Saturday 25 de May, 2024

SOCIEDAD | 10-11-2023 07:56

Mirar a la muerte a la cara

Edi fue periodista hasta el final y enfrentó su enfermedad desafiando los silencios que ella impone. El libro que quedó inconcluso.

Nunca pensé que iba a llegar este día. Edi trató de prepararme. “Quizás tengas que terminar mi libro”, me decía sobre las páginas que lo ayudaron a morir con una dignidad inconmensurable. “Ni loca. Vas a llegar vos”, le retrucaba yo, dando por cerrado el tema. Porque iba a llegar, estaba segura.

Edi siempre fue para mí el todopoderoso: el maestro, el referente. El periodista con el que parimos el caso de Pontaquarto en el 2003 y que luego me guió en la revista NOTICIAS; al que admiré como a pocos por su agudeza en el análisis y el humor con el que tamizaba la realidad más dura y la volvía un acto de stand up. Incluso cuando decidió hacer un libro sobre su enfermedad (que más que un libro es un ensayo demoledor y honesto sobre emociones humanas) y me pidió que lo ayudara en esa carrera contra el tiempo, pensé una vez más, como nos pasó en tantos años de profesión compartida, que el cierre nunca lo encontraría con páginas en blanco.  

Hablábamos de la muerte, de su muerte, como quien discute un sumario periodístico: sin entrelíneas. Esa fue la condición que impuso cuando los médicos le dieron el diagnóstico y me encontró buscando eufemismos para no preguntar sobre el futuro. En todos estos meses él quiso que supiera cómo se transformaba su cuerpo, la caída del pelo, el bastón, las uñas negras, el gotero de la quimio. Los fines de semana recluido en el campo para escribir y reflexionar acerca de su soledad (“porque pese a estar rodeado de una familia y amigos maravillosos que me contienen todo el tiempo, uno siempre llega solo a esto”, me dijo), las náuseas del día después, el dolor, la filosofía de Sartre, el amor.

Edi enfrentó la muerte... a lo Edi: desglosándola, tratando de entenderla, dividiéndola en nota principal y recuadros, recorriendo cada una de sus dimensiones y desafiando los silencios que muchas veces ella impone. Como hizo con el periodismo. Con el mismo método de investigación -lúcido, ácido y frontal- que lo convirtió en uno de los profesionales más respetados del país. Se apropió del cáncer y lo interpeló, a su estilo. Grandilocuente. Hizo entrevistas, escuchó otros casos, buscó pensadores, consultó a familiares de pacientes oncológicos, indagó, indagó, indagó.

Quería dejar su última gran  obra para que su historia ayudara a otros y no quedara confinada en un legajo médico. Nunca lo escuché quejarse. Convertía cada traspié en una salida graciosa: me reí mucho escuchando sus ocurrencias sobre cómo registrar el proceso de su calvicie. Muchas veces me molestaba con él porque le preguntaba por su salud y me contestaba con una frase de redactor en falta: “Te tengo que pasar los textos”. Fue periodista hasta el final. Lloro y escribo esto y me saca una sonrisa. Eras único, Edi. Nunca pensé que iba a llegar este día. Nadie está preparado para crecer tan de golpe cuando los maestros se van y te dejan tan solo. 

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María Fernanda Villosio

María Fernanda Villosio

Editora de Información General y columnista de Radio Perfil.

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