Monday 1 de June, 2026

SOCIEDAD | Hoy 14:20

Alerta escolar: la palabra “suicidio” comienza a aparecer en edades más tempranas

Expertos advierten que cada vez más niños y adolescentes incorporan términos vinculadas al suicidio para manifestar angustia o frustración. El impacto de las redes sociales y la exposición temprana a contenidos violentos encendieron alarmas en la salud mental infantil.

La expresión “suicidio” dejó de ser un concepto ajeno en las infancias y adolescencias argentinas. Lo que antes era una expresión impensada en edades tempranas, hoy aparece con naturalidad frente al enojo, la frustración o la angustia. Para especialistas en salud mental, el fenómeno está atravesado por el impacto de las plataformas digitales, la sobreinformación y la exposición constante a contenidos violentos.

Las estadísticas oficiales muestran que el problema dejó de ser externo para convertirse en una emergencia de salud pública. Según datos del Ministerio Público Tutelar, el Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud y estudios de UNICEF, el suicidio se consolidó como una de las principales causas de muerte entre adolescentes en Argentina. En los últimos 25 años, la mortalidad por suicidio en jóvenes llegó a triplicarse y actualmente representa la segunda causa de muerte entre personas de 10 a 19 años. Solo en 2023, los menores de 20 años representaron el 11,6% de los suicidios registrados en el país.

Pero detrás de los números aparece otro fenómeno igual de alarmante que es la creciente circulación de la idea del suicidio entre niños y adolescentes que no necesariamente desean morir, pero sí encuentran en ese concepto una forma de expresar sufrimiento. El Ministerio Público Tutelar advirtió que desde finales de 2022 aumentaron las internaciones por riesgo suicida en menores, mientras que el Boletín Epidemiológico Nacional informó que entre abril de 2023 y octubre de 2025 se notificaron más de 22 mil casos vinculados al comportamiento suicida. El 94% fueron intentos que no terminaron en muerte, reflejando la magnitud del sufrimiento expresado antes de un desenlace fatal.

La psicopedagoga Candela Astudillo asegura que en la práctica clínica las expresiones relacionadas con “querer morir” o “matarse” aparecen cada vez con más frecuencia en edades tempranas. “Son expresiones que están socialmente más naturalizadas que antes. Ante situaciones de enojo, frustración o desgano empiezan a aparecer como parte de la normalidad”, explica. Para la profesional, el fenómeno obliga a repensar cómo la frustración, la autoexigencia y el contexto digital están atravesando a las infancias actuales.

En esa línea, Astudillo sostiene que “las plataformas ya forman parte de la crianza cotidiana y muchos niños logran incluso desactivar las restricciones parentales para acceder a contenidos que no son adecuados para su edad”, advierte. Según su análisis, los menores consumen de manera constante contenidos atravesados por violencia, competencia extrema y muerte, incorporando esos lenguajes como algo habitual.

La especialista remarca que “las infancias están atravesadas por contenidos que no invitan a la creatividad ni a la imaginación, sino por lenguajes asociados a la adultez desde un lugar negativo”, afirma.

El psicólogo Francisco Laure coincide en que la aparición del término “suicidio” se volvió más frecuente y temprana. Desde su experiencia clínica, observa que “a veces usan palabras con mucha liviandad porque las escuchan en redes o consumos digitales, pero no necesariamente entienden en profundidad lo que implican”, explica.

Para Laure, “lo peligroso es que el suicidio se instale como una respuesta posible frente a los avatares de la vida”, advierte.

Por su parte, UNICEF sostiene que las “transformaciones digitales” alteraron profundamente el bienestar psicosocial de niños y adolescentes, exponiéndolos a contenidos y discursos antes inaccesibles para esas edades. La lógica algorítmica de redes como TikTok, Instagram o YouTube facilita la circulación constante de videos, relatos y referencias vinculadas a autolesiones, depresión y muerte.

Fenómenos virales como el reto de la “Ballena Azul”, que se expandió mundialmente hace algunos años, marcaron un precedente sobre cómo internet puede convertir la autolesión en un fenómeno compartido, replicable y hasta aspiracional dentro de determinados grupos vulnerables. Aunque muchas plataformas implementaron bloqueos y alertas, especialistas advierten que estos contenidos reaparecen bajo nuevas formas y nombres.

El desafío “Ballena Azul” proponía 50 pruebas que debían cumplirse durante varios días consecutivos. Las primeras consignas parecían inofensivas, pero con el tiempo avanzaban hacia conductas de riesgo, autolesiones y aislamiento social. Especialistas advierten que este tipo de desafíos se aprovechan de la vulnerabilidad emocional de niños y adolescentes.

Astudillo explica que en la mayoría de los casos los niños no llegan a verbalizar directamente que participan de retos virales o consumen contenidos peligrosos. “Los discursos empiezan a aparecer primero entre pares. Recién cuando interviene un adulto y se profundiza en el diálogo comienzan a surgir indicios sobre lo que están viendo o atravesando en redes sociales”, señala.

En paralelo, los especialistas advierten sobre otro problema preocupante, la minimización adulta. Cambios de humor, aislamiento, irritabilidad o el uso excesivo de redes y videojuegos suelen tomarse como “cosas de la edad”, cuando en realidad pueden ser señales tempranas de sufrimiento emocional.

“Nunca hay que subestimar una expresión vinculada al suicidio”, sostiene Laure. El psicólogo remarca que, además de las palabras, es fundamental observar cambios en hábitos, emociones y conductas. “Muchas veces hay factores que no logran verse a tiempo. Por eso es importante hablar del tema sin tabúes y consultar a profesionales cuando aparecen señales de alerta”, afirma.

Organizaciones vinculadas a la salud mental denuncian desde hace años la falta de presupuesto y recursos destinados a prevención y atención psicológica. Aunque Argentina cuenta con una Ley Nacional de Prevención del Suicidio (N° 27.130), especialistas advierten que su implementación es insuficiente frente al crecimiento de casos.

Según el Ministerio Público Tutelar, gran parte de las internaciones por riesgo suicida se producen luego de manifestaciones verbales relacionadas con la muerte o autolesiones.

“Cuando aparece el concepto de suicidio, muchas veces no hay un entendimiento claro de lo que implica, pero sí una intencionalidad de ser escuchados”, explica Astudillo. La psicopedagoga sostiene que el desafío consiste en diferenciar cuándo se trata de una repetición aislada y cuándo comienza a transformarse en un discurso persistente.

Para los especialistas, la clave no está en censurar la palabra, sino en habilitar espacios de escucha reales. Preguntar, conversar y acompañar como herramientas centrales frente a una generación que crece hiperconectada, expuesta a estímulos permanentes y con menos espacios de contención emocional.

Mientras las estadísticas crecen y los discursos sobre muerte aparecen cada vez a edades más tempranas, la preocupación ya no pasa solo por los casos consumados, sino por una infancia que comenzó a incorporar el suicidio a su lenguaje cotidiano.

 

Pilar Caputo

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