OPINIóN | 02-07-2020 15:10

Veni, vidi, Vicentin

Cómo las vueltas de Alberto Fernández empantanaron la ofensiva K sobre la cerealera.

La frase es de Julio César, que la usó ante el Senado romano en el año 47 antes de Cristo para describir lo fulminante de una de sus victorias militares. "Veni, vidi, vici", dijo. Vine, vi y vencí. Se suele utilizar esa famosa fórmula en latín para referirse a veloces demostraciones de poder, a batallas ganadas en un abrir y cerrar de ojos, con decisión y precisión.

O sea, nada parecido a lo ocurrido entre el gobierno de Alberto Fernández y la cerealera Vicentin. Primero, y empujado por su socia Cristina, el Presidente pareció ir a fondo con el anuncio de expropiación. Luego, tras las repercusiones negativas en el mundo y los cacerolazos porteños y en otras grandes ciudades del interior, intentó volver sobre sus pasos. Como el cristinismo no se lo permitió, nuevamente avanzó sobre la empresa santafesina para arrebatársela a sus dueños. Hasta que el masivo "banderazo" de hace dos semanas terminó de convencerlo de que había que enfriar el asunto. 

Desde entonces, el caso Vicentin está empantanado entre la alternativa ofrecida por el gobernador Omar Perotti, partidario de una intervención sin expropiación, la lógica insistencia del ala cristinista del Gobierno para seguir adelante con el plan original, y la postura del juez a cargo del concurso de acreedores, Fabián Lorenzini, que se resiste a expulsar a los propietarios de la endeudada empresa. 

Es un final abierto y demorado, mezcla de retroceso e indefinición, que seguramente hubiera espantado al intrépido Julio César.

Alberto hace lo que puede.

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Franco Lindner

Franco Lindner

Editor de Política, columnista de Radio Perfil y autor de "Fernández & Fernández" (Planeta).

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