileña tampoco favorece a la oposición. “Tiene el impacto de una pérdida de entusiasmo para el Frente, pero para los partidos tradicionales el efecto es más neutro”. Sin perjuicio de esto, dice que la corrupción y la inseguridad fueron factores determinantes para el resultado electoral en Brasil, y son dos temas que estarán en la agenda electoral uruguaya.

La inseguridad es la principal preocupación de los uruguayos desde el año 2009, y un blanco de críticas al Gobierno del presidente Tabaré Vázquez.

El senador Jorge Larrañaga ya recolectó más de 200.000 firmas para impulsar una reforma constitucional con el fin de cambiar normas de seguridad pública. Una encuesta de la consultora Opción mostró que seis de cada diez uruguayos cree que los delitos bajarían si se aprueba la reforma.

La figura de Bolsonaro generó gran controversia y rechazo en sus detractores. //AFP

La “inmediatez” es la clave, dicen algunos dirigentes. El candidato del Partido de la Gente, Edgardo Novick, opina que el triunfo de Bolsonaro en Brasil es, en cierto modo, la apuesta a una solución drástica contra la inseguridad. En su caso, propone importar una estrategia de Rudolph Giuliani, el ex alcalde de Nueva York.

Los dirigentes del Frente Amplio ponen el acento en el discurso antidemocrático de Bolsonaro. La senadora y secretaria general del Partido Socialista, Mónica Xavier, advierte como un riesgo que el “estilo Bolsonaro” genere un grado de legitimidad para que se “derechicen” muchos mensajes durante la campaña electoral que viene. En ese sentido, dice que esperaba de los dirigentes políticos uruguayos “un arco más importante de críticas a esas ideas que hoy se están levantando como opción en Brasil”.

El secretario general del Partido Colorado, el diputado Adrián Peña, coincide en que el resultado electoral en Brasil –con baja votación de los partidos de centro– “alienta una creciente polarización en Uruguay”. Empero, señala que “los reflejos democráticos en el país son buenos”, y que la discusión entre blanco y negro “puede alentar actitudes o comentarios, por ejemplo, en redes sociales”.

En el último año y medio, la conducta de la clase política está en el centro del debate público. El caso más sonado es el de Raúl Sendic, quien el 9 de setiembre del año pasado comunicó su renuncia a la vicepresidencia de la República. Un hecho histórico e inédito. Si bien pasó más de un año desde que dejó el cargo, no es un caso cerrado en la interna del Frente Amplio, al punto que los dirigentes intentan medir el impacto que pueda tener su participación electoral. En las últimas semanas, en la interna oficialista aumentó la presión para que Sendic desista de ser candidato al Senado. También hubo dirigentes de los partidos fundacionales que fueron juzgados por sus colectividades. Nunca hasta ahora se había hablado tanto de la actividad de las comisiones de conducta político partidarias.

La senadora y precandidata del Partido Nacional, Verónica Alonso, el senador Pablo Mieres, líder del Partido Independiente, dice que “el Frente Amplio corre el riesgo de que, así como en Brasil ha habido un castigo a la corrupción, la ausencia de una medida concreta respecto a un dirigente que ha sido procesado por corrupción puede representarle un castigo similar”.

Descrédito. Pero desde una perspectiva más amplia, para muchos, Bolsonaro es la expresión de un fenómeno mayor. Lo señalan los analistas y lo repiten también los políticos: el mundo occidental vive una etapa de cambios cualitativos, marcados por los avances tecnológicos, el impacto de las redes sociales, las nuevas dinámicas del empleo y las migraciones. Ese escenario favorece la aparición de posturas más extremas y la exigencia de respuestas más inmediatas. “A mediano plazo es algo para ponerle una lucecita amarilla”, comentó un dirigente entrevistado por NOTICIAS. En Uruguay, una encuesta mostró que a más de un 30%, le da lo mismo un gobierno autoritario que democrático, siempre y cuando le arregle los problemas. “El vínculo entre el ciudadano y el político no está presentando para nada síntomas positivos”, señaló el politólogo Ignacio Zuasnabar en un reciente desayuno de ADM. Este dato es percibido por el sistema político uruguayo.

Chicago boy”. Más allá de las opiniones sobre el brasileño en los corrillos políticos hay quienes dicen que debe imponerse una “razonable expectativa”. Palabras más, palabras menos: que “no hay que adelantarse”, sino esperar las definiciones del nuevo Gobierno brasileño.

La oposición cuestionó que dirigentes del oficialismo hayan lamentado el resultado electoral y criticado la figura de Bolsonaro. El canciller Rodolfo Nin Novoa apuntó contra las encuestas: “esperemos que las encuestadoras le erren como le han venido errando”. El mismo día de la primera vuelta electoral, la ministra de Turismo Liliam Kechichian escribió en redes sociales que “lo peor viene disfrazado de antisistema”.

Los dirigentes oficialistas consultados por NOTICIAS señalan que es difícil “imaginar ventajas” en la relación comercial con Brasil, cuando el mandatario tiene un perfil nacionalista a ultranza. Sin embargo, Bolsonaro apunta a un ministro de Economía netamente liberal: Paulo Roberto Nunes Guedes. Se trata de un economista formado en la Universidad de Chicago, dispuesto a la apertura económica, la reducción de los impuestos y la simplificación de la estructura fiscal.

En el ambiente político, y en especial en los sectores de oposición, esta noticia genera una expectativa diferente. Señalan que la orientación de la política económica del gobierno de Bolsonaro puede ayudar a abrir puertas para que Uruguay salga del “corsé del Mercosur”, y busque acuerdos más abiertos.

Residentes brasileros en Uruguay se manifestaron contra Jair Bolsonaro. //AFP

En la agenda comercial del Mercosur la prioridad es cerrar un acuerdo con la Unión Europea, una negociación que lleva más de dos décadas. Los especialistas en negocios internacionales no son tan optimistas. Astori también mencionó la intención de avanzar en un intercambio de ofertas con Canadá. “Queremos un Brasil fuerte, democrático, integrado”, dijo en una rueda de prensa. “Hay que esperar los acontecimientos y opinar después”. En el Gabinete saben que, con mayor o menor afinidad ideológica, “Itamaraty es Itamaraty”.

¿Aló? MÚSICA PARA LOS OÍDOS

Jair Bolsonaro afirma que su gobierno no abandonará el Mercosur, pero que tampoco se guiará por cuestiones ideológicas. En la última semana, Bolsonaro contactó al presidente argentino Mauricio Macri y al paraguayo Mario Abdó Benítez, pero no hizo ninguna referencia al presidente Tabaré Vázquez, desde cuyo Gabinete hubo críticas hacia él.

El decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica, Ignacio Bartesaghi, considera que las señales que dieron algunos integrantes del Gobierno fueron un error, y que más allá de las diferencias ideológicas y programáticas con Bolsonaro, es necesario tener una actitud más pragmática.

Bartesaghi destacó que si bien para Bolsonaro el Mercosur no es una prioridad en su agenda, sí ha sido crítico con el funcionamiento actual y propone un giro que permita flexibilizarlo y volverlo más comercial. “Lo que propone Bolsonaro hoy del Mercosur, debería ser música para los oídos de Uruguay”, dijo a NOTICIAS. “Creo que es el momento ideal para presentarse y decir ‘nosotros también queremos una zona de libre comercio’, ‘también queremos la opción de negociar bilateralmente’”, agregó. En ese sentido, señaló que es una oportunidad para discutir el arancel externo común, que rige para los cuatro países integrantes del bloque.