El reclamo de Cristina Fernández de Kirchner para que se le retire la tobillera electrónica volvió a encender la polémica. A través de sus abogados, la ex presidenta había solicitado dejar sin efecto el dispositivo de control, pero la Corte Suprema de Justicia confirmó que deberá seguir utilizándolo, al considerar que se mantienen las condiciones que justifican la medida.
La decisión judicial tuvo un inmediato rebote político y mediático. Uno de los más duros fue el periodista Eduardo Feinmann, quien reaccionó con un mensaje explosivo en la red social X: “Mándenla a una cárcel común. La unidad 4 o 7 de mujeres en Ezeiza es ideal”.
El fallo del máximo tribunal ratificó lo resuelto en instancias anteriores y descartó los argumentos de la defensa, que había planteado que la tobillera resultaba innecesaria y estigmatizante. Para la Corte, el monitoreo electrónico sigue siendo una medida válida y proporcional, en el marco de las causas judiciales que involucran a la ex mandataria.
La reacción de Feinmann se inscribe en una larga serie de cruces públicos con el kirchnerismo y, en particular, con la figura de Cristina Kirchner. Su mensaje generó una fuerte repercusión en redes sociales, con apoyos desde sectores opositores y rechazos de dirigentes y usuarios que lo acusaron de incitación y violencia simbólica.
Mientras tanto, la situación judicial de la ex presidenta continúa bajo la lupa. La tobillera electrónica, convertida ya en un símbolo político, volvió a funcionar como disparador de una grieta que combina justicia, poder y confrontación mediática.














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