Wednesday 8 de April, 2026

ESPACIO NO EDITORIAL | 01-04-2026 09:46

LICENCIADA KARINA M. MOREA

“NO ES CANSACIO: ES AGOTAMIENTO EMOCIONAL”. No siempre se trata de estrés laboral ni de Burnout. Cada vez más personas describen una sensación persistente de cansancio que no se resuelve con descanso. ¿Qué es el agotamiento emocional y por qué se volvió un malestar frecuente? La Licenciada Karina M. Morea (Psicóloga Clínica y Psico oncóloga) nos explica de que se trata y como prevenirlo.

“Estoy cansado, pero no es físico”. La frase se repite en el consultorio con creciente frecuencia. No se trata necesariamente de jornadas laborales extenuantes ni de falta de sueño. El agotamiento emocional es una forma de fatiga psíquica que aparece cuando las demandas laborales, familiares, económicas o sociales superan durante demasiado tiempo la capacidad de respuesta de una persona.

A diferencia del cansancio corporal, este tipo de desgaste no mejora simplemente durmiendo más horas o tomándose unos días libres. Se manifiesta como irritabilidad, dificultad para concentrarse, sensación de estar desbordado, menor tolerancia a la frustración, trastornos del sueño y, en muchos casos, una pérdida del entusiasmo incluso frente a actividades antes gratificantes. Síntomas estos que llevan a muchas personas a la consulta médica en busca de medicamentos que les permita dormir con la ilusión de que mañana va a ser un mejor día.

Vivimos en tiempos de exigencia permanente: disponibilidad constante e híper conectividad, incertidumbre económica y social y una cultura que valora el rendimiento continuo en la era de la inmediatez, donde el descanso y la pausa se perciben como pérdida de tiempo; almorzamos mientras trabajamos o “en el mejor de los casos” almorzamos con la distracción de las redes sociales sin tener mucho registro de la pausa, de lo que comemos ni de saborear lo que comemos; comer se ha convertido en una tarea más a cumplir en el día. Muchos trastornos de la alimentación, hipertensión, colesterolemia, episodios de acidez, gastritis, úlceras están relacionados con la conducta alimentaria y cómo comemos, pero no sólo en cuanto a lo que comemos sino también al registro que tenemos de ése momento, Es decir, si el comer se ha convertido en una actividad más del día, su registro pasa a formar parte de una obligación más de ése día, todos los días y no como un momento de pausa y descanso en que algo del orden del disfrute y la distensión aparezca , con lo cual llegamos al final del día agotados, con la sensación de no haber parado un minuto.

A esto se suma la sobrecarga invisible del cuidado – hijos, padres mayores, responsabilidades domésticas- que muchas veces no se reconoce como fuente de estrés sostenido.

El problema no es sólo estar cansados, sino normalizar ese estado como si fuera inevitable, exponiendo al cuerpo y la mente a un estrés sostenido sin relajación. Cuando el agotamiento emocional se prolonga, puede derivar en síntomas de ansiedad, desgano generalizado, incluso cuadros depresivos.

Reconocerlo es el primer paso para generar un cambio de hábitos saludable, no sólo en la relación con nosotros mismos y nuestro propio cuerpo sino también con nuestro entorno y afectos.

En tiempos donde la exigencia parece no tener pausa, aprender a registrar los propios límites se vuelve una forma de cuidado personal imprescindible y necesario. Redefinir y construir hábitos saludables, reconociendo nuestro propio timing interno y aprender a poner límites, no solo en situaciones sino y sobre todo en los vínculos con el entorno, debe ser parte de una decisión personal y no como parte de las consecuencias tardías en la salud emocional y física. En este sentido, pedir ayuda profesional no es un acto de debilidad, sino de autocuidado y prevención.

Lic. Karina Mercedes Morea

Psicóloga clínica y Psico oncóloga.

Especialista en salud mental y acompañamiento emocional.

IG; @lic.karinammorea

 

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