POLíTICA | 14-07-2021 15:21

Cristina Kirchner en campaña y a la caza del voto marginal

Su elogio a L-Gante revela la búsqueda de un electorado que crece: en el Conurbano el 51% es pobre y el 15% indigente. Las encuestas que preocupan. Estrategia para enfrentar a Manes o Santilli.

Cristina Kirchner va a tener que cargarse la campaña en sus hombros. Y no le gusta para nada. No está contenta. “Molesta” es la palabra que usan quienes pisan su departamento en Recoleta. Tiene lógica: hace rato que la ex presidenta está acostumbrada a ser ella la que mueva los hilos de la realidad argentina, y no al revés. Por eso ahora está fastidiada. La crisis económica, el drama sanitario y el rumbo incierto de su gobierno la obligaron -“contra su voluntad”, dice su círculo- a convertirse en la cara de unas elecciones que ya se avecinan complejas para el oficialismo. En ese intento de tapar el sol con la mano, CFK sacó a relucir su cintura política y dio, otra vez, un giro que dejó con los ojos abiertos a propios y extraños: la apelación a la figura de L-Gante, un trapero que creció del otro lado del sistema y que simboliza al votante que podría definir las legislativas bonaerenses. A sesenta días de que el país vaya a las urnas, se abrió la temporada de caza del voto marginal.

Periferia. La aritmética es difícil de entender, de explicar y, sobre todo, de solucionar: las treinta y tres municipalidades que conforman el conurbano representan apenas el 0,5% del territorio nacional, pero ahí están concentrados los grandes dramas que atormentan al país. De las quince millones de personas que viven allí -el 29% de la población y casi el 40% de los votantes-, el 51% es pobre y el 15% indigente. Según el Indec, el organismo que elaboró a principios de año las estadísticas recién mencionadas, caer en la indigencia significa “no contar con los ingresos suficientes para cubrir una canasta de alimentos capaz de satisfacer un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas”. Literalmente, no tener ni siquiera la comida suficiente como para poder llegar a ver el día siguiente. A diferencia de una gran parte de la población pobre, que suele estar alcanzada por distintos planes de protección social o integrada al mercado informal de trabajo, los que no cumplen con el mínimo de necesidades proteícas suelen quedar demasiado lejos de la mano del Estado y ni que hablar del mercado. Suelen estar marginados del sistema.

Quien primero los describió fue el intelectual Karl Marx. El “lumpenproletariado”, como los llama en el capítulo V de “El 18 brumario de Luis Bonaparte”, son los “vástagos degenerados de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, carteristas, rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, toda esa masa informe, difusa y errante con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia”. A pesar de que el texto es de 1852, en Argentina es un fenómeno relativamente nuevo: hasta la tragedia de la última dictadura, la pobreza en el país oscilaba entre el 5% y el 8%, y la desocupación no solía alcanzar al 5% de la población. Desde entonces pasaron cosas, y no hay ningún político (y política) con pretensiones de alcanzar o quedarse en el poder que no los intente captar.

Parafraseando al libro del alemán, esta vez la historia vino a repetirse pero en forma de trap. “Hace unos días veía una intervención que le hacían a 'Elegant'. Les recomiendo que lo escuchen porque con el Conectar Igualdad y un microfonito de mil pesos hizo un tema que tiene 176 millones de reproducciones en el mundo. Y bueno, si van a escuchar a 'Elegant', Trueno, también lo conozco a Wos, que una vez fue y me hizo un rap en el Senado”, dijo la vicepresidenta, en su última aparición pública en un acto en Lomas de Zamora. Más allá del pifie del nombre del artista, lo de Cristina Kirchner fue una jugada estudiada a varias bandas: le habló al público joven, de todas las clases sociales, en donde esta música es furor, le habló (o intentó hablarle) al público marginal desde donde nació este género, y también abrió un paraguas, con las 10 mil tablets que entregaron aquel día y con la mención a la computadora que recibió en su momento el trapero, para frenar las críticas hacia el Gobierno por el descuido al sistema educativo durante la pandemia. Ningún voto sobra.

Lupa. Otra afirmación que sale desde el domicilio de Recoleta es que este tipo de jugadas son obra pura y exclusiva de CFK. “Ella ve todo, ve hasta La Nación+”, dicen en su círculo, y la mención al canal de Julio Saguier, el nuevo Magnetto, la dan como garantía de veracidad. Según lo que narra su entorno, fue en su búsqueda de entender el presente que ella se encontró con la entrevista que le hizo el periodista Julio Leiva para el sitio “FiloNews” a L-Gante, en la que el músico cuenta lo que luego reprodujo la vicepresidenta en el acto. “Lo grabé con todos mis amigos fumando, hablando atrás. Parece que necesitás grandes cosas pero no, a cara de perro”, dijo el artista en esa nota.

Parece que la ex presidenta dio en el clavo. Porque el trapero -que prefiere definirse como “cumbiero”- es la contracara exacta de un fenómeno que describió el sociólogo Norbert Elias a principios de los noventa. En su libro “Mozart, sociología de un genio”, hoy un clásico en ese campo, el alemán explicaba que el artista, para los expertos el mejor músico de toda la historia, nunca pudo triunfar en vida porque había nacido en el momento y lugar equivocado. “Era la época de una lucha entre el estamento noble y el burgués, y Mozart, como elemento marginal burgués al servicio de la corte, libró con un coraje sorprendente una dura batalla por su libertad contra sus patrones aristócratas, quienes le encargaban sus obras. Y perdió”, asegura Elias.

En cambio, la parábola de Elian Ángel Valenzuela (así figura L-Gante en el DNI) podría usarse para definir un fenómeno demasiado extendido en Argentina. El músico nació en el seno de una familia humilde de General Rodríguez, vio morir, siendo él un niño, a dos de sus hermanos, no pudo terminar la escuela, tuvo problemas con la policía, probó, según él mismo contó, todas las drogas, trabajó en una fábrica de plásticos hasta que no aguantó más las altísimas temperaturas de sus hornos, no pudo volver a retener un trabajo formal y tuvo que vender barbijos que él fabricaba en la calle para poder conseguir cinco mil pesos para pagar su primer videoclip, entre otras complejidades. Todo eso pasó antes de sus 20 años. Ahora, con 21 recién cumplidos, está a meses de ser padre por primera vez. A diferencia de Mozart, la vida de Valenzuela refleja con precisión el crudo presente de una provincia quebrada y con el 15% de indigencia. “El trap tiene una base importante entre jóvenes de sectores populares, tanto por su surgimiento como por la orientación que le da el mercado. El trap grafica, elabora, proyecta, e impone perspectivas que asociamos con jóvenes marginalizados, aunque es claro que entran en juego prejuicios y miradas hacia los jovenes de sectores populares a partir de nuestras perspectivas adultocéntricas y de clase”, asegura Nazareno Bravo, doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Cuyo e investigador del Conicet.

A todos los chicos y chicas con una historia como la de este músico es que les habla CFK cuando dice “escuchen a Elegant”.

Laberinto. La preocupación de Cristina, esa que la obligó a volver a aparecer con frecuencia en público -desde que ganó el Frente de Todos ella prefiere salir poco para que sus palabras tengan el impacto de un tsunami-, se puede medir en números. Es que es la mátematica lo que más preocupa en el departamento de Recoleta: los números del Indec que indicaron que en abril, otra vez, los salarios volvieron a perder contra la inflación (3,2 versus el 5%), y los que dan las encuestas.

Hubo una, a fines de junio, que recorrió todos los despachos oficiales y que provocó terremotos. Es la que se adjunta en esta nota, de la consultora Management & Fit, que indica que el oficialismo está empezando a hacer agua entre el público menor a 40 años. Aunque varios de los encargados de este tipo de tareas dentro del Gobierno la minimizan y lanzan pestes contra su dueño, Guillermo Seita, a quien se lo sindica como colaborador en la campaña de Horacio Rodríguez Larreta, lo cierto es que desde hace 15 días que no se habla de otra cosa en cualquier reunión entre los miembros del oficialismo. En general -y en la política en particular-, si duele o molesta por algo es.

Hay encuestas incluso más dramáticas. La consultora privada que tiene un funcionario provincial -cuyo trabajo también corrió como pólvora en el círculo rojo, aunque no llegó al gran público- marca que, al día del cierre de esta edición, el Frente de Todos estaba sólo dos puntos por arriba de Juntos por el Cambio en la provincia de Buenos Aires. Para entender la gravedad de esta medición hay que remontarse al 2019: en aquel año Axel Kicillof le ganó a María Eugenia Vidal por 14 puntos. Cualquier baja de ese número, y ni hablar si sólo se triunfa por poco, sería visto como una derrota colosal. “¿Por qué te pensás que estamos a 15 días de que cierren las listas y todavía no tenemos candidatos? Nadie quiere agarrar Provincia: si llegás a ganar ganó Cristina, y si llegás a perder el boludo que se quema sos vos”, explica el hombre que elaboró estos números, sin demasiados pelos en la lengua. La demora en definirse entre Sergio Berni, Victoria Tolosa Paz (la que mejor mide del oficialismo, según el Observatorio de Psicología Social de la UBA), Santiago Cafiero (a quien el Presidente prefiere retener en su cargo), o incluso inclinarse por algún tapado (en este campo viene picando en punta el camporista Nicolás Kreplak, viceministro de Salud bonaerense), tendría que ver también con la complejidad que revelan las consultoras. Desde la Casa Rosada niegan estos guarismos y ofrecen los propios: entre 10 y 12 por ciento arriba, y dicen que van a esperar hasta las horas previas al cierre de listas, el 24 de junio, para evaluar quién es el mejor candidato, en base a si la oposición va a una PASO o se inclina por Diego Santilli o Facundo Manes. La lógica sería que si va el peronista del PRO se lo puede contrarrestar con un candidato “más K”, pero si juega el neurocientífico los obligaría, por el contrario, a una oferta más “moderada”.

De cualquier manera, los que frecuentan a CFK dicen que ella viene incrementando su preocupación por la situación del país y por el rumbo del Gobierno. Hay hartazgo por algunas actitudes de Alberto Fernández que, a su entender, enchastran la “investidura presidencial”, un creciente malestar por no poder ofrecer un relato con algún grado de épica y, sobre todo, por la falta de resultados visibles de la gestión, que se agravó con las intentonas fallidas del ministro de Economía de aumentar las tarifas. De ahí que se sienta obligada a aumentar su visibilidad: entre tanta malaria, sólo ella y su núcleo histórico de votantes duros podría ayudar a torcer la elección. “Es que Cristina no tiene plan B: si le va mal a Alberto, si le va mal al Gobierno, le va mal a todos y sobre todo a ella”, cuentan cerca suyo. No lo dicen así, pero los miedos por las penurias judiciales que rodean a la vice encabezan el tope de razones por las que ella no puede darse el lujo de perder.

Tampoco es casual la elección geográfica. Buenos Aires, y el conurbano en particular, no sólo representan el grueso de los votantes nacionales sino que ahí están los electores históricos del kirchnerismo, con los que en el 2019 pudieron ganar la elección. Retenerlos es tarea primordial, trabajo complicado si se ve que fue, de todo el país, la provincia en la que más creció el desempleo en lo que va de este gobierno: 3,3%, números que son incluso mayores en tres importantes municipios que gobierna el kirchnerismo, como Avellaneda (4,1%), Quilmes (3,8%), y Lomas de Zamora, el lugar donde CFK citó al trapero (3,7%).

Divino tesoro. Desde que la historia es historia, los políticos buscan maneras de llegarle a la juventud. Son los jóvenes los que no sólo representan el grueso de los votantes sino los primeros a la hora de copar las calles, fiscalizar, o hacer presencia en los barrios. Si Perón tuvo a la “juventud maravillosa”, el kirchnerismo intentó hacer lo mismo, de varias maneras, pero en especial a través de La Cámpora. Fue, durante sus gobiernos, una apuesta muy exitosa, la cual luego le dio la base para “resistir” al macrismo y volver al poder. No es una potestad única del peronismo: la oposición hoy también hace lo mismo a través, por ejemplo, del cumbiero “el Dipy”.

Sin embargo, parecería que la generación que se sumó al padrón electoral en los últimos años, y que apenas vivió al kirchnerismo, no transitaría exactamente la misma línea. Las encuestas revelan que entre los que tienen desde 16 a 25 años empieza a crecer el descontento hacia los que gobiernan (sean del partido que fueren), a la par que aumenta la sensación de que el presente es muy malo y será incluso peor. Es un campo de cultivo ideal para los discursos antipolítica que crecen en todo el mundo, y que en Argentina están tomando la forma de un liberalismo extremo.

Es una situación peligrosa para el Gobierno. No sólo porque la realidad marca que la mayoría de los oficialismos en el mundo están perdiendo (Estados Unidos, Francia, Brasil, Perú, Chile, España, México, por citar sólo algunos casos), sino por la composición histórica del kirchnerismo. Ahora, incluso, este espacio empezó a perder varios centros de estudiantes en las secundarias y universidades de Capital y de Buenos Aires a manos de la izquierda y de agrupaciones independientes.

Quien tiene en claro todo esto, y vuelve a demostrar por qué está donde está, es la vicepresidenta. Como se decía en la campaña que la catapultó hacia su actual cargo: sin el trap no alcanza, pero con el trap sólo tampoco se puede. CFK lo sabe. Y está preocupada.

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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