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Economía / 11 de diciembre de 2018

Expectativa y realidad de los acuerdos económicos de Argentina en el G20

El Gobierno firmó más de 50 pactos, la mayoría con China y EE.UU. De las intenciones a la concreciones. Japón podrá recurrir al Ciadi.

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En junio de 2012, otro país latinoamericano organizó con éxito una cumbre del G20: México. Nadie dudó que fue un logro de la política exterior del entonces presidente Felipe Calderón, del conservador Partido Acción Nacional (PAN). Ningún disturbio ocurrió. Pero al mes siguiente el PAN quedó tercero en las elecciones presidenciales y volvió al poder después de 12 años el Partido Revolucionario Institucional (PRI), en tiempos en que la pobreza aumentaba hasta afectar a 53,3 millones de mexicanos, o 45,5% de la población total.

No es el destino con el que sueña Macri después de su destacado desempeño como organizador del G20. Espera que se materialicen los más de 50 acuerdos que firmó con los 17 líderes con los que se reunió en privado. Si no hubiese sido local, la Argentina no habría podido concertar tantos encuentros y pactos bilaterales. Se habla de miles de millones de dólares, sobre todo de EE.UU y China, pero habrá que esperar.

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“Con todos estos acuerdos no cambio ni el tercer decimal de mi pronóstico de decrecimiento para 2019”, afirma un economista del PRO que prefiere guardar el anonimato. Vaticina una caída del PBI del 1% o 2% en el año electoral. “Muchas son cosas que ya se habían firmado antes, pero que los diplomáticos reflotan para la ocasión”, desconfía el interlocutor.

Pablo Rueda, del estudio de abogados Martínez de Hoz & Rueda (MHR), opina que estos pactos “abren caminos para que negocios se lleven a cabo, son excelentes oportunidades, pero no definitivos”. Por ejemplo, las cartas de intención de créditos que firmaron Washington o Beijing para las retrasadas obras de rutas con participación público-privada (PPP) “demoran como mínimo nueve meses hasta que llega el dinero porque hay que definir el esquema de financiamiento, en el que la garantía es el proyecto mismo”, advierte Rueda.

Swap. Pero veamos qué fue lo más sustancioso de lo que la Argentina consiguió en el G20. El presidente del Banco Central, Guido Sandleris, firmó con su par chino, Ji Gang, la tercera ampliación del swap (canje) de monedas que pactaron ambas entidades por primera vez en 2009. El monto del convenio alcanzó US$ 8.600 millones. ¿Sirven para robustecer unas reservas del Central que sólo en noviembre pasado cayeron en 2.762 millones, un 5%, hasta 51.193 millones? “El swap sirve para darle músculo al Central como política anticrisis y para morigerar inestabilidad cambiaria, pero ahora el FMI no te deja usar las reservas”, advierte uno de los negociadores de los anteriores canjes que los K pactaron con China.

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“El FMI no te deja contabilizar los yuanes que te entren como reservas”, agrega el escéptico economista del PRO. El último presidente del Central en el kirchnerismo, Alejandro Vanoli, destaca el nuevo pacto: “Cuando lo firmamos nosotros, algunos decían que eran papelitos de colores… Pero te genera un mayor número de reservas brutas y te permite pagar en yuanes importaciones chinas, cambiarlos a dólares y hacer otros pagos. El tema es que las reservas siguen bajando y, más alla del ‘carry trade’ (bicicleta financiera) temporal y el préstamo del FMI, no hay mucho más para recomponerlas”.

El secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, firmó un “convenio marco” con la china Sinograin en el que esta “expresa su interés” en comprar en la campaña agrícola 2018/2019 porotos de soja por hasta 3 millones de toneladas y aceite de la misma oleaginosa por hasta 400.000, lo que equivale en la actualidad a entre 1.100 y 1.500 millones de dólares. Aún falta camino por recorrer hasta la adquisición concreta. El vicepresidente de la comercializadora de granos Panagrícola, Ricardo Baccarin, opina: “Estos convenios son más para la foto que otra cosa. Lo importante es contar con una buena campaña. Lo demás llega solo”.

Etchevehere, en cambio, rescató el legado del G20, en diálogo con NOTICIAS: “La cumbre graficó lo que pregona el presidente Macri: una Argentina abierta al mundo, una clara reinserción en el comercio internacional”.

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En el plano de las concreciones está el “contrato” que el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, firmó con la estatal China Railway Construction Corporation (CRCC) para poner en marcha la reactivación del ferrocarril San Martín Cargas, que va de Rosario a Mendoza, con una inversión de US$ 1.089 millones. En 2017, Dietrich había firmado un “convenio” con CRCC, pero entonces el proyecto iba a ser de 2.400 millones. Con la obra, el transporte podrá reducir el costo a la mitad y duplicar su volumen en siete años.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, firmó una carta de intención con el Banco de Desarrollo de China para la creación de un fondo de US$ 1.000 millones para financiar el capital de trabajo (gastos operativos) de proyectos de comercio o infraestructura entre ambos países. El abogado Rueda aclara que, “salvo en EE.UU, donde una carta de intención es un compromiso legal para negociar un contrato y hay hasta juicios por incumplimientos, en China y el resto del mundo son sólo una manifestación de voluntad”.

EE.UU. Con EE.UU también se convinieron pactos con plata de por medio. Su Corporación para la Inversión Privada en el Exterior (OPIC, según sus siglas en inglés) rubricó con el canciller Jorge Faurie y el secretario de Energía, Javier Iguacel, una carta de intención por US$ 350 millones para que Tecpetrol, la petrolera del grupo Techint, y Transportadora de Gas del Sur (TGS, de los Mindlin, Sielecki y Werthein y del fondo PCT), construyan parte de un gasoducto de Vaca Muerta a San Nicolás, que en total demanda 2.100 millones.

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La OPIC firmó otra carta de intención con Faurie, Dietrich y la norteamericana Astris Finance para que intermedie en la financiación de US$ 250 millones para la mejora de una de las seis rutas con PPP, la 7, que va de Luján a Mendoza y que está en manos de Cartellone. La obra total requiere 631 millones. Dujovne selló otro “acuerdo de financiamiento” con el Banco de Desarrollo de China por US$ 236 millones para la compra de 200 vagones para el ferrocarril eléctrico Roca. No se confirmó la cifra, pero el diario El Cronista publicó que podrían conseguirse 200 millones para poner en marcha otra ruta por PPP, la 5, que conecta Luján con Santa Rosa.

Dietrich rubricó una carta de intención con una de las adjudicatrias de la obra, la china CCA, que está asociada con la local Green y que, según el Ministerio de Transporte, usará este documento como “primer paso del proceso de cierre financiero con los bancos y aseguradoras más importantes de China y otros bancos internacionales”. Allí figura HSBC, británico pero fundado en Hong Kong y Shanghai. La obra total necesita 989 millones.

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Faurie firmó además con el embajador de Japón, Noriteru Fukushima, el 59° pacto de protección de inversiones que rubrica la Argentina. Desde 2001 que la Argentina no firmaba un tratado así, que permitirá que firmas japonesas litiguen en tribunales internacionales como el Ciadi.