Jueves 1 de diciembre, 2022

COSTUMBRES | 03-01-2022 14:04

Malbec: ¿Cuál es el futuro de la cepa más argentina?

Los autores del libro "Malbec. Mon amour", Laura Catena y Alejandro Vigil, cuentan la historia y los mitos alrededor de la variedad que nos identifica en el mundo.

A mediados de la década del 2000, el malbec comenzó un auge de exportación y ventas que lo llevó a la tapa de todos los medios especializados. Y a la par de esa difusión, se le asoció el inevitable término de “moda”. “Fue horrible, porque hablar de una moda es hablar de algo que inevitablemente va a pasar. Me escandalizaba pensar que la cepa que plantó mi bisabuelo en 1902 y que hizo conocer al país era tomada como algo pasajero”, cuenta Laura Catena, bisnieta de Nicola Catena, fundador de la bodega homónima y además reciente coautora, junto al enólogo Alejandro Vigil, de “Malbec mon amour” (Catapulta), un libro que recorre de forma precisa y exhaustiva la historia, geología, futuro y desafíos de esta cepa icónica.

Malbec mon amour

 

Combatir la herejía

Dos décadas después de ese auge inicial de exportaciones y ventas, esta variedad sigue dando que hablar y está más vigente que nunca. Según Catena, ya es una de las 10 grandes cepas del mundo, algo que no sucedía 10 años atrás. “En mi opinión es porque es simplemente muy rico, es como incluir un postre de chocolate en el menú, no falla”, describe. De carácter frutado pero diverso dependiendo la zona de cosecha, siempre tiene mucho aroma, gran textura y delicadeza en los taninos. “Es muy único, tiene potencia y suavidad al mismo tiempo”, apunta la especialista, cuyo amor por el malbec fue “in crescendo” a la par de sus libros, desde “Vino Argentino”, una guía publicada en Estados Unidos y con éxito mundial, a “Oro en los viñedos”, sobre las bodegas más icónicas.

Viñedos malbec

Prueba de este amor en crecimiento fue también la realización de la etiqueta de Catena Zapata Malbec Argentino, que rinde homenaje con su ilustración a la historia de la variedad en Francia y su posterior auge en el país, con cuatro figuras femeninas que representan los diferentes hitos. “Este modelo ha roto el esquema de una etiqueta clásica de vino”, se enorgullece.

Desde todos esos factores, entonces, así como el trabajo conjunto con Alejandro Vigil en la bodega, nació este libro, que para ambos autores ya no es tanto una necesidad de mercado como una urgencia. “Que el malbec sea una moda es una herejía”, sostienen. Y como la mejor forma de romper los prejuicios es ser disruptivo, su modo fue una suerte de manifesto ilustrado con mucho humor y frescura, en el que incluso jugaron con dos ilustradoras distintas para representar a cada uno. De hecho, la tapa, con Laura y Alejandro en un auto, refleja su modo de creación del texto, siempre hiperactivos y generando ideas en movimiento. Y el interior también tiene su vaivén: mientras la primera parte es de lectura sencilla y fluida, la segunda se torna un poco más técnica y específica. “Queremos que lo pueda leer desde un experto hasta un consumidor común”, detallan.

Laura Catena

Verdadero origen

Por lo pronto, es difícil hablar del malbec como moda cuando se trata de una cepa con más de 2000 años de historia. Porque aunque el imaginario popular argentino la ubique como invento criollo, lo cierto es que esta variedad está extensamente documentada en la historia vitivinícola de Francia. Según estudios de ADN realizados en 2009 en dicho país, la cruza de cepas que dio origen al malbec probablemente haya ocurrido a orillas del río Lot, en la región de Cahors, tal vez antes de la conquista por parte de las legiones romanas o bien durante la Edad Media. El libro cuenta que fue gracias a la reina Eleonora de Aquitania (1122-1204, la única mujer que llegó a ser reina de Francia e Inglaterra) que las plantaciones de malbec se extendieron desde Cahors hasta los Pirineos y desde Saint-Émilion a Côtes de Bourg. Casada a los 15 años con quien sería Luis VII de Francia, “el vino negro”, como se empezó a llamar a esta cepa, fluía por sus cortes y se convirtió en la bebida de la realeza. Y para cuando años más tarde se divorció y renunció a la corona para casarse con Enrique II de Inglaterra, la influencia siguió por tierras sajonas.

Laura Catena y Alejandro Vigil

La historia que sigue es larga, e incluye la plantación de malbec alrededor de palacios, la instauración como el vino de la iglesia de la mano de Juan XXIII y la llegada a Rusia para curar las úlceras de un zar, entre otros hitos. El corolario, sin embargo, es un pie firme en el panorama de la viticultura mundial mucho antes de llegar a Argentina.

Esto recién sucedió a mediados del siglo XIX y gracias al gran Domingo Faustino Sarmiento. Admirador de la cultura de Francia e Inglaterra, en 1853 el prócer contrató al agrónomo francés Michel Aimé Pouget para que creara un vivero de vides en Mendoza, que se llamó Quinta Agronómica. “Pouget trajo consigo una carga importante de plantas y semillas de origen francés, como el cabernet, semillón, chardonnay, riesling y las primeras cepas de la variedad malbec”, detalla el libro. La semilla, literalmente, estaba plantada.

Malbec

Desafíos

¿Y a qué se enfrenta el malbec hoy? El próximo prejuicio a romper es aquel que sostiene que es una variedad que no se añeja tan bien como, por ejemplo, el cabernet sauvignon. Porque de acuerdo a recientes estudios, lo hace con un desempeño impecable. “Recientemente fui a una conferencia en Texas, la más importante de sommeliers de Estados Unidos, donde en una cata se decidió que el malbec añejaba mejor que el cabernet. Y esto fue porque tomaron malbec de la zona fría del Valle de Uco, con más taninos en las pieles por la intensidad solar, más acidez, más polifenoles”, detalla Catena. Así, el malbec del Valle de Uco podría ser un vino para añejar, tal cual las antiguas versiones de Francia. Ese es el próximo lugar a conquistar, así como convencer de su coleccionabilidad. “Me preguntan mucho qué vino se puede comprar cuando nazca un hijo, para luego abrir a los 18 o cuando se case. Hoy puedo decir que un puro malbec del Valle de Uco”, se enorgullece Laura.

Malbec

Finalmente, esta es una industria también muy sensible al cambio climático. En una cepa que absorbe y refleja de forma sumamente fiel el terroir, cambiando radicalmente con apenas unos kilómetros de diferencia, las transformaciones en la tierra y sus condiciones no son menores. Por eso, desde 2005, en Catena Zapata han comenzado a explorar otras regiones como La Rioja, Salta, San Juan o la Patagonia, en busca de empezar a prepararse para la falta de agua que se sabe que experimentará Mendoza en un no tan corto plazo. “Los malbec de otras zonas tienen un sabor muy diferente e interesante. Si bien no son del mismo nivel que el mendocino del Valle de Uco, tienen mucho futuro por descubrir y gran potencial”, apunta la autora.

Malbec

Aunque si se le pregunta por su terroir preferido y el que más disfrutó conocer en profundidad al hacer el libro, apunta sin dudarlo a Gualtallary. “No había viñedos en la zona de Monasterio. Cuando mi padre plantó le dijeron que no iba a madurar la uva y no iban a servir los vinos, pero los más premiados que tenemos hoy salen de allí. Así que sí, es mi preferido. Lo que fue casi imposible siempre queda cerca”.

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Vicky Guazzone di Passalacqua

Vicky Guazzone di Passalacqua

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