SOCIEDAD | 09-12-2020 11:56

La Argentina enrejada

Los casos de Abigail y otros que sufrieron las restricciones de la cuarentena. Y el absurdo contraste con el velatorio de Maradona.

La silueta de Abigail en brazos de Diego Jiménez, su papá, puso blanco sobre negro las desigualdades y la falta de sentido común que a veces tienen quienes crean y quienes hacen cumplir las normas.

El miércoles 25 de noviembre, mientras se escribía un primer borrador de esta nota que repasa ese y otros casos multiplicados a lo largo de la pandemia, la noticia del fallecimiento de Diego Armando Maradona paró el mundo. Enseguida los zócalos televisivos hablaron de que el jugador sería velado en la Casa Rosada y que se esperaba un millón de personas. Lo que vino después es historia.

Maradona es una excepción a la regla, en vida y en muerte, y muchos se rindieron a la evidencia de que en los hechos parecía que la Covid había dejado de existir, al menos hasta su sepelio. Antes de eso, cada marcha anticuarentena o la llegada de micros del interior del país el 17 de octubre para celebrar el Día de la Lealtad, por ejemplo, habían jaqueado las normas y su estrictez.

Pero a su vez, en el mismo momento en el que todas las miradas estaban puestas en Abigail, ya se hablaba del “cronograma de verano” que gracias al turismo (y su incidencia en la economía) trastoca el escenario pandémico.

La pregunta vuelve: cómo se trata la excepcionalidad de una situación en medio de un escenario absolutamente extraordinario como lo es una pandemia.

Radiografía

Desde el Ministerio de Turismo de la Nación sostienen que se impulsó la homogenización de la situación de todo el país, aunque cada provincia puede poner sus propios requisitos para el ingreso. "A partir de diciembre, el 90% de ellas no pide ninguna condición para entrar porque hay libre circulación", dijeron.

Si bien Formosa tiene el record de una sola persona fallecida por Covid, fue escenario del final irreversible de Mauro Ledesma (23). Cuando empezó la pandemia, él estaba trabajando en un tambo cordobés, pero quedó desocupado y en agosto inició los trámites para volver a Formosa donde viven su hija de tres años y su mujer. Tras más de un mes de espera, murió ahogado en el Río Bermejo, del lado del Chaco, luego de intentar cruzar a nado.

“Presentamos la denuncia en el Juzgado Federal de Formosa, se declaró incompetente y giró el expediente a los tribunales provinciales, que se encuentran bajo el control de Gildo Insfrán”, se queja el abogado Daniel Suizer.

Cynthia Vega es una de las 8.321 personas que están pudiendo ingresar a Formosa a partir del fallo de la Corte Suprema.  A su papá le detectaron cáncer de pulmón y la enfermedad está en estado avanzado. Al cierre de esta nota, a Cynthia aún le quedaba cumplir una semana de aislamiento preventivo. “Mi papá está mal, espero llegar”, ruega.

Desde el Ministerio de Turismo formoseño sostienen que la provincia no está cerrada, pero todos deben ajustarse a la misma dinámica: inscribirse en la web, esperar que les den fecha de ingreso, presentar un PCR negativo, volver a repetirlo en el puesto de ingreso y hacer catorce días de aislamiento.

Pablo Musse no llegó a despedir a su hija Solange (35), quien murió en agosto debido a un cáncer terminal. Viajó a contrarreloj desde Neuquén hasta Alta Gracia pero lo frenaron en el límite sur de Córdoba. Su denuncia penal contra las autoridades provinciales pasó a la Corte Suprema después de que los jueces de Río Cuarto y de Huinca Renancó se consideraran incompetentes. “Es todo una indignación y frustración constante”, se lamenta Pablo.  El 1 de enero Córdoba permitirá el ingreso a cualquiera con el único requisito de tener la aplicación CuidAR Verano.

Victoria y Antonela Garay viven en Tierra del Fuego y desde que supieron del diagnóstico terminal de su padre a principios de agosto hicieron los trámites para ingresar a San Luis, de donde es la familia. Todo se desencadenó muy rápido y el hombre murió unos veinte días después. Ellas viajaron con el test negativo y el permiso para ingresar pero –pese a tener una vivienda propia– las aislaron en un edificio de la universidad puntana en una cuarentena de quince días.

En medio ocurrió el entierro y no fueron autorizadas a dejar el aislamiento sino hasta un día después, cuando consiguieron que la Justicia les permitiera pasar el resto del confinamiento en la casa familiar acompañando a la madre. “Esta pandemia evidencia que nuestros derechos humanos fueron aniquilados por protocolos estériles, ineficientes e inútiles”, afirma Victoria.

Ya con turismo interno habilitado, San Luis empezará a recibir visitantes a partir del 15 de diciembre sin más que la aplicación CuidAR Verano y un seguro por Covid.

Las restricciones pandémicas hicieron también que Elsa Arias deba ser enterrada a casi quinientos kilómetros de su familia. Su hija, Lorena Julián, lo explica así: “Mi mamá era residente de Laprida, provincia de Buenos Aires, padecía leucemia y neumonía y falleció el 19 de agosto en un hospital de Mar del Plata. A pesar de pagar su lugar en el cementerio privado junto a toda su familia en Laprida, el intendente del lugar no me permitió llevarla allí porque como en el certificado de defunción, además de sus enfermedades, figuraba “posible Covid-19″, negó el ingreso del cuerpo. Estuve casi un mes para ver qué hacía con el cuerpo de mi madre, pasé un infierno. Gracias a que pagué un traslado privado pude enterrarla en Tres Arroyos, en la otra punta de la provincia, porque en Mar del Plata la iban a cremar”.

Alejandra Yapura es la mamá de Lucas, de 15 años, y vive en Sumampa, al sur de Santiago del Estero. Su hijo tiene un diagnóstico de autismo y se trata en Córdoba pero está sin controles desde el inicio de la pandemia porque si lo llevaban a la provincia vecina, para volver a su casa, además de un PCR negativo debía hacer un aislamiento de dos semanas.

“Para sacarle sangre a Lucas hay que sostenerlo entre cinco, imaginate un PCR y el aislamiento. Y no nos queda otra que ir a Córdoba, a 270 kilómetros, porque el sistema de salud de Santiago tiene muchas falencias”. A partir del 4 de diciembre la provincia levanta sus barreras: para los residentes, bastará presentar una declaración jurada y a los turistas solo se les pedirá una reserva de hotel y un seguro de salud Covid-19.

Gestionar la crisis

La mayoría de los casos en los que las restricciones se interpusieron en situaciones críticas de vida son de agosto. Sin embargo, si se comparan la cantidad de contagios informados a nivel nacional ese mes (226.433) y en noviembre (257.609), ahora hay 31.176 más. Aun así, las medidas se relajaron.

Graciela Jacob es socióloga, médica, máster en Medicina Paliativa y coordina la Red de Cuidados Derechos y Decisiones en el Final de la Vida (CONICET). Ella dice: “Pienso que estas desgraciadas historias pueden ayudar a incluir en cualquier reglamentación los casos de excepción a la norma. Ese es el verdadero desafío. Los sistemas debieran poder funcionar disminuyendo el margen de error y de discrecionalidad a cero o lo más cercano a eso”.

Mariana Jacobs es una psicóloga especializada en cuidados paliativos y coincide: “La pandemia hace visibles los problemas más serios y estructurales que tenemos como sociedad, a nivel político, económico y sanitario”, enumera y apunta que quedó en evidencia la deshumanización que sufre el sistema médico.

El filósofo Luis Diego Fernández recuerda que ya en “Vigilar y Castigar”, Michael Foucault planteaba cómo se gestionaban las epidemias y pandemias a fines del siglo XVIII y principios del XIX en Francia.

“Es un calco porque se hacía por medio del confinamiento, de una suerte de comisario que controlaba que nadie saliera y la gente respetaba a pie puntillas. Después de tres siglos, no se ha encontrado otra forma de gestionar las pandemias que no sea de modo disciplinario y eso va contra una cantidad de libertades civiles e individuales”.

También es cierto que hay dos grandes comportamientos sociales: quienes cumplen las normas o tratan de convivir con ellas (incluso en una situación crítica como las mencionadas) y quienes se rebelan solo por rebelarse (y hacen fiestas clandestinas o salen sin barbijo hace meses, por ejemplo).

En ese sentido, Jacob señala una gran diferencia entre la solidaridad que suele despertarse ante un desastre natural y las reacciones en pandemia. “Surge un individualismo extremo, el otro es fuente de contagio y se convierte en un apestoso al que se rehúye y se maltrata”, afirma la socióloga.

Mariana Jacobs señala que como el criterio que rigió durante meses fue el epidemiológico, eso se llevó puesto a las familias y al derecho a la despedida, entre otras cosas. “Ha sido la violación fragrante que han sufrido miles”, afirma y subraya que provocó la iatrogenia del sistema médico, o sea, cuando se hace el mal queriendo hacer el bien.

“Cuando uno ignora todo factor de un ser humano y lo único que importa es el criterio epidemiológico a nivel masivo, la iatrogenia es tremenda y los casos están a la vista”, lamenta Jacobs. Hay un tercer punto que subraya la psicóloga y es que el sistema pone de manifiesto la extrema vulnerabilidad a la que están sometidos los pacientes terminales, discapacitados, adultos mayores y oncológicos pediátricos.

“De alguna manera es un llamado a la necesidad de construir un sistema sanitario más humanizado y también una sociedad más justa y más participativa”, dice.

La excepcionalidad y la regla deberán enfrentarse en una nueva pulseada.

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Valeria García Testa

Valeria García Testa

Periodista.

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