Lunes 1 de junio, 2020

OPINIóN | 27-03-2020 20:08

Coronavirus: una lucha que sólo se gana con las fuerzas de Seguridad

Los efectivos son vitales para derrotar a la pandemia. Riesgos y problemas. Los errores de Sergio Berni.

Lenta e inexorablemente los números rojos del gráfico COVID 19 de la universidad John Hopkins nos marcan un avance arrollador de este enemigo invisible que nos invadió. Enemigo temible que quizás ya se nos acercó, nos encontró en la calle o ingresó a nuestra casa sin permiso, nos atacó, nos hirió, lo llevamos como portadores de paseo, hasta que se cansa y nos dice presente, y nos comienza a hacer sentir ese filo que no sentimos desde el principio, pero que se manifiesta de diversas maneras.

Así vamos, preocupados, con miedo, algunos con más responsabilidad que otros, acatando o infringiendo con la característica viveza criolla las normas de prevención social comunes a todos, mientras que las fuerzas de seguridad, esas fuerzas policiales que nada tenían que ver en este baile, ellas, que eran las estigmatizadas por parte de la población, a las que no se capacitó como se debía, dándoles entrenamiento y formación profesional, fueron llamadas a sentarse a la mesa del banquete. Con barbijo, las llevaron a degustar un plato que a ninguno de nosotros nos gustaría probar.

Claramente la seguridad pública, a través de la policía, no nos va a acercar soluciones a un problema epidemiológico, pero será la encargada, estará a cargo y será la responsable de hacer cumplir las normas y procedimientos que el Comité de Crisis especifique, en bien de todos.

Y aquí surgen dos temas importantes desde el punto de vista operativo.

Primero, debemos recordar que políticamente somos un país federal que conforma una República, y que las decisiones que se toman en emergencia y las herramientas que se deciden usar deben emanar de ese único Comité Central o Consejo Federal de expertos o como se de en llamar que coordina las acciones de todo tipo, incluidas las de seguridad. No puede ser que gobernadores, ministros o intendentes decidan actuar inconsultamente abriendo o cerrando rutas, como si alambraran una estancia, o que decidan comprar por cientos los tan necesarios respiradores, como acaparando “para su gente”, aunque sea en exceso, ese vital equipo, o en su defecto tomando decisiones de políticas de seguridad, en forma unilateral, desde la mala forma de la política y desconocimiento en la materia.

Uno escuchaba atentamente hace más de una semana al Presidente decir que, ante los documentos que le acercaron un grupo de expertos sanitaristas y epidemiólogos, debíamos hacer los mayores esfuerzos en estas cuatro semanas venideras, con todo lo que tengamos, con toda la fuerza, con toda la responsabilidad ciudadana. Pude observar a un hombre que se puso en la posición de liderazgo para dirigir a la ciudadanía, y nos invitaba, solicitaba, y nos avisaba que seríamos pasibles de sanción si no atendíamos el bien común.

Nos dio con esa decisión acertada -la de la cuarentena que ya hoy a semana y media se siente en la espalda- una ventaja de una semana sobre otros países de América que tomaron esa decisión mucho después. 

¿Pero que se entendió por coordinar? Mientras el Presidente nos pedía y solicitaba a todos el máximo esfuerzo ya, ahora, en estos momentos, de inmediato, algunos en materia de seguridad lo entendieron y otros sin conocimiento patinaron desde la salida y arranque.

Las diferencias. En segundo lugar podemos hacer un análisis a nivel distrital.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires activó al 100 % sus esquemas de seguridad pública, todo su personal policial se volcó a la calle a las tareas específica de patrullar, mantener el orden, controlar permisos de circulación, cerrar arterias que hicieran mejorar los desplazamientos. Es decir que los 24 mil policías de esa aún nueva fuerza que se mueven en esa acotada región geográfica, a razón de 9 policías cada 1000 habitantes, estaban todos en sus puestos de trabajo cumpliendo con sus turnos respectivos, y en algunos casos, recargados. ¿Por qué motivo? Para cuidar su territorio y acompañar el llamado del Presidente a colocar todos los medios y esfuerzos en estas primeras semanas, que seguramente serán al menos cuatro.

¿Que pasó en la provincia de Buenos Aires? La primera medida emanada del Ministerio de Seguridad, totalmente equivocada y errónea a mi entender, si uno quiere acompañar los esfuerzos solicitados desde el gobierno nacional o desde el Consejo asesor o Comité Central, fue la de separar de su exiguo cuerpo de policías un 30 % para mandarlo a su casa, como reserva para ir reponiendo policías a mediado que los que están recargados trabajando en la calle se fueran contagiando. Quizás el ministro coronel médico, abogado, cuasi militar libre pensador de la seguridad, Sergio Berni, no hizo caso o decidió no acompañar ese esfuerzo.

Pensar que el 30 % de policías en reserva no se van a contagiar es al menos algo de realismo mágico, de ilusión de libro de cuentos. La provincia tiene aproximadamente 17 millones de habitantes, y 90 mil efectivos policiales en todo concepto. Eso nos daría un número de 5,5 policías cada 1000 habitantes, insuficiente hasta en tiempos normales con fuerzas policiales mal capacitadas y formadas. De esa cifra debemos descontar aquellos que se hallan sumariados y en disponibilidad, y también los que son personal administrativo, técnico, profesional y enfermos que se cuenta en miles. Supongamos que tenemos 80 mil efectivos por ser generosos. Si descontamos el 30 %, mandamos en reserva unos 24 mil a su casa por orden del coronel medico abogado para estar expectantes. Nos quedan entonces 56 mil policías para toda la provincia para patrullar, poner orden, atender desbordes, combatir un poco el delito, etc.

Ya sean que trabajen 24 por 48 horas, 12 horas por 36, u 8 horas todos los días por turno, cada uno de estos turnos no contaría con más de 18.700 policías uniformados, algunos solo gente uniformada sin vocación, cumpliendo funciones como tales. Y además… ¿qué asegura que estando en sus domicilios no se contagiarán?

Estamos enfrentando un enemigo invisible, silencioso, donde las víctimas podemos ser todos. No estamos ante una batalla de fracciones de ejércitos enemigos, clásica y convencional de las que vemos en las series y películas, donde el general observaba desde la colina y primero hacía que los arqueros dispararan sus certeras flechas, luego hacia avanzar a la infantería para entrar en combate cuerpo a cuerpo con el enemigo, posteriormente parte de la caballería para dar una estocada final, y si eso no alcanzaba hacia entrar en juego la reserva ultima que le quedaba para asegurar la victoria, y si no era así, para que esa reserva lo acompañara en su retirada o huida.

¿Se entiende? No es momento de guardarnos nada. Es el momento de entregar todo. La ciudadanía, las fuerzas de seguridad, el personal médico, todos sin excepción. Esperemos que ese liderazgo incipiente y tímido que vislumbramos hace una semana, se robustezca y nos contagie, no de virus, si de esperanza.



*Por Jorge Luis Vidal, experto en Seguridad Pública, analista en Inteligencia Delictual, y especializado en capacitación y transformación de las fuerzas policiales @jorgevidalseg 

por Jorge Luis Vidal, experto en Seguridad Pública.

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