Una empresa pequeña no es una empresa grande en tamaño reducido. Es otra cosa. Tiene otra dinámica, otra burocracia, otros tiempos y otra forma de tomar decisiones.
Durante los 12 años que llevo como consultor de pequeñas empresas, los desafíos que ayudo a resolver pueden agruparse en cuatro grupos: crecimiento, rentabilidad, gestión con menos desgaste y, en menor medida, retirarse de la operatoria para siempre.
Pero a esto se le suma un elemento que se pasa por alto en los libros de gestión que generalmente analizan grandes empresas: la subjetividad.
En las pequeñas empresas, la intencionalidad de quienes las crearon tiene peso propio. Porque es cierto que las personas que crean empresas quieren ganar dinero (si la empresa no gana dinero, cierra) pero casi nunca es lo único que quieren y pocas veces el dinero es lo más importante, porque importan otras cosas.
No es extraño encontrar a personas que están al frente de su empresa que buscan más tiempo libre para ocuparse de sus intereses, menos fricción operativa para que el trabajo se vuelva disfrutable y terminar el trabajo a una hora prudente.
En otras palabras: puede aceptarse ganar menos dinero. Lo que no se acepta es trabajar más de ocho horas, asumir ciertos riesgos o vivir bajo la inclemencia del estrés.
Por eso no hay una única manera de gestionar en pequeñas empresas y lo que está bien o está mal se vuelve más difuso. Aunque las herramientas sean las mismas, el enfoque es diferente.
Para decirlo de otra manera: dos clínicas veterinarias sanas de igual tamaño pueden tener formas diferentes de atender a sus clientes basadas en criterios subjetivos de dirección. Mientras una busca crecer y expandir sucursales, otra puede buscar establecer la relación desde la cercanía. Son dos modelos perfectamente funcionales que responden a intenciones diferentes.
No se trata de copiar lo que hacen las grandes y adaptarlo a la escala. Se trata de construir una empresa que permita a sus dueños vivir de lo que saben y les gusta hacer y que pueda sostenerse todos los días.
Lo más desafiante pasa por entender y aceptar la empresa que tenemos, saber qué empresa buscamos y empezar a trabajar en el camino que podemos realizar con los medios que tenemos al alcance.
Por eso no alcanza con facturar más a cualquier costo o implementar herramientas porque el mercado las usa. Se trata de saber qué vale la pena construir y cómo lo vamos logrando con lo que ya existe.
Una pequeña empresa no solo tiene que ser rentable. Tiene que ser un espacio que tenga sentido sostener y seguir construyendo.
Lic. Leandro Rivero
leorivero.com
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