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Ciencia / 5 de mayo de 2019

GOT: las explicaciones científicas de mundo de fantasía, terror zombie, sexo y trampas políticas

¿Cómo explicar el aliento de fuego de los dragones de Games of Thrones? ¿Y los largos inviernos de Westeros? Hasta el acero valyrio tendría un símil en la Tierra. Los libros, escritos por científicas fanáticas de la serie, que analizan cada enigma.

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Alas y fuego. En la Tierra hay dragones, aunque no vuelan ni arrojan fuego. ¿Podrían, eventualmente, hacerlo? Lo que la ciencia sabe.

Desde que fuera estrenada en enero del año 2011, Game of Thrones o GOT es uno de los programas de televisión más populares de todos los tiempos. Nada menos que 17,4 millones de personas se sentaron frente a sus televisores, tablets y laptops el domingo 14 de abril para ver el primer capítulo de la última temporada de la serie. Política, fantasía, misticismo, brujería, mitología, sexo, terror, todo se une en la historia. Y, aunque cueste creerlo a primera vista, ciencia, mucha ciencia en forma de ficción… y no tanto. Tanto de la vida real hay para analizar que científicos de diferentes disciplinas, a lo largo de estos años, han estado tratando de hallar parecidos y diferencias entre GOT y el mundo cotidiano, la evolución del planeta y hasta la historia política y económica de los seres humanos.

Para empezar por el principio hay que ir por los dragones. Ellos, que forman parte de miles de historias de fantasía y ciencia ficción, en GOT tienen un lugar central y características muy especiales. De hecho, en la Tierra real los dragones existen, en Komodo (Indonesia), no vuelan ni respiran fuego, pero son muy estudiados por biólogos y especialistas en comportamiento animal. Estos dragones terrenales tienen un carácter solitario pero, si las condiciones están dadas, buscarán reproducirse sexualmente. Una vez que se aparean, y si hay descendencia, los machos dejan a la hembra sola con los huevos y siguen su camino. Y, a su vez, lo mismo harán ellas una vez que los mini dragones salen del cascarón: desde el día uno ellos tendrán que tratar de sobrevivir por sí mismos. Pero en la historia de los dragones de Komodo no todo es tan simple: en el año 2006 científicos que trabajaban en un zoológico descubrieron que una hembra puede llegar a reproducirse asexualmente, sin haber tenido contacto alguno con un macho. Esto ocurre a través de lo que los científicos denominan “partenogénesis”, que siempre da como resultado el nacimiento de dragones machos. Sin embargo, y según sean las condiciones ambientales del entorno, puede suceder que algunos proyectos de dragón cambien su sexo antes de eclosionar de los huevos… como en Game of Thrones.

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Ahora bien, algo que muy particular en la historia de Daenerys y sus dragones es el tiempo en el que los huevos estuvieron en estado de “espera”: 150 años. La ficción tiene una base de realidad, limitada, pero real al fin, porque los huevos que eclosionan después de un largo retraso no son del todo desconocidos en nuestro mundo.

Los huevos de reptiles pueden experimentar un desarrollo embrionario detenido -explica Helen Keen en su libro “La ciencia de Games of Thrones”-. El término hace referencia a un reptil que, en sentido figurativo, presiona el botón de pausa en su propio desarrollo y espera hasta que lleguen condiciones ambientales más favorables”. Los científicos creen que hay dos factores que contribuyen a esta situación. Es algo que ocurre con los huevos de cáscaras muy gruesas, y con los hijos que no reciben mucho cuidado de los padres. Hay que aclarar que esta pausa en el desarrollo de los reptiles solo dura hasta un año, no 150 como en el caso de los dragones de Daenerys.

Cierto es que en el siglo XXI no hay dragones voladores. Pero alguna vez hubo seres que podrían haberse parecido a ellos: hace casi 70 millones de años. Investigadores encontraron, por caso, restos fosilizados de Quetzalcoatlus northropi, un pterosaurio enorme con una envergadura estimada de 10 metros y un peso aproximado de hasta un cuarto de tonelada en Texas, Estados Unidos.

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Aunque el fuego dragónico es lo más complejo de todo el asunto porque no existe en la realidad, tampoco es completamente ajeno. “Tenemos un equivalente mucho más pequeño, aunque funciona en modo reverso -advierte Keen-. El escarabajo bombardero rocía una mezcla de químicos calientes y nocivos de su abdomen cuando se siente amenazado. Almacena dos compuestos (peróxido de hidrógeno e hidroquinona) en su cuerpo, mezclándolos con agua y enzimas catalíticas en una cámara interna separada para crear un rocío impío, gaseoso, explosivo”.

Por otro lado, hay muchos animales que producen flatos inflamables. Los rumiantes, con sus estómagos múltiples llenos de bacterias creadoras de metano, llevan la delantera: una vaca puede producir entre 250 y 500 litros de metano altamente inflamable al día y la mayor parte de esto se elimina en forma de gases. Aunque no sea muy probable que pueda voltear muros de hielo.

El invierno que viene. Una de las diferencias más distintivas entre el mundo de Westeros y el terrestre es la duración de las estaciones. Al comienzo de la serie los personajes están inmersos en medio del verano más largo de la historia, que se extiende por más de diez años. Y hay algunas teorías, basadas en la ciencia, que podrían explicar estas estaciones extendidas. De hecho, investigadores del Instituto Cabot de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, crearon un modelo climático para tratar de explicar el caótico comportamiento de las estaciones que gobiernan los destinos en los Siete Reinos y más allá.

“Comenzamos la investigación presentando evidencia observacional de varios manuscritos antiguos de la Biblioteca de la Ciudadela, y luego, con la ayuda de un Modelo Climático, presentamos una teoría para el cambio de estaciones en función de las variaciones en la órbita del planeta alrededor del sol -explican los autores del paper, que aparece firmado, en homenaje, a nombre de uno de los más queribles personajes de la serie, Samwell Tarly-. Luego exploro las consecuencias de esta teoría para fenómenos como los probables ataques de hordas de dragones invasores de Essos, el dominio de los mares por parte de la Flota de Hierro, las zonas de hibernación de los Caminantes Blancos en verano y las rutas de comercio entre Westeros y las ciudades libres a través del Mar estrecho”. Y llevan el asunto a la vida terrestre actual: “Luego de esto, comparamos el clima de varias regiones en el mundo de GOT con otras de la Tierra “real”. Así, hallamos que el clima de la gran pared construida para frenar a los muertos en invierno se parece mucho a la de Laponia en Suecia / Finlandia, y Fairbanks, Alaska, mientras que el clima de Casterly Rock, hogar de los intrigantes Lannister, se asemeja al de Changsha en China y a Houston, Texas”.

Los autores del paper hacen una predicción de la “sensibilidad al clima” del mundo de GOT, la cantidad del calentamiento global que se produciría si las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera se duplicaran debido al aumento de dióxido de carbono, las emisiones de metano de los dragones y el exceso de de incendios forestales. “También mostramos que este calentamiento estaría acompañado por un aumento del nivel del mar que podría llevar a la inundación de ciudades costeras, incluyendo las afueras de King’s Landing”, resume el documento, titulado “El clima del mundo de Game of Thrones”.

Y hay más explicaciones científicas para las extrañas y largas estaciones de GOT. La primera de ellas es la actividad volcánica: en el momento en que se desarrolla la historia, quienes viajan a las ruinas de Valyria pueden ver nubes de ceniza y cielos que brillan en rojo, indicadores de actividad volcánica pasada y actual. Y sí, de acuerdo con la ciencia moderna, es factible que eventos de ese tipo cambien el clima en todo el mundo si son lo suficientemente destructivos. La erupción del volcán Krakatoa, en 1883, modificó los patrones climáticos de lugares tan lejanos como Inglaterra, creando mini inviernos.

Dureza. Thomas Douglas, químico ambiental especialista en nieve y hielo en el Laboratorio de Investigación e Ingeniería de las Regiones Frías del Ejército de los EE.UU en Alaska cree que los volcanes podrían ser la causa principal del caprichoso clima de Westeros. Para Douglas, las formaciones rocosas de Deccan Trap en la India fueron causadas por la actividad volcánica ocurrida hace 66 millones de años, durante erupciones que duraron 30.000 años. “Las emisiones llevaron a la atmósfera gases y partículas que sumergieron a la Tierra en el invierno durante años”.

Las estaciones que duran más de lo esperable también podrían ser el resultado de meteoritos o impactos de asteroides. Si el planeta en el que Westeros reside fuera atravesado por un cinturón de asteroides durante su órbita, podría experimentar múltiples ataques masivos de meteoros que podrían provocar la aparición de esos inviernos y veranos tan prolongados.

Y también, consideran los científicos, hay que tener en cuenta posibles alteraciones en los ciclos de rotación y traslación de la Tierra.

El acero de Valyria puede ser ficticio, pero existe una contraparte en la vida real: el acero de Damasco, conocido por su alto contenido de carbono. El secreto de cómo se formó quedó perdido en la historia pero hace unos años científicos alemanes extrajeron una muestra de una hoja de acero de Damasco y encontraron nanotubos de carbono en el borde afilado. Probablemente se formaron como resultado natural del proceso de fundición, que fortaleció el acero.

“Cuando se hacían las espadas, a menudo se apagaban con la orina de los niños pelirrojos -explica la física Rebecca Thompson-. El ácido en la orina grabó todo el material y expuso los nanotubos de carbono”. Hipótesis, reuniones de guionistas y productores con científicos para volver lo fantástico casi real.