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Opinión, Política / 25 de noviembre de 2018

Superclásico del terror: el que paga, pierde

La autocrítica del Jefe de Gobierno es mejor que la nada, pero el sentido común debe ser preventivo y no una obviedad electoralista.

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Fueron 20 días de debate tenso y preparativos (supuestamente) intensos. ¿Cómo no vamos a poder garantizar un partido de fútbol sin visitantes, si garantizamos un G20 con visitantes tan ilustres y poderosos? Pues bien: los tristes resultados indican que no podíamos lo primero. La intención de estas líneas nada tiene que ver con poner en duda lo segundo. Sólo dejemos asentado que fue el Gobierno quien planteó aquel argumento “tranquilizador” que, en realidad, terminaría siendo una promesa vana más.

La autocrítica de Horacio Rodríguez Larreta estuvo muy bien. Alguien debía hacerse cargo de semejante papelonazo de trascendencia mundial. Pero no alcanza. Hacerse cargo, sobre todo en materia de seguridad, implica prevenir. Garantizar es ver antes. Decir ahora que algo salió mal y se identificará a todos los responsables resulta una tremenda (y tardía) obviedad. La conducción política, hoy, dejó una vez más de serlo para convertirse en especulación judicial.

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El país entero vio lo que no se pudo garantizar: que un ómnibus transite 5 kilómetros y llegue a destino.

Se especula ahora con que la barra de River, allanada horas antes (secuestro de 300 entradas y $7 millones mediante), tal vez montó una especie de “operación venganza”. ¿A ningún jefe policial se le ocurrió que podría pasar? ¿A ningún jefe político se le ocurrió que a ningún jefe policial se le ocurriría? Esas bandas mandan en los clubes y en la calle. Todos los conocen. El PRO es el partido político con más dirigentes de fútbol en sus filas y en cargos altísimos de toda la historia nacional.

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De algún modo, resulta lastimoso el argumento de que “este operativo estuvo a cargo de la Policia de la Ciudad asistida por fuerzas federales y el operativo del G20 será exactamente al revés”. La seguridad porteña seguirá en manos de esos que el propio lenguaje oficial considera, con indirectas, unos inútiles.

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Ahora se buscarán culpables. Quién pierde. Ya hay perdedores claros: quienes compraron sus entradas, llenaron el Monumental, lo vaciaron y volvieron un día después para que les digan “hoy tampoco”. Son el símbolo de para quién gobiernan quienes gobiernan. El que paga pierde. Y el crimen no paga.

 

*Jefe de redacción de NOTICIAS.