Martes 2 de junio, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 18-05-2020 10:58

Más solo que Larreta en la cuarentena K

El jefe de Gobierno porteño empezó a recibir fuego amigo y enemigo por su posición frente a la pandemia que se ensaña con la Ciudad.

La impactante alianza de emergencia que el Coronavirus había forzado entre Horacio Rodríguez Larreta y el gobierno kirchnerista empezó a crujir en la última semana. Las primeras grietas las abrieron los intendentes K del Conurbano, que culparon al jefe de gobierno porteño por la aceleración de contagios en la zona metropolitana. El cuestionamiento escaló hasta el gabinete de Axel Kicillof, desde donde un par de ministros, de alto perfil cristinista, lanzaron dardos tóxicos contra el alcalde PRO. Y las muertes por Covid-19 de dos referentes sociales de la Villa de Retiro terminó de enrarecer el clima de aparente concordia entre oficialismo y oposición que se exhibe en las conferencias de prensa presidenciales por la cuarentena. Larreta empieza así su semana de mayor aislamiento político desde que arrancó la pandemia.

 

El gobierno porteño tiene responsabilidades en esta encerrona en la que se encuentra. Las desprolijidades que siguen apareciendo en las compras de barbijos contradicen el supuesto halo de eficiencia PRO. La logística sanitaria en las villas capitalinas no alcanza para prevenir contagios masivos ni para contener el descontento de los vecinos más vulnerables. La falta de agua corriente en plena pandemia quedó asociada a la confesada decisión porteña de no completar obras necesarias, mientras la empresa AySa deslindó responsabilidades gracias a la cintura ágil de su presidenta, Malena Galmarini, que aunque es amiga del matrimonio Larreta, jugó sus cartas políticas con frialdad calculada. 

 

Tal vez el Gobierno de la Ciudad pecó de ingenuidad en la última fase de la cuarentena al no mantener la coordinación que mostró en la etapa anterior con Kicillof. En el anuncio de la fase anterior, el capitalino y el bonaerense desoyeron el permiso presidencial para los paseantes, en una postura conjunta con otros gobernadores importantes. Pero en el último relajamiento propuesto por Alberto Fernández, se partieron las aguas: Larreta pisó el acelerador mientras Kicillof mantuvo el freno de mano. Ese desacople responde a diferencias demográficas, económicas y políticas de larga data entre ambos distritos: aunque estén demasiado interconectados, Capital y Provincia son muy diferentes.

 

Alertado por el tropiezo sanitario porteño, el kirchnerismo bonaerense aprovecha su poderosa influencia política en la Casa Rosada para vacunarse antes de que la pandemia estalle en las zonas rojas del Conurbano. Por las dudas, se armó una reunión de urgencia para hoy a la tarde entre el Gobierno nacional, el provincial y los principales movimientos sociales, algunos de cuyos líderes ya son funcionarios kirchneristas. La idea es que las organizaciones comunitarias traten de llegar rápido ahí donde el Estado no pudo o no quiso. Para ponerlo en términos de Daniel Gollán, el ministro de Salud bonaerense, que fue muy duro con la Ciudad: Gollán explica que ahora el plan es la prevención “activa” en las villas del Conurbano. Segun el ministro K, hasta ahora se venía cumpliendo una contención “pasiva”, lo cual podría decodificarse como que hicieron poco y nada. Pero el incendio viral que alarma a la Capital puso en guardia al kirchnerismo nacional y provincial.

 

Mientras tanto, Larreta corre el riesgo de convertirse en el chivo expiatorio de la peor etapa de la pandemia en la Argentina. Los optimistas del larretismo confían en la continuidad leal del apoyo presidencial, que en la semana pasada citó a Larreta para mostrarle los kits de testeo y hasta respaldó lo actuado por el alcalde porteño en una entrevista radial. También cuenta Larreta con el apoyo de los intendentes PRO del Conurbano, que se muestran más amigables que el ala dura de Juntos por el Cambio. La inminencia del pico de contagios y víctimas podría delinear más dramáticamente un escenario político respecto de la pandemia dividido en cuatro partes bien diferenciadas: albertismo, larretismo, cristinismo y macrismo. Y pasado el Coronavirus, ese juego de facciones sanitarias podría dejar secuelas en el futuro electoral del país.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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