Thursday 14 de May, 2026

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Jiva Velázquez: “Julio Bocca te exige y te ordena”

Del Teatro Colón a su propia voz creativa, el bailarín recorre su historia de disciplina, desafíos y crecimiento en el ballet.

En uno de los camarines del Teatro Colón, todavía flotan restos de la intensidad del ensayo. El cuerpo baja de a poco, pero la energía permanece. Jiva Velázquez habla en voz baja, como si aún estuviera en escena. Acaba de atravesar una jornada exigente del programa mixto “Aftermath - Come In - La consagración de la primavera”, esta última, de Oscar Araiz, estrenada en esta misma sala en 1966. Un repertorio que exige precisión, entrega y madurez interpretativa.

Jiva José Velázquez Panadam, nacido en Asunción, Paraguay, y construido desde el entusiasmo y el trabajo, se mueve con una naturalidad inusual para su nivel de élite. No hay impostación en su relato, tampoco grandilocuencia. Cada respuesta está atravesada por una gratitud persistente hacia el Colón, como si aún no terminara de asimilar que ese escenario monumental es, desde hace más de una década, su casa. Llegó en 2013, con apenas 17 años, y lo que en otros podría haber sido vértigo, en él fue impulso. 

Habla con delicadeza, elige las palabras como quien mide un movimiento. Hay algo en su tono que remite a ese niño que bailaba frente a un equipo de música con discos de Los Rolling Stones y Led Zeppelin. Habla de sueños concretados y oportunidades. Pero todo a su alrededor entra en una vorágine por el inminente estreno del Ballet del 7 al 17 de mayo. Sin embargo, él se detiene y recibe a NOTICIAS con serenidad zen, con el rigor de un bailarín que no corre detrás del brillo, sino de la sabiduría.

Noticias: Llegaste al Teatro Colón siendo muy joven.
Jiva Velázquez: Llegué en 2013, con 17 años, casi sin medir del todo lo que significaba. Venía de Asunción con una formación sólida pero sin experiencia en una estructura tan grande. Al principio hubo una mezcla de fascinación y desconcierto. El tamaño del teatro, la dinámica de ensayos, la jerarquía interna. Entré con cierta inocencia, incluso con una dosis de audacia, que me permitió no paralizarme. Ese equilibrio fue clave para adaptarme rápido y empezar a construir mi lugar.

Noticias: ¿Qué recordás de ese niño de Asunción?

Velázquez: Era un chico con mucha energía. Bailaba sin parar, como una forma de descarga. Mi mamá había sido bailarina y notó algo ahí, una inquietud corporal. Pero mi infancia no fue solo danza. Hice básquet y fútbol. Tenía una rutina intensa. La danza apareció casi por inercia, acompañando a mi hermana que hacía ballet. Al principio no me gustaba.

Noticias: ¿Cómo convivían en un niño el deporte y la danza?
Velázquez: Fue un equilibrio muy complejo. El básquet realmente me apasionaba, el fútbol me divertía, pero el ballet empezaba a exigir otra disciplina. A los 12 años tomé conciencia de que no podía sostener todo. Y elegí la danza, aunque no fue fácil porque era el único varón en la escuela y recibí burlas de todo tipo, pero la verdad es que nunca me afectaron demasiado. Cuando quedé solo con el ballet, sin ese compañero o equipo con quien compartir la pasión, todo se volvió más serio.

Noticias: ¿Qué te hizo elegir el ballet?
Velázquez: Ver una función de “El Cascanueces” en el Instituto Municipal de Artes. Ahí descubrí el costado virtuoso del ballet, la potencia, los saltos, la energía. Empecé a imitar, a probar. Sentí que había algo que me pertenecía. Tenía facilidad para la coordinación y el impulso, pero la técnica fue un trabajo arduo. Ese primer impacto fue decisivo porque dejó de ser una obligación para convertirse en deseo.

Noticias: ¿Cómo es la tradición del ballet en Paraguay?
Velázquez: Muy a pulmón. Hay espacios, pero con recursos limitados. Todo se construye desde el esfuerzo colectivo. No hay tantas referencias ni visibilidad como en Argentina. Eso te obliga a desarrollar una convicción interna muy fuerte. Mis referencias venían de YouTube, como Daniil Simkin, Carlos Acosta, Julio Bocca. Veía variaciones, no obras completas, y entrenaba con otros chicos. Había una ambición compartida, que era salir al mundo y progresar.

Noticias: Imagino que tu familia fue tu principal sostén.
Velázquez: Me apoyaron en todo momento y en todas mis decisiones. Fueron años de mucho aprendizaje, pero también mucho entrenamiento y dedicación. A los 13 gané una beca para Nueva York y pude medir mi nivel. Después intenté clasificar al Prix de Lausanne, pero sin lograrlo. Esos momentos también implican frustración. En un punto pensé que quizás mi camino no estaba afuera, sino en la región. Fue un golpe necesario para reconfigurar expectativas. 

Noticias: ¿Cómo apareció el Colón en tu camino?
Velázquez: A través de la bailarina Lidia Segni, que dio un curso en Asunción. Yo ya estaba estudiando periodismo paralelamente, como un plan B, pero ella vio algo en mí y me ofreció directamente un contrato. A veces los grandes profesionales como ella ven algo en uno que ni uno sabe. Y fue un quiebre en mi vida. En dos semanas estaba en Buenos Aires. Mis padres aceptaron, dejé los estudios y aposté todo al ballet. No dimensionaba lo que venía, pero sentía que era una oportunidad irrepetible.

Noticias: ¿Cómo fueron esos primeros meses en Buenos Aires?
Velázquez: Intensos y formativos. Viví en un hostel, me movía por la ciudad con cierta alerta, aprendiendo a manejarme solo. Dentro del teatro, todo era nuevo, los códigos, la organización, la exigencia. Cometí errores, como faltar a un ensayo por no entender un cambio, y eso me enseñó rápido la responsabilidad que implica este trabajo. Al mismo tiempo, estaba deslumbrado por el escenario.

Noticias: ¿Recordás tu debut?
Velázquez: Sí, en “Sinfonía en C”. Fue inesperado, un reemplazo de último momento. No era un rol protagónico, pero implicaba responsabilidad. Salí con nervios y concentración absoluta. Lidia era muy exigente, y eso marcó mi formación. Después vinieron distintas direcciones, cada una con su impronta. Con Maximiliano Guerra empecé a asumir más protagonismo, y con Paloma Herrera di un salto importante, ella me ascendió a solista.

Noticias: ¿Qué significó trabajar con figuras como Guerra, Paloma Herrera, Julio Bocca?
Velázquez: Son referencias enormes. Con Paloma hubo una mezcla de respeto y aprendizaje constante. Supo ver mi potencial y darme oportunidades. Julio, en cambio, llegó en un momento en que yo necesitaba un desafío mayor. Su exigencia es muy alta, pero también te ordena. Con él tuve mi primer protagónico en “El Corsario”. Con Maxi fue entrar en confianza con la profesión. Son personas que marcan un antes y un después en la carrera de cualquier bailarín. Cada palabra de ellos es una enseñanza.

Noticias: ¿Cómo se gestiona el cuerpo en una disciplina tan demandante?
Velázquez: El cuerpo es el instrumento y también el límite. La repetición constante genera desgaste. Uno aprende a convivir con la exigencia, a diferenciar cuándo avanzar y cuándo frenar. De joven todo era intensidad, hoy hay más conciencia. Escuchar el cuerpo es clave para sostener una carrera larga. Y sobre todo cuidarlo. Alimentarlo bien, darle descanso, no exponerlo a otras disciplinas.

Noticias: Hoy sos parte del programa mixto “Aftermath – Come In – La consagración de la primavera”.
Velázquez: Es un programa muy exigente y diverso. Cada obra tiene un lenguaje distinto, una energía particular. “La consagración…” es especialmente intensa, tanto física como emocionalmente. Este tipo de repertorio te obliga a salir de la zona de confort, a reinventarte como intérprete. Es un momento de mi carrera donde siento que puedo explorar más capas, no solo lo técnico, también lo expresivo.

Noticias: En paralelo, desarrollaste otra faceta que es la música, pero como compositor.
Velázquez: En mi infancia la música fue central. No imagino un día sin escuchar música. En 2019 empecé a estudiar producción y a componer música electrónica, más atmosférica que bailable. Es otra forma de expresión, complementaria al ballet. Desde hace unos años trabajo como DJ en clases de improvisación y compongo para obras de danza. Durante la pandemia profundicé ese camino. Me interesa el cruce entre movimiento y sonido.

Noticias: ¿Cómo te proyectás hacia adelante?
Velázquez: Mi objetivo inmediato es seguir creciendo técnicamente, alcanzar mi mejor versión posible. No tengo un sueño puntual, sino una búsqueda constante. A futuro, me interesa la transmisión, enseñar, compartir lo aprendido, quizás desde un enfoque más corporal y biomecánico. No me veo tanto en roles de gestión. Prefiero un vínculo más directo con el movimiento y la creación.

 

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Mariano Casas Di Nardo

Mariano Casas Di Nardo

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