Martes 1 de diciembre, 2020

OPINIóN | 20-10-2020 10:46

Qué cambió en la terapia grupal por internet

La inclusión del celulares en el consultorio ya tiene varios años. Ahora, la relación es enteramente virtual. Cómo se transforma el vínculo con el terapeuta.

¿Qué es la terapia de grupo? En la individual, la transferencia se da solamente con el analista, pero en el grupo hay otras personas al mismo tiempo y lo que uno puede ver en el aquí y ahora de la sesión es cómo una persona se conecta con los otros, qué relación juega en relación con el resto. En la terapia grupal hay otras transferencias que tienen que ver con los otros que están en el grupo y con el grupo en sí mismo. Como terapeuta uno ve eso en el mismo momento en que se produce, cosa que no ocurriría en una terapia individual porque en ese tipo de sesión el paciente trae el relato de lo que le pasa con los otros, pero uno a los otros no los ve.

La tecnología ha modificado el encuadre de las terapias en la era prepandemia y se ha acentuado con la pandemia.

Todo comenzó a cambiar con la llegada de los celulares al consultorio que luego de muchas resistencias fue aceptado por los terapeutas como parte de la terapia. Esto dio lugar a un encuadre doble virtual y presencial en la era prepandemia. Era frecuente que durante la sesión alguien llamara al paciente, o nos hiciera escuchar un audio de su pareja o mostrar, fotos, la virtualidad alteró los conceptos de tiempo, espacio, cuerpo y lenguaje. La terapia puede ocurrir en cualquier momento vía whatsapp, en cualquier lugar (el consultorio perdió sus paredes), si bien no hay contacto entre los cuerpos que denomine “corporalidades” a los efectos sensoperceptivos, gestuales, semióticos compartidos, quizás el sexo virtual sea el ejemplo más fácil de entender. A su vez el lenguaje se expresa con los emoticones y los Memes de Internet que pueden ser una frase, un chiste, una canción o un comportamiento.

Efecto pandemia ha sido poner en primer plano la Terapia virtual y todas las ventajas mencionadas en mi libro “Terapia de grupo virtual. Curarse por internet”, se han potenciado. La angustia frente a lo desconocido genera una oportunidad. De la noche a la mañana la terapia virtual adquirió una visibilidad masiva y todas las nuevas plataformas: Zoom, Adobe Connet, Jitsi, junto a las conocidas videollamadas de Whatsapp, etc. pasaron a ser la novedad radical. Se produjo el instante del giro copernicano, un relevo del paradigma clásico en menos de una semana, tan sorprendente como imposible de simbolizar. Cambios que transforman el mundo en la medida que cambian los modos de habitarlo y que llegaron para quedarse.

¿Cómo se pasa del diván a la virtualidad? Muchos pacientes acostumbrados al diván plantean que no quieren ver al analista. Entonces suprimimos la cámara y hacemos la sesión con audio.

Hay un problema con la intimidad, como la terapia transcurre en la vivienda del paciente y del analista, la sesión adquiere un tono de clandestina extrañeza. Alguien que vive en un departamento chico, tiene a su hijo jugando y a la pareja dando vueltas en esas circunstancias no se puede hacer una sesión porque hay una constante interrupción y el paciente está medio perseguido. En la cuarentena inicial muchos se iban al auto o ahora que están habilitados los bares, hacen terapia tomando un café en una mesa al aire libre, otros caminan por los bosques de Palermo y utilizan el audio. Como los pacientes son curiosos también observan la casa del analista y hacen comentarios “de que pintor es ese cuadro de la pared”, “escucho ruidos me parece que tu mujer está en la cocina”. Es importante para el analista tener presente hacia adonde apunta la cámara y trabajar en un ámbito cerrado. Suceden situaciones especiales. Hay pacientes que hablan bajito para que nadie en la casa los escuche, otros tienen una computadora muy antigua y los ruidos interfieren la sesión grupal, los otros pacientes se enojan y quieren que se desconecte, en esos casos yo sugiero que se “mutee” (saque el sonido) y lo coloque solo cuando hable, de lo contrario se genera para este paciente el lugar de “chivo emisario” “por vos no podemos hacer la sesión”.

¿Cómo funciona la sexualidad en este contexto? Las páginas siguen activas con un erotismo en el chat o la palabra, aquellos que deciden encontrarse con un desconocido/a, a riesgo de contagiarse, predomina más el goce que la autoconservación. A veces el encuentro se produce en la vivienda del que vive solo/a en otras ocasiones ocurre en el auto en la cuarentena cerrada no había nadie en las calles.

La terapia virtual no sirve para atender pacientes graves. A pacientes psiquiátricos, pacientes con violencia de género, pacientes adictos es imposible atenderlos con terapia virtual porque en esos casos se precisa de la presencia física del analista que produce un efecto de contención. Hay algo que se llama “pulsión de apego”, el analista incluso puede abrazar al paciente en un momento de desborde. Además, la mirada del terapeuta al paciente es directa porque está ahí, lo que no es lo mismo que mirarlo desde una pantalla. En la distancia, en cambio, si el paciente se desborda el terapeuta no puede hacer nada.

En mi libro “Terapia de grupo virtual. Curarse por Internet” señalé taxativamente el cambio de paradigma: “No hay una distancia sujeto-objeto. Internet demuestra que los objetos forman parte del psiquismo y del cuerpo y constituyen una unidad funcional”.

No hay vuelta atrás porque desde que aparecieron los celulares todos somos los primeros “cyborgs”. El celular forma parte del cuerpo prácticamente. Yo escribí una ficción en la que decía que el celular se iba a colocar en el antebrazo porque la gente dice que es la prolongación de la mano.

La gente ha encontrado muchos beneficios en esta nueva forma de vida, ahorran el tiempo precioso del viaje y trabajan masivamente en las casas. Todo se ha incrementado, una explosión de conferencias mundiales, clases de idiomas, gimnasia y danzas por Internet, la terapia virtual se masificó en parte por los cuadros de angustia y ataques de pánico que genera el confinamiento, además de las crisis de pareja, que muchas veces derivan hacia la violencia, por un vínculo simbiótico que se establece con la cuarentena.

Las plataformas se han instalado en la cultura tecnológica y continuaran después de la pandemia. Doy un ejemplo. Yo tengo un grupo virtual de pacientes porteños y me llamó un muchacho de Salta y una chica de Resistencia que querían participar del grupo y yo los incluí. Cuando termine la pandemia, el grupo de porteños va a seguir de forma presencial, pero estos pacientes no van a venir a Buenos Aires. Pondré la notebook en el medio del consultorio y ellos continuaran de modo virtual. Quiero decir que a futuro la terapia de grupo será mixta virtual y presencial a la vez.

Creo que estando en ámbitos cerrados pensamos que el mundo es la provincia en que vivimos nosotros. Con la terapia virtual, con la globalización, los pacientes encuentran gente que viven las relaciones amorosas, las relaciones sexuales, los vínculos de otra manera y entonces aprenden a intercambiar.

Anhelo una globalización humanizada donde podamos entender al otro sin discriminarlo, tratando de comprender qué significado tiene para ese otro lo que nosotros hacemos y viceversa. Me parece que, en este sentido, la globalización puede democratizar al mundo. La idea de extranjero es la idea de extraño, de alguien que es ajeno a mí. Me parece que sería progresista superar esto. Si el terapeuta trabaja con el inconsciente, con la asociación libre y con la transferencia, que son los tres pilares del psicoanálisis, puede usar cualquier encuadre.

 

Libro Terapia grupal

 

 

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por Carlos Pachuk, psicoanalista.

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