Que se llame “Evil Dead” es lo de menos, a esta altura, la marca creada por Sam Raimi hace casi medio siglo es apenas un sello. Lo que hay es una película de terror que tiene en la base -como muchas de hoy... ¿No habría que analizarlo?- la imposibilidad del duelo y las dificultades de las relaciones familiares. Pero en el fondo es un ejercicio de estilo (a veces vertiginoso) con algún que otro momento virtuoso. Y sustos, muchos sustos. Alguno con ingenio.
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