Tuesday 23 de July, 2024

ECONOMíA | 21-01-2024 07:01

Precios vs. salarios: la carrera inflacionaria

La suba acelerada de precios acentuó el retraso salarial en ciertos sectores formales y en los informales, estatales y pasivos.

La cifra asustó tanto por su magnitud como por su proyección: el índice de precios mayoristas de diciembre medida por el INDEC arrojó una suba de 54%, más del doble del índice de precios al consumidor (IPC) anunciada hace una semana. Una primera lectura podría ser que los precios todavía no terminaron de trasladar toda la suba post devaluación o también que ya la habían anticipado. La cifra final de todo 2023 fue de 276%, bastante más que el 211% de los precios al consumidor. Todo indica, entonces, que en los próximos meses habrá mayor presión en el tramo minorista.

El lado B. La otra parte de la ecuación es la que podría morigerar estas alzas: los ingresos de la gente. La última estimación del JP Morgan sobre el crecimiento de distintas economías de la región, le pone un número rojo para 2023 (-2,1%) y también una proyección para el año en curso (-3%), con un eventual rebote para 2025 (+5,1%). Un contraste con lo que proyecta Brasil, que con módicos resultados arrancará 2026 con un 6,6% arriba del PBI de 2022. 

Esto quiere decir que recién en 2026 se llegará al mismo nivel de PBI que había en 2022 y probablemente haya que esperar hasta 2027 para igualar el ingreso por habitante de ese año. Un bache que ya impacta en los bolsillos y que se profundizará en las próximas semanas pero que el indicador más visible es la capacidad adquisitiva que se va erosionando con cada reajuste en los precios que estuvieron pisados directamente o con intervenciones más sutiles. Si bien el promedio de la suba del IPC es igualmente muy difícil de empardar para los sectores con ingresos fijos (asalariados y jubilados), para algunos sectores de hace particularmente una utopía poder correr a una velocidad de más de 210% anual.

Si tomamos un período más largo (por ejemplo, los últimos cuatro años) se puede observar con más precisión cuáles son los rubros que le “ganaron” al índice general y cuáles quedaron rezagados. De acuerdo con un reciente estudio de la consultora Invecq, de noviembre de 2019 a diciembre de 2023, el promedio del IPC subió 1.193% (o sea los precios subieron casi 13 veces) pero rubros como Indumentaria (+24%) y Restaurantes y hoteles (+20%) sacaron ventaja si los comparamos con los grandes “perdedores”:  Servicios en la vivienda (-56%), Comunicación (-40%) y Educación (-38%).

La dispersión es notable por tratarse de un lapso lo suficientemente amplio como para que se puedan haber corregido las distorsiones momentáneas. “El fogonazo inflacionario de diciembre era esperable. Apenas asumida, la nueva administración comenzó un proceso de realineamiento de precios relativos, en el que ajustó el tipo de cambio mayorista (+118%) y liberó algunos ítems regulados. De todas formas, aún queda camino por recorrer: la mitad de las categorías del IPC -y el dólar- mejoraron en términos relativos, mientras que otras agudizaron su rezago (adelanto) con relación al índice general”, describen en dicho informe.

A la sombra de la devaluación. Por eso, la corrección del tipo de cambio “oficial” al final de 2023 (empezando con la inmediata posterior a las PASO y culminando con el salto abrupto del 120% del 12 de diciembre) influyó claramente en el primer eslabón de los precios: los mayoristas y en especial en el rubro alimenticio, muy sensible a la evolución del dólar oficial. Pero al mismo tiempo, puso el reloj del taxi en marcha: con la promesa de devaluar “sólo” el 2% cada mes hasta marzo, la erosión del tipo de cambio real dependerá de la desaceleración de los precios, por un lado y de la afluencia de divisas, por otro.

Los estudios que monitorean la evolución de los precios pasaron a una frecuencia semanal su análisis ya que no sólo interesa el resultado a fin de mes sino también cómo se proyecta en función de los movimientos cada siete días. Eco Go, por ejemplo, que en diciembre tuvo una estimación superior al IPC oficial (28,9%) por ahora viene detectando en enero guarismos de entre 5,1% y 5,4% semanal. “La magnitud del salto inflacionario y su moderación dependerán de la escalada distributiva detrás, de la capacidad para sostener la promesa fiscal, de que el Banco Central siga comprando dólares, que la brecha cambiaria no escale y de la tolerancia de la política y la sociedad a la recesión que el esquema va a coordinar”, subraya la consultora en su último informe semanal.

Una foto previsible

Las consecuencias de esta estampida de precios se verán previsiblemente en la primera “foto” que la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) realice sobre el corte en diciembre pasado. Tradicionalmente, la dinámica inflacionaria sumerge a más hogares bajo la línea de la pobreza que tardan mucho más en emerger que su abrupta caída porque los ingresos reaccionan mucho más lento que los precios. Desde la Universidad Di Tella, el economista Martín González Rozada realiza una estimación de cómo van afectando estas variables (precios e ingresos) y así anticipa con mucha precisión lo que más tarde se comunicará oficialmente. Con los datos del último mes y siempre utilizando la metodología de la EPH, el “nowcast” que estima el porcentaje de personas que viven en hogares pobres, proyecta una tasa de pobreza del 42,8% para el segundo semestre de 2023.

El impacto final se verá en el segundo trimestre de este año, con más puja distributiva, principalmente para acomodar salarios bajo convenio, reclamos de estatales y de los jubilados por la caída dramática de sus ingresos. Además, hay un tema de ponderación. Para diciembre, “la tasa de inflación mensual que enfrentaron los hogares de menores ingresos fue de 26,1% mientras que para los hogares del 20% de mayores ingresos la inflación fue de 25,4%. Y comparando contra el mismo mes del año anterior fue de 216,4% para el 20% con menores ingresos y de 208,9% para los hogares de mayores ingresos”, explica González Rozada.

Según un análisis de Invecq sobre datos oficiales, desde 2011 del total de nuevos empleados, los privados formales sólo son el 7%, mientras que los formales estatales contribuyeron el 25% y los cuentapropistas e informales, 34% cada grupo. Lo relevante es que el impacto de la inflación sobre los dos grupos más numerosos es mucho mayor porque no tienen actualización de sus ingresos.

En esta particular carrera se halla la economía argentina: por un lado, intentando que el colchón del dólar oficial no se diluya antes que la promesa de una buena cosecha se haga realidad y comiencen a fluir los dólares en abril. Por otro, que las presiones de los precios no hagan ampliar demasiado la brecha cambiaria (está ahora en un 60%) y fuerce otra devaluación que genere otro salto del IPC. Y por otro que la recomposición de los ingresos amortigüe el vendaval monetario. Claro que la otra brecha se ampliará: el poder de negociación de los gremios que representan a los sectores con más productividad vs. los de ingresos fijos o jubilados, para los que, incluso, una actualización demorada les hace perder buena parte de su poder adquisitivo

En definitiva, esa locura sólo podrá detenerse cuando las cuentas fiscales dejen de presionar al tipo de cambio a través de un desequilibrio monetario y con ello a los precios. Según una estimación de Fausto Spotorno, en 2023 la emisión monetaria para financiar tanto el déficit fiscal como el déficit cuasifiscal llegó al 12% del PBI, igualando así el nivel registrado en 2020, año extraordinario por la parálisis productiva y la emergencia sanitaria.  Un verdadero “logro” que muestra los pies de barro de la economía argentina: haber generado nuestra propia “pandemia” económica en tiempos de normalidad.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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