Menú
Economía / 9 de noviembre de 2018

Cómo afecta a la economía argentina la llegada de Bolsonaro al poder

Ilusión de crecimiento en Brasil con derrame local. Impacto del ajuste. Competencia por inversiones y liderazgo. Reforma del Mercosur.

Por

El teorema de Baglini no va más en el mundo. Por izquierda y por derecha se vienen dando ejemplos de líderes extremos que no se moderan al llegar al poder, a diferencia de lo que describía en los 80 el entonces diputado radical. La burocracia política de EE.UU. creía que Donald Trump cambiaría al arribar a la Casa Blanca, pero acabó cumpliendo lo que prometía en campaña. Lo mismo puede suceder con su discípulo Jair Bolsonaro en Brasil. Y eso vaticina más turbulencias que beneficios para la economía y las relaciones exteriores de la Argentina.

En el gobierno de Mauricio Macri esperan que con el correr de los días se vayan aclarando los hombres y las ideas que acompañarán a Bolsonaro. Recuerdan que su futuro superministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes, arrancó la noche de la victoria electoral asegurando que la Argentina y el Mercosur no serían prioritarios, pero al día siguiente pidió perdón. “Debemos convivir, pero es indudable que sus prioridades serán la deuda y el déficit”, reconocen en las filas de Macri los objetivos de Guedes. El rojo fiscal financiero (después del pago de los intereses del pasivo) previsto para 2018 en el socio mayor del Mercosur asciende al 7,2% del PBI, por encima del 5,3% argentino, mientras que la deuda es alta (76,9% del PBI), aunque no tanto como la que agrandó Macri (84,4%), según los pronósticos de bancos y consultoras relevados por FocusEconomics.

(Lea también: Jair Bolsonaro: una especie de Chávez)

Precisamente, el militar retirado que llegará al Planalto por las urnas deberá afrontar un duro ajuste y por eso más de un analista considera que tendrán que esperar quienes sueñan con un fuerte crecimiento de la economía brasileña, alentado por un aluvión de capitales extranjeros atraídos por sus promesas de reforma jubilatoria, ajuste del gasto público y privatizaciones de empresas no estratégicas como Petrobras y Eletrobras, boom que a su vez derramaría sobre la Argentina. Nuestro país ya no depende tanto de Brasil: no envía más un tercio de sus exportaciones allí como en los 90, sino menos de un quinto, sobre todo por la irrupción de China como compradora. Pero la industria albiceleste sí necesita al vecino verdeamarelo, principal destino de sus exportaciones. Por cada punto de crecimiento brasileño, la Argentina crece 0,25. La mediocre expansión brasileña de 2018, prevista en 1,5%, contrarrestaría en 0,37 punto el derrape criollo. Sin ella, las automotrices de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba se quejarían todavía más de lo que lo hacen por el derrumbe interno.

“El ajuste fiscal y jubilatorio o una devaluación no serían tan buenos para la Argentina”, advierte el secretario de Comercio de la Unión Industrial Argentina (UIA), Adrián Makuc. Son medidas que contraerían en un principio la economía brasileña, mientras que el peso perdería competitividad frente al real. Pero el politólogo Ignacio Labaqui, profesor de la UCA y la Ucema, especula con una apreciación del real: “Si los mercados confían en que Bolsonaro haga reformas estructurales, se apreciará el real y eso será positivo para la Argentina”. Jorge Hugo Herrera Vegas, ex embajador en Brasil, también se entusiasma: “Si Bolsonaro consigue eliminar el déficit del sistema jubilatorio, la economía de Brasil crecerá a tasas mayores que las obtenidas en los dos últimos años”. En 2017 sólo mejoró 1%, tras la contracción de 2015 y 2016.

Economistas se muestran menos esperanzados. “No veo que un ajuste tenga un efecto inicial expansivo en una economía raquítica desde hace tiempo”, plantea Matías Tombolini, presidente del Consejo Económico y Social de la ciudad de Buenos Aires. Ni Nadin Argañaraz, del Instituto Argentina de Análisis Fiscal (Iaraf), se deslumbra: “Bolsonaro tiene desafíos importantes, como bajar el déficit fiscal para evitar que suba aún más la deuda y eso complique el programa financiero. Habrá que ver cómo diseñan la política económica en línea con lograr un sendero de crecimiento sostenible en el tiempo. Si Brasil crece sostenidamente, genera una tracción positiva para nuestras exportaciones, pero un factor central para Argentina es el grado de competitividad, si esta vez se va a sostener un tipo de cambio real alto, porque la inflación siempre lo licuó”.

(Lea también: Bolsonaro lo hizo: los Menem celebraron el triunfo de la derecha en Brasil)

“A Brasil le pasará como a nosotros: la adecuación llevará su tiempo, no despegará de un día para el otro”, admiten en el gobierno de Macri. “Pero a lo largo de 2019 vamos a ir sintiendo el dinamismo de su economía”, se ilusionan. Lo van a necesitar para afianzar sus expectativas electorales.

Amigo. El ultraliberal Paulo Guedes, cofundador del banco BTG Pactual y futuro superministro de Economía, dijo que la Argentina no es prioridad. Foto: AFP

Estrella. Que Brasil se convierta en la nueva estrella de los mercados –ya lo fue en tiempos de Lula–, ¿beneficiaría o perjudicaría a la Argentina? Un asesor de uno de los principales fondos de inversión internacionales alerta: “Macri aspiraba a ser líder regional hasta que le estalló la crisis de abril. Ahora se agrega la competencia de Bolsonaro, no sólo por el tamaño de Brasil sino porque su plan va en serio”. El consejero agrega que su fondo cuenta con un monto determinado de dinero para Latinoamérica que debe repartirse entre sus países. Pero otros inversores especulativos podrían ampliar su apuesta por la región si la ven más atractiva, matiza el economista Miguel Kiguel, de la consultora Econviews. “En principio, que vayan más fondos a Brasil sería bueno para la Argentina también porque algo seguramente va a derramar”, opina Kiguel.

Pero en el informe reservado Calíbar, Francisco de Santibañes, tesorero del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), advierte que si el nuevo líder brasileño cumple con sus promesas, “Brasil se posicionaría como el país estrella de la región, pudiendo atraer nuevas inversiones que le escaparán a una Argentina inmersa en una crisis y con un gobierno que no parecería tener suficiente margen para implementar cambios profundos”. En las huestes de Macri se muestran porfiados: “Es indudable que Brasil tiene cuatro veces más recursos, pero acá hay capital humano. Además, Bolsonaro deberá construir mayorías en el Congreso si quiere impulsar sus reformas económicas y ambientales (menos controles y más deforestación)”. Labaqui, de la UCA y la Ucema, plantea dudas sobre su capacidad para gobernar con un Legislativo con atomización récord y un gabinete dominado por militares desarrollistas y un ultraliberal sin experiencia política.

(Lea también: ¿Por qué a Trump y Lagarde les interesa apoyar a Macri?)

Eduardo Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella, pone paños fríos al entusiasmo de los mercados por Bolsonaro: “Sin reforma previsional, tiene un problema fiscal delicado. Y la euforia financiera no necesariamente alimenta el crecimiento”. Ya le ocurrió a Macri, Lula, Carlos Menem y tantos otros. “La diferencia esencial entre los EE.UU. de Trump y cualquier otro país con un Trump wannabe es que cuando Trump genera incertidumbre, el costo financiero americano baja, mientras que en otros países sube”, alerta Levy Yeyati.

Bolsonaro ha prometido privatizaciones –el Financial Times desestima que sirvan para bajar el déficit–, concesiones y la creación de un régimen de AFJP. “Son todas grandes oportunidades de negocios que van a competir con la atracción de capitales de la Argentina”, apunta Francisco Cantamutto, del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (Iiess) del Conicet. Si el nuevo líder brasileño cumple con la anunciada reducción de impuestos y gastos, también supondría una competencia a la baja con la Argentina, agrega un pesimista Cantamutto.

Bolsonaro y sus hijos, claves en el poder legislativo.

Relaciones exteriores. De Santibañes alerta que el presidente argentino también podría perder el liderazgo político en la región que le permitió acceder al fuerte respaldo de EE UU en el Fondo Monetario Internacional (FMI): “Macri recibió apoyo porque la Argentina es uno de los pocos ejemplos de un país que está tratando de dejar atrás, democráticamente, el populismo de izquierda. Brasil podría ahora convertirse en el principal socio (regional) de Washington y, como consecuencia de esto, Buenos Aires ya no podría aspirar a recibir un trato tan privilegiado como el actual”.

Pero en el gobierno argentino opinan que Macri seguirá distinguiéndose de un Bolsonaro tachado de ultraderechista por la prensa mundial: “Ha construido un liderazgo con muchas coincidencias con los países desarrollados en temas como derechos humanos, ideología de género, educación, ciencia. Es un líder como (Angela) Merkel, (Emmanuel) Macron o (Justin) Trudeau”. Al mencionar a los líderes de Alemania, Francia y Canadá, contraponen a Bolsonaro, que se inspira en Trump: “Él deberá construir su liderazgo”.

(Lea también: Operativo reelección de Mauricio Macri)

El ex militar y actual diputado del Partido Social Liberal (PSL) ha dicho que quiere que cada país del Mercosur firme acuerdos bilaterales de libre comercio con todo el mundo. Eso implicaría desarmar la actual unión aduanera con la Argentina, Paraguay y Uruguay y reducirla a una zona del libre comercio, lo que supondrían un estadio inferior de integración; o buscar un esquema flexible como el acuerdo marco que se firmó con México en 2002, por el cual cada país liberalizó su comercio según sus necesidades. En el gobierno de Macri evalúan esta segunda opción, pero admiten que no sería la única. Comparten con Bolsonaro y los presidentes de Paraguay, Mario Abdo Benítez, y de Uruguay, Tabaré Vázquez, el deseo de un Mercosur más abierto. En cualquier caso, las manufacturas argentinas enfrentarían mayor competencia en el mercado propio y en los vecinos, a la vez que algunos productos como vinos y carnes accederían a mejor precio a otros rincones del mundo.

Cantamutto, del Conicet, advierte que si la Argentina negocia acuerdos sola, sin Brasil, perderá poder de negociación, aunque ganaría flexibilidad, virtud que valoran algunos funcionarios de la Argentina temerosos de que se frustre el pacto de libre comercio Mercosur-Unión Europea. Industrias argentinas y brasileñas y el campo europeo se oponen.

(Lea también: Europa se pone dura con la Argentina en el FMI y la OCDE)

A la UE le preocupa que Bolsonaro desarme la unión aduanera del Mercosur porque el tratado le daría acceso preferencial a un bloque hasta ahora sólo se abrió al resto de Sudamérica e Israel. Por eso, Bruselas ahora presiona para que se firme el convenio en la cumbre del G20 en Buenos Aires, que se celebrará entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. En el Palacio San Martín admiten que el actual presidente de Brasil, Michel Temer, no firmará nada sin el consentimiento de Bolsonaro y uno de los asesores del futuro jefe de Estado, Antônio Flávio Testa, admite que falta definir este asunto.

No es tan fácil desandar la unión aduanera. “Habría que eliminar el arancel externo común, que cada socio ponga sus aranceles, que negocien sus tratados con otros países, renegociar el acuerdo automotor (de comercio compensado con Brasil), pero no sé si les convendrá a las automotrices”, observa Makuc, de la UIA. Además se pondrían en duda la integración política, social o educativa, según Cantamutto.

El ascenso de Bolsonaro coincide con la consolidación de dos tendencias de Brasil que quizá repercutan en un Mercosur que hasta ahora protegía su industria, según Amílcar Salas Oroño, profesor de ciencia política de la UBA. “Una es la reprimarización de la economía y otra, la modificación de los principales actores económicos, que ahora son constructoras, holdings de carne o empresas gravitantes de capital estatal como Petrobras”, detalla Salas Oroño.

(Lea también: Patricia Bullrich: efecto caipirinha)

En ese contexto, el presidente electo pretende tipificar como terroristas a campesinos que invadan tierras. En la Argentina, petroleras de EE.UU. quieren penalizar las protestas mapuches en pozos. Nuevos aires aquí y allá.