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Cultura / 11 de noviembre de 2018

Historia de la guita: Una obsesión argentina

El libro del periodista Silvio Santamarina relata la trastienda de la cultura monetaria nacional. Ajustes patrióticos y billetes bestiales.

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Foto: Marcelo Escayola.

No hay nada en la historia de la humanidad que sea eterno, que permanezca igual, que no se transforme. Las ideas cambian, lo que parece natural deja de serlo, las cosmovisiones van y vienen y las realidades se derrumban. Esta concepción de lo finito de absolutamente todo, que estudiaron filósofos de la talla de Hegel, Marx o Kant, podría tener algún tipo de limitación sobre uno de los aspectos más humanos del ser humano: la pasión por atesorar, cuidar o usufructuar el pedazo de lo que sea que llegue a sus manos, una inclinación mucho más antigua que el capitalismo o la propiedad privada tal como se la conoce hoy.

Esa pulsión por poseer aunque sea el plato de comida diario encontró, a lo largo de los tiempos, su canal preferido en el dinero, en forma de metales preciosos, bolsas de especias, billetes de papel, monedas de oro, entre otras. Y, como cuenta Silvio Santamarina en su ópera prima, es también una manía bien rioplatense, que viene desde los tiempos en que San Martín ajustaba las cuentas patriotas con una firmeza envidiable para los amantes del recorte del Estado o en los que el virrey Sobremonte huía con un carruaje lleno de promesas.

(Lea también: Historia de la guita: esa obsesión de los argentinos)

Es que de eso trata “Historia de la guita”, el libro que acaba de sacar Editorial Planeta: de la búsqueda de ese gen latino, casi inalterable, del amor por, en latín, el “Argentum”. Además, el texto es un viaje atrapante al virreinato español, a los primeros años de independencia, a los chanchullos que hacían los fundadores de la patria para ganar un mango más o para gastar un mango menos.

Noticias: ¿Cuánto dice la plata de la sociedad que la usa, la atesora o la invierte? ¿Qué contenido político tiene el dinero?
Silvio Santamarina: El desfile de símbolos, rostros, animales, monumentos, paisajes, a lo largo de la historia demuestra que los billetes y las monedas, el cash, tiene un aspecto comunicacional muy claro, de soberanía y de relato ideológico de guerra entre facciones internas. Los economistas suelen tomar al dinero como un mero instrumento de intercambio, pero la historia, la antropología y la psicología demuestran que no es tan así. No es que el trueque fue primero y luego vino la guita a mejorarlo: los antropólogos sostienen que en realidad no hubo sociedades con puro trueque, y que el dinero convive con el trueque.

Foto: Marcelo Escayola.

Noticias: ¿Y en el caso rioplatense?
Santamarina: La guita en la vida de los primeros argentinos ocupaba un lugar muy emocional, bastante infantil. Teníamos obsesión por el tema, pero a la vez cierta culpa, cierto pudor pacato, probablemente heredado del catolicismo español, que lo convertía en un tabú. Por eso ese apego tan nuestro por los próceres que murieron en la miseria, como si ese mero dato de un momento de la vida fuera la garantía de que esa persona fue honesta y entregada a la causa patriótica siempre. Creo que esa ambivalencia perdura hasta hoy.

Noticias: En los últimos tiempos hubo un gran debate alrededor de los billetes: el nuevo Gobierno decidió reemplazar a los próceres por animales.
Santamarina: Esta polémica por los animalitos tiene un antecedente histórico. Durante la primera mitad del siglo XIX, e incluso después, abundaron los billetes con motivos zoológicos: vacas, ovejas, avestruces y otras bestias de nuestro folclore. Incluso se filtró algún canguro por ahí, porque muchos billetes se encargaban a imprentas extranjeras, y ahí les ponían los dibujitos que ya tenían grabados en sus placas. Ahora, en los comienzos de la patria, era lógico que no hubiera próceres locales para retratar. Pero es llamativo que hoy, con dos siglos de historia, la Argentina no muestre próceres en su moneda. No sé si está bien o mal, pero es claro que se trata de una postura oficial respecto del peso y de la calidad de los debates históricos durante la era K.

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Noticias: ¿Por qué la investigación sobre la plata y no sobre economía, como se suele hacer?
Santamarina: Hay mucho escrito sobre la economía nacional, pero casi siempre se habla de la macro: parece que queremos hablar poco de la plata en manos individuales, de seres humanos concretos, sean pobres o ricos, próceres o funcionarios olvidados, argentinos reales escondiendo o derrochando guita. Esto no es un tratado de economía ni de historia económica, más bien todo lo contrario. Son puras anécdotas picantes para abrir el debate, para que hablemos mejor de dinero, no más, sino más oportunamente, y con menos prejuicios, miedos ni fantasías inmaduras. Si todo eso fuera posible, claro. El libro ni siquiera es sobre los próceres: el protagonista es el cash. De hecho, hay muchas historias de argentinos de a pie, pícaros de baja estofa, gente común que por algún motivo quedó en los archivos de la historia dineraria nacional. De todos modos, no faltan anécdotas de próceres. Me interesó mucho la dureza de los ajustes de San Martín como administrador durante su campaña libertadora continental: hoy el ajuste suena a mala palabra de líder mezquino, pero ajustar fue una táctica clave del Libertador. También me llamó la atención el dato de que el tan odiado virrey Sobremonte, el que huyó con el tesoro público cuando invadieron los ingleses, no quedó tan mal parado en la memoria histórica cordobesa, que lo tiene catalogado como un muy buen administrador antes de que fuera virrey y estaba a cargo de Córdoba.

Noticias: ¿En el siglo XX empezaste a trabajar? ¿Hay segundo tomo?
Santamarina: En la búsqueda bibliográfica y de documentación histórica sobre el siglo XIX, fueron apareciendo temas para trabajar sobre el siglo XX hasta la actualidad… es casi cantado que el relato debe continuar en otro libro. El trabajo igual será diferente, entre otras cosas porque habrá disponibles fuentes vivientes para entrevistar.

Noticias: De todos los billetes y monedas que estudió, ¿cuál es tu preferido?
Santamarina: El peso de 1827 con la cara de George Washington, el primer prócer que aparece en billetes argentinos, sólo que se trata de un padre de otra patria, no de la nuestra. Más allá de la anécdota, me interesó el costado semiótico del tema, el dinero como un signo que parece muy palpable, con un valor evidente, pero que en el fondo no vale nada, es casi papel picado. Esa dualidad de sentido y la universalidad de la obsesión monetaria siempre me atrajeron, como una ventana para espiar las entrañas de la condición humana. Además, dicen que la mejor manera de nunca ganar guita es volviéndose un estudioso del dinero.

Noticias: ¿La historia la escriben los que controlan el dinero?Santamarina: Luego de estos tres años de investigación no me quedó tan claro que el dinero respondiera a un control centralizado. Al contrario, si algo caracterizó las primeras décadas de la Argentina fue la anarquía monetaria. Y ese caos parece que sigue, ¿no?