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Personajes / 31 de julio de 2019

Julián Weich: “Mi misión es ayudar a los que ayudan”

Solidaridad a toda hora, hijo hippie y ser tutor de jóvenes de Mozambique. Regreso a la TV, críticas y entretener las noticias.

Foto: Marcelo Escayola.

“No me molesta esperar, puedo esperar una eternidad”, dice Julián Weich cuando recibe a NOTICIAS en el bar Möoi Al Río, en Vicente López, horas antes de salir al aire con su programa, “Noticia y ½” (LN+).

Empático, sencillo, directo y esencialmente solidario, Weich es embajador de Unicef, colabora con varias ONG, conduce eventos a beneficio y tiene su propia empresa solidaria, llamada Conciencia.
“Me gusta comunicar cosas positivas que transformen a los otros. Lo que hago público y laboral tiene que tener un impacto social. No me gusta hacer cosas sólo para mi beneficio. No concibo la vida de otra manera”, enfatiza el conductor. “Nunca estoy cansado, no tengo límites. Cuando uno descubre cuál es la misión de su vida, ahí empieza a hacer su vida. Mi misión es ayudar a los que ayudan, a las organizaciones, a los que me preguntan cómo armar una ONG, a los que quieren ayudar y no saben”.

Noticias: ¿Cuándo empezó a tener conciencia social?
Julián Weich: Me eduqué en una familia muy gaucha, siempre estaban atentos al que tenía un problema o le faltaba algo. Mi papá se crió en un conventillo y mi mamá venía del campo, de la pobreza total. Nunca perdieron el poder mirar al que menos tenía y me lo transmitieron. Después, con “El agujerito (sin fin)” tomé conciencia del poder de los medios y empecé a dar mensajes positivos.

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Noticias: Contó que tuvo una infancia difícil.
Weich: Terrible, aunque no me pasaba nada terrible, tenía una vida y una familia normal. Pero sufría por mi exceso de sensibilidad. Podía ver lo que no se decía y me hacía daño.

Noticias: ¿Cómo pudo canalizar esa sensibilidad?
Weich: Cuando decidí ser actor, a los 19. Empecé a ser conocido y fue una revancha contra los que me habían hecho daño, aunque no había nadie alrededor que realmente me hiciera daño. Fue como empoderarme. “Me hiciste daño, ahora soy famoso”. Duró poco. A los 23 estaba casado y a los 24 era papá y eso se diluyó.

Noticias: ¿Cómo llegó a ser embajador de Unicef?
Weich: El vínculo comenzó cuando se hizo “Todos por los niños”, en el ’92, en cadena por los cinco canales. Conduje un pedacito de “El agujerito”. Al año siguiente se hizo sólo por El Trece y me eligieron como conductor.

Noticias: ¿Qué implica su rol?
Weich: Hablar de Unicef, conducir eventos a beneficio, grabar spots, pedirle a la gente que done dinero, viajar por el país. Además conduzco Unicef Uruguay hace 19 años.

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Noticias: ¿Por qué surgió su propia empresa solidaria?
Weich: Con mi mujer y un amigo inventamos Conciencia en 2013 porque siempre me llaman para juntar plata para distintas ONG. Hago 30 eventos gratis por año. Entonces inventamos un producto para vender sin necesidad de un evento. Empezamos con agua mineral y ahora vendemos arroz, tomate en lata, pastas y agua con gas. Estamos en supermercados, American Airlines, estaciones de YPF y muchos lugares. Somos cuatro socios y al cierre del año, después de pagar impuestos y sueldos de tres personas, el 50% de lo que queda va para cuatro organizaciones –Ruta 40, Techo, Fundación Huésped y la Cooperadora del Hospital de Niños– y el otro 50% se reinvierte en la empresa.

Noticias: Hablemos de televisión. Es muy crítico. ¿Cuáles son sus peores pecados?
Weich: Faltarle el respeto al televidente. La peor frase que puede decir un productor es: “Es lo que la gente quiere ver”. Me da vergüenza. Es como decir: “Son idiotas, ven esto”. Hay que ser respetuoso y cuidadoso de lo que se expone. La tele no tiene que educar, pero tampoco maleducar.

Noticias: ¿Cuál es su límite por un punto de rating?
Weich: La vergüenza ajena. Me sale naturalmente, no pienso si me conviene, si va funcionar, si es negocio, enseguida digo no.

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Noticias: ¿Y qué cosas le dan vergüenza ajena de lo que ve?
Weich: Cuando se nota que hacen las cosas por rating. Cuando los noticieros exageran las noticias porque están midiendo bien. Por qué gritan los periodistas, por qué actúan, por qué se regodean con lo terrible.

Noticias: Cuando salió al aire “Quién quiere ser millonario”, con Santiago del Moro, criticó que se eligieran a los participantes por sus historias de vida. Dijo que todo estaba digitado y que era alevoso.
Weich: Elegido adrede para que cause algún efecto. El formato está buenísimo, lo hice hace veinte años, el tema es qué buscás. Es lo mismo que los noticieros o cuando algo se hace por el rating y no por el contenido. Nunca hice nada con alguien con un problema de salud. Sólo lo haría si supiera que al final del programa puedo solucionarle su problema.

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Noticias: ¿Por qué no está en la televisión abierta?
Weich: No me llaman y no hay proyectos que me gusten. No es mi momento o por ahí ya fue. Lo que sí me gusta de la televisión abierta es que potencia los mensajes sociales.

Noticias: ¿Cómo se siente conduciendo un programa en un canal de noticias y entretenimientos?
Weich: Muy cómodo porque estoy rodeado de periodistas, no son panelistas que opinan de la actualidad. Comentamos la información, opinamos, hacemos chistes, entrevistas. Lo que hacemos es entretener la noticia.

Noticias: También es fanático del rugby.
Weich: Sí, jugué en Obras Sanitarias y en Alumni hasta los 20, es un deporte socio-formativo impecable. Por eso colaboro con Rugby Sin Fronteras, Espartanos, Botines Solidarios y la FUAR.

Noticias: Con la fundación Espartanos tiene un vínculo estrecho.
Weich: Hace dos años hice cumbre en el Aconcagua con un ex espartano, Ezequiel Baraja, a beneficio de la fundación Baccigalupo. Espartanos está en treinta y pico de cárceles y trabaja con cuatro líneas –rugby, educación, espiritualidad y oficio– y tenés que cumplir esos requisitos para ser espartano. Además, les consigue trabajo cuando salen en libertad. La reincidencia de los presos es del 70%, de un espartano, 5%. En el penal tienen sus pabellones, sus aulas, no se drogan, no hay violencia, autorregulan la convivencia. Colaboro seguido en la UF 48 de San Martín. También trabajo hace años con Fátima, escuela de sordos-ciegos. Increíble lo que hace y lo necesaria que es.

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Noticias: ¿Es una persona espiritual?
Weich: Muy espiritual. Hago yoga, reiki, terapia, rezo, soy vegetariano. Cuando lográs un alto nivel de autoconocimiento, tenés una vida más espiritual.

Noticias: ¿Cómo es su familia?
Weich: Estoy casado con Bárbara Esses hace veinte años. Tenemos un hijo, Tommy (15), y tengo tres hijos de mi primer matrimonio –Iara (29), Jerónimo (25) y Tadeo (20)–. Jerónimo es hippie. Vive en una comunidad en Río Ceballos, se autosustenta, no está abrazado a la tecnología y viaja por el mundo como puede. Es libre y feliz y me enseña muchas cosas. Además, están Jossias (25) y Larcio (30), dos chicos de Mozambique que adoptamos.

Noticias: Sí, una linda historia. ¿Cómo los conocieron?
Weich: Con Bárbara fuimos al Vaticano a colaborar con Scholas (red de escuelas patrocinadas por la Iglesia Católica). Conocimos al Papa y a Juan Gabriel Arias, cura que misionó en Mozambique. Nos contó que había traído dos chicos, que no tenía a quién dejárselos y nos lo propuso a nosotros. No quería porque con mis hijos ya tenía bastante, pero mi mujer insistió y terminamos siendo sus tutores.

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Noticias: ¿Cómo fue la experiencia familiar?
Weich: Increíble. Muy natural, se fue dando sin presiones, hasta fuimos de vacaciones todos juntos. Les alquilamos un departamento cerca de casa y estudiaron Política Internacional y Relaciones Exteriores en la UCA. Larcio ya volvió a Mozambique y va a dar allá las materias que le faltan y Jossias se está recibiendo acá.

Noticias: ¿Cómo ve el país?
Weich: Igual, siempre hay gente que ayudar. Los políticos dicen que uno de cada dos chicos es pobre. ¿Ahora se dan cuenta? Dan vergüenza. Lo digo hace 27 años. La mitad de los chicos es pobre y la mitad de los pobres son chicos. Si bien no me gusta la pobreza y la desocupación, siempre veo el vaso lleno porque me ocupo de llenarlo cada vez más.

Cecilia Escola
Fotos: Marcelo Escayola.