Lunes 26 de octubre, 2020

SOCIEDAD | 18-09-2020 10:43

La increíble historia de Samuel y Chiche: están casados hace 70 años, tuvieron Covid y se recuperaron

El tiene 94 y ella 88. Iban a festejar su aniversario pero tuvieron que suspender con la llegada de la pandemia. Dieron positivo y ya están bien. "Son como Highlander", dicen sus nietos.

“¿Y qué tal la vida de casados?”, “¿Nunca una crisis?”. En los 70 años que Samuel Mehaudy y Chiche Bochinfuso llevan de matrimonio, ellos escucharon esta pregunta millones de veces. A medida que pasó el tiempo, sumando millas en la relación, los interrogantes vinieron acompañados de rostros cada vez más incrédulos y admirados por el devenir de estos imbatibles de la vida que, en abril pasado, iban a celebrar su aniversario.

La pandemia no solo los encontró con la fiesta suspendida, sino que, hace unos meses, estuvieron internados juntos con Covid positivo. A pesar de que sus seres queridos se empeñen en decir que ha sido sin sobresaltos, la vida de Samuel y Chiche está llena de historias increíbles. Quizás la propia historia de ellos ya de por sí sea increíble.

Ambos aseguran que con o sin pandemia, no hay una formula para seguir juntos. “¿Crisis?, naaaa, eso no existe”, dice Chiche cuando alguno de sus nietos (que ha pasado ya por una separación) le vuelve a preguntar.  “¡Dale Abuela!”, le suplican. Hubo peleas y discusiones claro, pero siempre con reconciliación. “Uno no puede vivir sin el otro”, afirma Natalia, su nieta mayor. “Son como los caballitos de mar, van siempre juntos a todos lados”.

Samuel y Chiche

Samuel y Chiche se conocieron cuando él tenía 23 y ella 17. Samuel tenía cinco hermanas mujeres, una de ellas –dice  la historia oficial– amiga de Chiche, aunque la anécdota real –contarán una y otra vez en las reuniones familiares– reza que ella se acercó a la hermana de su futuro prometido con un solo objetivo: conocerlo

Fue justamente en el cumpleaños de Amalia Mehaudy que Chiche le echó el ojo a Samuel. A la semana empezaron a salir. Aquella capital de Santa Fé –donde habían nacido– de fines de la década del 30, fue testigo del comienzo de esta historia de amor.

Se pusieron de novios y un año después del primer encuentro, Samuel –de familia humilde y judía– le hizo la propuesta:

–¿Vos te casarías conmigo?

Chiche –clase media alta católica– le dijo que estaba loco, aunque él insistió y luego de algunas idas y vueltas entre las familias, dieron el sí por civil.

De obrero a las Torres Gemelas

Por ese entonces, con 24 años, Samuel trabajaba en una empresa metalúrgica. Empezó bien de abajo, con la idea de estudiar medicina a la par, un sueño que no pudo concretar por su situación económica. Chiche, desde el comienzo, lo acompañó y apoyó como ama de casa, un lugar que nunca dejó. “Ya vamos a estar mejor”, le decía. Samuel hizo su recorrido, llegó a gerente general.

La vida les dio tres hijos, ocho nietos y 12 bisnietos. Vivieron cinco años en Santa Fe, luego se fueron a Rafaela, donde estuvieron otros diez. Después se fueron a Tucumán, para luego asentarse definitivamente en Buenos Aires.

Cuando Samuel llegó a los 50, sintió que era el momento de disfrutar de sus ahorros y se fue a recorrer el mundo con Chiche. “Ella siempre quiso viajar, era lo que más quería. Y él le cumplió el sueño”, cuenta su hija Adriana. Sus nietas aseguran que casi no les quedó país por recorrer.

Samuel y Chiche

De aquellos viajes hay una foto –literal– que no se la olvidan más: están en Nueva York junto a su nieta, Natalia, en la terraza de una de las Twin Towers. Son las últimas horas del 10 de septiembre de 2001, ya está oscuro y los guías turísticos les piden que bajen. 12 horas después su nieta veía junto a sus abuelos por televisión desde el hotel, a 25 cuadras, como el primer avión se estrellaba contra la Torre en la que habían estado la noche anterior.  “Si te la pones a pensar, es increíble ¿no?”, rememora ahora Natalia. 

Pero, ¿cómo son ellos como pareja? "Intensos, sobre todo ella", dice su hija. "Él, la sigue mirando como el primera día. La ama profundamente. Ojo, también tiene su carácter". Cuando no están juntos, cuentan, se dan celos entre sí. Samuel es el que siempre da la nota: cada vez que su mujer tiene que ir al médico, él está “atento”. “Le hace una escena, tal vez porque el doctor tiene 40 y es hombre”, comentan en la familia.

La situación se repite al momento de hacer las compras: puede que el verdulero le regale a Chiche dos manzanas y ya vendrá el reclamo de Samuel. “Son muy lineales ellos en realidad, con todo en la vida en general. Igual, se pueden cruzar a veces, pero que nadie los toque o critique porque para defenderse, atacan los dos juntos”, grafica Natalia..

Covid Positivo

Todo estaba listo, el salón, lo invitados, el catering. Sus nietos habían recolectado las fotos para un video emotivo que se estaba editando. Pero la llegada de la pandemia dejó sin efecto en abril pasado la celebración que tenían planeada por los 70 años de casados. “Mi abuela lo quería hacer igual”, comenta Julieta, otra de sus nietas.

De la mega fiesta, al saludo telefónico. Así, asilados en plena cuarentena, siendo personas de riesgo, a Samuel y Chiche no les quedó otra que recibir el afecto de sus seres queridos con una llamada.

Ambos tomaron todos los recaudos pero a fines de mayo él comenzó a tener tos. Luego vino la fiebre y entonces llamaron al médico, le hicieron un hisopado y a los dos días le dijeron que era positivo con 94 años. Una ambulancia los pasó a buscar entonces para llevarlos al Centro Gallego.

Samuel y Chiche

Una vez en el lugar, les hicieron algunos estudios. Se quedarían toda la noche en una salita juntos. “Mi abuela se negó al hisopado, ´¡que ni se les ocurra!´ les decía a los médicos”, cuenta Natalia, quien siguió todo de cerca a través del Whatsapp de Samuel. Estaba algo asustado su abuelo. No era para menos: 94 años, un marcapasos y presión arterial. Chiche, que estaba más tranquila, diabética.

–¿Y cómo está la abuela? –, quiso saber la nieta cuando ya era de noche y sus abuelos llevaban más de seis horas en el centro médico.

–Ella está bien. Ahora se llevaron pero se niega hacerse el hisopado porque vomita. Dice que ella está segura que no tiene nada y que es mentira que yo soy positivo.

–¿Y vos cómo te sentís?

–Un poco agitado. Ya estoy condenado yo. Tantos años para terminar muriéndome de esto.

Natalia se quedó viendo la pantalla del celular y no supo qué responder. Cuando volvió hablar con los médicos, quizás por tratarse de un momento de desborde, con falta de camas y confusión en general, le dijeron que ahí no se podían quedar, que tenían que volver a su casa para aislarse.

A través de un contacto, la familia consiguió que los lleven al Sanatorio Mater Dei, donde habían dos camas esperándolos.

–Estoy bien, ¡que me lleven a mi casa!

Chiche no quería saber nada. Se había empecinado y seguía diciendo que su marido no era positivo. Alguien tuvo que decirle que su casa estaba llena de policías custodiando para que no volviera con Covid al barrio. 

–¡Yo me siento bárbara además!

Era cierto, si bien aún no sabía que tenía coronavirus, Chiche, con sus 88, estaba asintomática.

Finalmente, en la mañana del otro día, ambos fueron trasladados al Mater Dai, Samuel con algunos problemas para respirar. Los separaron: él quedó en la zona de enfermos con Covid y Chiche directo a una sala de espera donde aceptó finalmente que le hagan el hisopado.  

–¿Podremos estar en la misma habitación? –, pidió ella ante la negativa de los médicos.

Su insistencia derivó en que el personal de seguridad tenga que custodiar la puerta de la sala donde se encontraba.

Ambos pasaron casi dos semanas allí. Samuel empezó a estar cada vez peor, con saturación de oxígeno y tuvo que ser llevado a terapia intermedia. Le pasaron plasma, corticoides y estuvo muy cerca de ser intubado en terapia intensiva.

–Es probable que esta noche el señor requiera intubación, la situación es crítica– le explicó un médico a la familia cuando parecía que las horas estaban contadas para Samuel.

Esa noche nadie durmió: hijos, nietos y bisnietos velando por su salud. Pero al otro día, Samuel estaba mejor y comenzó a recuperarse. Mientras tanto, Chiche permanecía internada en otro piso, siguiendo también de cerca la evolución favorable de su marido. Ambos se hablaban por teléfono.

Como abonaba a la idea de estar juntos en la misma habitación, como se lo había pedido a los médicos y le habían dicho que no, una tarde Chiche se escapó y casi llega a la habitación de Samuel. “Le agarraba el ataque, salía a dar vueltas y quería llegar al piso donde estaba mi abuelo. La interceptaron en el camino. Después de eso, la llegaron a dejar encerrada”, rememora su nieta mayor.

Regreso a casa

Los últimos cuatro días, Samuel se quedó solo en el Sanatorio para terminar de recuperarse. Chiche, antes de irse para su casa, logró su cometido: estuvo un día con su marido en la misma pieza.

Hoy, ambos están en su casa de zona norte en Buenos Aires. Continúan con la cuarentena y agradecen estar vivos. Chiche es la que más se quedó con la espina de no poder celebrar los 70 de casados. Samuel, aún un poco debilitado, se recupera y tiene esperanzas de hacer el festejo cuando todo esto acabe. “Se podría hacer para sus 95, en enero del año próximo”, augura su hija.

Hubo algunas peleítas después de la internación. “¿Yo me puedo divorciar todavía?”, le dijo en broma él a su hija en una conversación reciente. Chiche no le hace caso a sus comentarios, sabe que no todo es color de rosa.  

Pasaron juntos varias cosas. Sobrevivieron con fortuna y buena salud a otras. Tuvieron Covid y se curaron. “Son como Highlander”, les gusta de decir a sus hijos y nietos. Mientras tanto, Chiche lo cuida a Samuel como desde el primer día. Sigue saliendo para hacer los mandados. “Con barbijo ¡por favor abuela!”, es la exigencia de todos.  

Ella hace caso. Sabe también que ahora no es momento para hacer renegar a su marido. Por eso ya no acepta las manzanas de regalo que el verdulero le hace.

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Agustín Gallardo

Agustín Gallardo

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