Lunes 23 de mayo, 2022

SOCIEDAD | 27-02-2022 00:54

Empoderamiento nude y el debate por la explotación del cuerpo femenino

Un grupo de famosas se lanzó a comercializar contenido erótico y reabrió la discusión sobre la sexualización dentro del feminismo.

Flor Peña que acaba de dejar su programa en Telefe, “Flor de equipo”, donde será reemplazada finalmente en ese horario por Georgina Barbarossa (ya que Ángel de Brito finalmente aterrizó en el prime time de América), festeja en sus redes una nueva fuente de ingresos: poder monetizar sus desnudos en Internet

Un trabajo por el que percibiría cifras incluso superiores a su sueldo como conductora. “Los cachets están entre 3 mil y 10 mil dólares mensuales”, contó Cinthia Fernández en “Momento D” (el nuevo programa de Fabián Doman en El Trece). “Yo estoy negociando. A mí me ofrecieron muy buena plata”, agregó la panelista. 

Flor Peña es la abanderada local de Divas Web, plataforma rioplatense de contenido erótico similar a la popular OnlyFans, donde cada usuario paga entre 12 y 15 dólares mensuales para acceder a cada perfil: cuenta ya con Silvina Luna (que pronto se sumará al “Hotel de los Famosos” en El Trece) y Silvina Escudero (protagonista de “Sex”, la obra de José María Muscari que se presenta en Carlos Paz y Buenos Aires) en su staff. 

De hecho Luna y Peña fueron noticia esta semana cuando promocionaron las imágenes de la producción en conjunto: el video de ambas se volvió viral, y no faltaron las críticas, aunque hubo también aprobación feminista en las redes.

Lo que hace unos años podía hacerse con un bajo perfil, hoy el empoderamiento femenino reivindica la elección de qué hacer con el propio cuerpo. “Asumí que soy una mujer sexual y que no hay nada malo con eso. Que el sexo es la energía más poderosa de la humanidad. Y que hasta puedo ser autosexual, porque me permití una relación profunda conmigo misma”, explicó Peña que trabajó largamente la cuestión en terapia. 

“Si algo aprendí este tiempo es que las críticas me dejen de importar”, sumó Silvina Luna. “Es un trabajo más, creo que vamos cambiando de roles, nos vamos poniendo diferentes vestuarios en nuestra vida, pero la esencia sigue siendo la misma. Este es un rol que me toca ahora jugar y conectar con esa parte sexy que tenemos las mujeres”, agregó. 

El contexto es claramente otro. La cultura actual permite a las mujeres vivir más libremente una imagen sexualizada. Y defienden el derecho de ejercer un mayor control sobre la difusión del contenido erótico que ellas producen. Historiadoras e investigadoras feministas que estudian el género coinciden en que esto puede hacer que sea más fácil para las mujeres hoy monetizar sus cuerpos de manera segura y satisfactoria. 

Pero las mismas fuentes también hacen notar que en una cultura donde la preocupación por los cuerpos -sobre todo entre las mujeres, pero crecientemente también entre los hombres- contribuye a la cosificación y explotación, este giro tiene complejas consecuencias sociales.

“Hay escenarios en los que una persona puede estar contenta con lo que produce y cuánto se le paga por eso. Pero si nos alejamos más, si no solo pensamos en cómo se siente esa persona, o cómo se siente el espectador que ve el contenido, y nos enfocamos en cómo contribuye a la evolución de las normas sociales, la foto cambia”, marca Emily Rothman, investigadora de la Universidad de Boston que estudia la violencia sexual y la pornografía. 

“Si estamos monetizando la sexualidad, la belleza, la disponibilidad o el acceso instantáneo a alguien, hay todo tipo de cosas que estamos monetizando, y tiene implicaciones en la forma en que las personas se tratan entre sí”, remarca. 

Para los críticos, nada ha cambiado. Los mensajes con los que las famosas argentinas venden sus fotos y videos no dista en nada del código con el que hace dos décadas se arengaba a mandar un sms al 2020 para recibir imágenes en el celular: “Dame tetotas”, repiten Flor Peña y Silvina Luna desde sus perfiles en Divas Web, refrendando uno de los latiguillos hot que hizo famosa a Luciana Salazar: fue el nombre de su hit electro glam del 2005. “¿Querés que te deje espiarme? Conéctenos cada día más bebe. Ya empezamos a picantearla…”, se repite el tono en el micrositio de “La rubia y la morocha” que reabre el debate sobre sexualización y empoderamiento.

por R.N.

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