El secretario de Política Económica y hombre de confianza de Luis Caputo salió a la cancha esta semana con un discurso optimista ante empresarios del sector financiero, en el marco de un evento organizado por la calificadora Fitch Ratings, y repitió el mensaje en varios foros: la Argentina vive un cambio estructural "hermoso", "robusto", prácticamente "ilimitado" en su potencial. Pero en el mismo aliento reconoció que ese momento todavía no llega a los bolsillos de la gente. Una contradicción que no pasó desapercibida.
"Lo que está ocurriendo en Argentina no es un ajuste cíclico, no es un cambio de política: es un cambio en el sistema económico muy profundo", sostuvo Daza, comparando el proceso local con las transformaciones que experimentaron décadas atrás países como Vietnam, Polonia y Chile, que derivaron en largos períodos de crecimiento. Según el funcionario, Argentina está frente a ese mismo umbral, pero con una ventaja: "somos mucho más ricos que esos países". Con ese argumento en mano, proyectó un potencial de crecimiento que calificó como "prácticamente ilimitado" y vaticinó que el país crecerá más que Chile y Polonia en los próximos años.
El cuadro de indicadores que presentó fue igualmente entusiasta. Señaló que el Banco Central lleva compradas más de u$s 10.200 millones en lo que va del año y que, de mantenerse el ritmo, la cifra podría escalar a us$ 24.000 millones antes de fin de diciembre. Destacó la reciente mejora en la calificación crediticia argentina y explicó su impacto concreto: en una licitación reciente, el Gobierno colocó us$ 1.700 millones, señal de que los upgrades están empezando a abrir puertas en el mercado internacional. También rechazó cualquier apuesta a una devaluación: "La moneda argentina se va a convertir en una de las más fuertes del continente, no por una decisión de gobierno sino por la oferta y demanda de dólares".
Sin embargo, fue el propio Daza quien puso el límite a tanta euforia. Al hablar del empleo, admitió lo que la mayoría de los argentinos siente en su vida cotidiana: "Hace 15 años que no crece el empleo, hace 15 años que no crecen los salarios, hace 15 años que no crece la producción". Y aunque lo dijo en referencia a la herencia recibida, la frase describe también el presente. Pero la advertencia más reveladora llegó al hablar del superávit fiscal. "El superávit todavía depende en gran medida de dos personas: el presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo", reconoció, admitiendo que el equilibrio de las cuentas públicas aún no tiene el sustento institucional necesario para sobrevivir a un cambio de gestión. La misma idea había sido anticipada por Caputo días antes, cuando recomendó "no comerse el cuento" de que cualquier gobierno podría sostener el déficit cero.
El cuadro que pinta Daza es el de una transformación real pero frágil, prometedora pero aún pendiente de demostración en la vida cotidiana. Un momento que, según sus propias palabras, es "hermoso" en los indicadores macroeconómicos, pero que "todavía no se siente" donde más importa.














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