MUNDO | 16-11-2019 22:28

Chile en llamas: ¿qué es lo que se viene?

El país trasandino es prueba de que los errores de los gobernantes a veces no tienen retorno, por más correcciones que intenten.

Chile, además de Bolivia, es una prueba de que los errores de los gobernantes, cuando disparan protestas, ya no tienen retorno por mas correcciones que intente el gobernante que cometió el error.

En alguna medida, se trata de un fenómeno de época que se ve en todos los rincones del planeta. En Beirut, donde a las protestas las detonó un impuesto al watsapp y derivaron en la caída del primer ministro, y en Hong Kong, donde el gobierno autónomo de Carry Lam cometió el error de imponer una ley de extradición que le pidió el poder central de China. Esa ley detonó las protestas. Se intentó detenerlas retirando la ley, pero ya era tarde para lograr que las multitudes abandonaran las calles.

En Chile, Sebastián Piñera sacó el ejército ante las primeras protestas con actos de violencia, y habló de “una guerra contra un enemigo poderoso”. Los militares en la calle fueron una postal del tiempo de Pinochet y actuaron como nafta sobre el fuego.

Después anuló los aumentos que provocaron las protestas pero no hubo vuelta atrás. Cuando amainaron un poco, Piñera apreció en cámara con un discurso que volvió a ser nafta sobre el fuego. Primero describió todas las concesiones que había hecho para que cedan las protestas, dejando para la parte final, que fue la más prolongada y subrayada por el propio presidente, el anuncio del endurecimiento de las leyes contra los actos violentos en las protestas. Fue otro negligente baldazo de nafta al fuego, por eso el día siguiente fue mucho más violento.

De todos modos, que la oposición no esté ayudando más al apaciguamiento no es justificable, sobre todo a partir del anuncio del martes a la noche. En ese mensaje, a pesar de haber comenzado anunciado el refuerzo de los carabineros, reafirmó su compromiso con una reforma de la Constitución. Una oferta que, objetivamente, no puede ser minimizada. Esa reforma podría posibilitar la gratuidad en la educación de excelencia que es uno de los instrumentos que mantienen la desigualdad social.

La oposición puede aportar a esas correcciones profundas que necesita el modelo chileno, o puede apostar a que la creciente represión convierta a Piñera en dictador, o que las protestas y la violencia terminen obligándolo a renunciar.

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Claudio Fantini

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