Domingo 27 de noviembre, 2022

OPINIóN | 02-08-2022 09:34

Cristina Kirchner: la espada de Damocles de Sergio Massa

El superministro podría estar frente a una tormenta perfecta. ¿Cuál es el mayor problema que en el horizonte?

El Andrea Gail fue un barco pesquero que desapareció en la tempestad el 28 de octubre de 1991, cerca de la isla Sable (Océano Atlántico), entre la frontera de Estados Unidos y Canadá, inmortalizado en el año 2000 por la película “Una tormenta perfecta”.

Sergio Massa a partir del 2 de agosto, pone sus cartas sobre la mesa en una apuesta a todo o nada. Se juega su futuro político. Como socio minoritario de una coalición que hoy luce descompuesta, y en estado de putrefacción, las opciones del ahora ex presidente de la Cámara de Diputados eran complejas.

De seguir en su lugar no hacía más que convalidar el fracaso del peor presidente de la historia democrática argentina: Alberto Fernández. Si daba un portazo y se alejaba, claramente hubiera quedado como un desestabilizador y más sólo que nunca. Optó por dar un paso al frente, y como el Andrea Gail se dispone a enfrentar una tormenta perfecta.

Massa tiene algunas cosas a su favor y muchas en contra. Posee la edad adecuada donde conjuga experiencia con ímpetu, a lo que se suman las agallas necesarias y la ambición personal. Conoce todos los recovecos del estado, ya que ha pasado por innumerables funciones que lo dotan con una importante experiencia de gestión.

Tiene además muy buenos nexos, cultivados a lo largo de su carrera, tanto internos como externos, que le permiten conseguir un grado de apoyo muy importante en el mundo de los negocios, por cierto nada despreciable en tiempos de crisis.

Apalancado en esos apoyos logró conformar en poco tiempo un equipo para gestionar la crisis, que claramente no es el que él hubiera querido:  muchos nombres fuertes prefirieron no ponerle el cuerpo, pero es lo suficientemente apto como para intentar la patriada.

Una gran parte del éxito o del fracaso, sin dudas estará sustentado en parte por el plan que diseñe, y en parte por el equipo de trabajo que termine acompañando al ex intendente de Tigre. Pero todo eso ¿será suficiente para sortear con éxito la tormenta perfecta a la que se enfrenta?

Massa tiene por delante un devastador tsunami de complicaciones. El menor de todos, es que no goza de una buena imagen pública. Tras su fuerte ascenso en 2013 cuando se impuso en las elecciones legislativa al entonces candidato oficialista Martín Insaurralde, todo fue cuesta abajo.

Las promesas públicas de ese entonces, luego incumplidas, quedaron tanto en la memoria colectiva de los votantes, como en la de la propia Cristina Kirchner y sus feligreses de La Cámpora, que por cierto de momento no han dado ninguna señal pública de apoyo.

Es un déficit que piensa revertir con su jugada actual. Si le sale bien, sabe que su pasado quedará atrás y podrá encaminarse a una candidatura presidencial en 2023. Si fracasa, será su despedida.

Argentina es un país devastado por décadas de fracaso continuo de nuestra clase dirigente. Se puede intentar resumir en cinco grandes rubros ya que dentro de cada uno hay, a su vez, una infinidad de temas sin resolver: Economía, Instituciones, Seguridad, Educación y Salud.

Nuestra nación se ha convertido en un país periférico e intrascendente, que hoy solo le interesa al mundo por la producción de alimentos y combustibles. Para entender nuestro presente basta un botón de muestra: parece increíble en este estado de situación que el gasoducto de Vaca Muerta sea aún un “proyecto”.

Sin embargo, el problema más complejo que tiene Sergio Massa por delante es Cristina Kirchner, quien por nada del mundo quiere quedar “pegada” a lo que ella entiende como un fracaso rotundo de “su” gobierno. Primero se alejó de la gestión de Alberto Fernández. Luego vinieron las cartas y las renuncias masiva de funcionarios. Posteriormente los twits que se asemejaban a torpedos atacando un barco enemigo.

Hace poco se dio el lujo de decir que “no tenía previsto revolear ministros”, en una clara demostración de su poder de fuego. Sus silencios también son un arma mortal. Silvina Batakis por caso nunca tuvo el apoyo público y explícito de la socia mayoritaria del Frente de Todos. ¿Por qué habría de tener Sergio Massa un trato diferente al que ya tuvo Alberto Fernández?

Para Cristina ella es el centro sobre el cual debe girar todo su espacio. Tiene el ego lo suficientemente grande como para hacer todo lo que entienda necesario para no perder esa centralidad. Para Cristina, el ahora superministro es un “mal necesario”. No lo quiere, ni confía en él: los audios que tomaron estado público donde, en sus conversaciones con el ahora Senador Oscar Parrilli, califica groseramente al ex intendente de Tigre, son prueba.

Sergio Massa tiene en Cristina una espada de dos filos Se necesitan mutuamente, pero al mismo tiempo se desconfían por igual. Y siempre hay un pero: ¿cuánto tardará Cristina en mostrar sus garras si las medidas que toma Sergio Massa no son de su “agrado” o van en contra de lo que ella entiende como su principal caudal político? Por el contrario, si el nuevo ministro es tibio en sus medidas su fracaso está asegurado.

Massa por su parte espera poder torcer el rumbo de la economía en seis semanas. Anhela que durante este tiempo -muy breve por cierto- sus socios del Frente de Todos no salgan con los tapones de punta. Espera que lo dejen hacer, todo lo que tiene que hacer, por más que ciertas medidas puedan resultarles antipáticas.

El plan de estabilización de Massa requiere de tiempo y por sobre todo, de que lo dejen trabajar. Si fracasa, el adelanto de las elecciones está a la vuelta de la esquina. Un dilema muy difícil para Cristina y la centralidad de su ego, que quizás termine domando por el temor que le produce el frente judicial.

Por Jorge Grispo
Abogado especialista en Derecho Corporativo

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