Claudio “Chiqui” Tapia cumplió 59 años y eligió celebrarlo en terreno propio. El presidente de la AFA compartió una serie de imágenes tomadas en el Predio Lionel Messi, en Ezeiza, donde recibió una torta, bengalas y saludos después de una jornada de reuniones con dirigentes del fútbol argentino. “Gracias compañeros”, escribió junto al carrusel.
La puesta en escena fue sencilla, pero elocuente. Tapia apareció con anteojos oscuros, sonriente y rodeado por integrantes de la conducción. En otras fotos se lo vio intercambiando abrazos y luego encabezando una mesa de trabajo de la Liga Profesional. El festejo funcionó como una postal de respaldo interno, el activo sobre el que el dirigente construyó su poder desde que llegó a la presidencia de la AFA en 2017.

La publicación, sin embargo, no incluyó nombres ni etiquetas de los asistentes. Tampoco la AFA difundió hasta el cierre de esta nota una nómina oficial de quienes participaron del agasajo. Por eso, más allá de las personas que aparecen en segundo plano, no es posible confirmar con rigor qué presidentes o representantes de clubes estuvieron presentes. La celebración coincidió con el regreso de River al Comité Ejecutivo tras seis meses de ausencia y con una agenda atravesada por sus reclamos sobre torneos, arbitrajes, ingresos y derechos de televisión.

La exposición forma parte de un movimiento más amplio. Desde el Mundial 2026, Tapia elevó de manera visible su perfil público: ocupó lugares centrales en los palcos, se mostró junto a Gianni Infantino y los futbolistas y amplificó en redes cada aparición. Esa estrategia tomó forma mientras las investigaciones sobre el manejo económico de la AFA volvían a poner a su conducción bajo presión.
El dirigente y el tesorero Pablo Toviggino fueron procesados en una causa por presunta retención indebida de aportes y contribuciones de la seguridad social. En paralelo, pesquisas en la Argentina y los Estados Unidos avanzaron sobre operaciones internacionales vinculadas con la entidad. La conducción de la AFA rechazó las acusaciones y sostuvo que existe una ofensiva política contra su gestión.
En ese contexto, Tapia ya dejó atrás el perfil bajo que había adoptado durante los primeros momentos del escándalo. El Mundial le ofreció un escenario de alto impacto y el cumpleaños volvió a mostrarlo en control de la escena, acompañado por su círculo dirigencial. La foto buscó transmitir normalidad, cercanía y poder: una celebración privada convertida en mensaje institucional.













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