Martes 2 de junio, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 13-05-2020 12:11

Alberto frente a la paradoja de Mauricio

La globalización como fantasma que convierte en pesadilla los sueños argentinos, el argumento cíclico de los oficialismos.

El macrismo todavía no se recupera del fracaso electoral de las últimas presidenciales. Mientras debate sus internas de sucesión, el PRO y sus aliados siguen explicando y explicándose las razones de la decepcionante performance económica de la gestión que encabezó Mauricio Macri. Aprovechando el río revuelto por el Coronavirus, Alberto Fernández mete la cuchara en esa herida sangrante que es el proceso de reconstrucción de Juntos por el Cambio: el blanco de sus nuevos dardos es María Eugenia Vidal, ícono favorito de la demonización cristinista desde la campaña electoral pasada. Pero esa estrategia es paradójica para el oficialismo.

 

Por un lado, es de manual que, para cualquier gobierno, construir al enemigo político puede ser un truco eficaz para derivar culpas de gestión actual y para intentar dividir a la oposición empiojando la reorganización de liderazgos. Pero también forma parte del manual de conducción política argentina que ese truco fue utilizado por el gobierno macrista contra el peronismo, levantando el perfil de Cristina Fernández para agrandarla como fantasma opositor: el resultado se está pagando hoy, con intereses.

 

De hecho, Vidal aprovechó el último sacudón albertista -que le achaca el estado de indefensión sanitaria bonaerense frente a la pandemia- para animarse a levantar un poquito el perfil, retomando el ensayo de sus viejos timbreos vecinales, pero ahora por videollamada. Y es muy discutible que al kirchnerismo le convenga embarrarse, en plena emergencia sanitaria, en un largo y embarazoso debate revisionista sobre las luces y sombras de las pasadas gestiones bonaerenses, que incluyen evidentemente a la del oficialista Daniel Scioli. En la Argentina, el pasado está lleno de prontuarios contagiosos.

 

Este gesto nervioso de Alberto Fernández de volver a reflejar su gestión en el espejo astillado de la administración PRO tiene lógica. No se trata de un error no forzado. Simplemente, el Presidente es consciente de que en el futuro cercano deberá gobernar con “la paradoja de Mauricio”: así como el PRO explicó la debacle de su plan económico por la crisis financiera que vino de afuera, al kirchnerismo le tocará argumentar algo similar, pero respecto del cisne negro viral que vino desde Asia y Europa para apestar las cuentas nacionales.

 

El escenario resulta paradójico por donde se lo mire. El oficialismo viene sosteniendo con entusiasmo que el Coronavirus demuestra que la Argentina tiene que volver a intentar “vivir con lo nuestro”. La “intelligentsia” cristinista le viene avisando a Alberto que la pandemia es una gran oportunidad para bajar muchas de las ventanas al mundo capitalista que, sin tantos logros contantes y sonantes, había abierto Macri: el reciente aislamiento preventivo respecto del Mercosur anunciado por Felipe Solá es un ejemplo de este viraje.

 

Al mismo tiempo, la globalización y sus peligros inesperados serán muy pronto -como terminó siendo para el macrismo- el gran enemigo a quien echarle la culpa por la recesión y el quebranto que se profundizan al ritmo de la cuarentena sin final. Los argentinos -como hicieron con Macri- le creerán a medias: por las dudas, seguirán ahorrando dólares sigilosamente, hasta que llegue el turno de volver a votar.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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