Monday 4 de March, 2024

POLíTICA | 10-11-2023 11:02

Javier Milei: cómo funciona la cabeza de un líder inestable

Escenas de furia y desborde en la tevé y en la intimidad. La palabra de su brujo, el que lo convenció de los poderes de sus perros. La misión de Dios y el factor Conan.

Es el jueves 26 de octubre y Javier Milei está sentado en el estudio de A24. Está incómodo.

Se sentó en la misma silla en donde a principios de año protagonizó un evento que ahora se volvió internacional. En enero tuvo un lapsus cuando la producción de ese canal puso, sin previo aviso, una foto de su mastín inglés. “Ahí está Conan”, repitió en aquel entonces, como envuelto en una especie de trance. En estos días el comendiante estadounidense John Oliver reprodujo esa escena junto al histórico presentador Conan O'Brien, y la convirtieron en un sketch que dio la vuelta al mundo.

Desde entonces pasaron diez meses. Y algunas cosas cambiaron: contra todo pronóstico, Milei cosechó 30 por ciento de los votos en las elecciones primarias, mandó a Juntos por el Cambio al tercer lugar en las generales y hoy es una de las dos personas que están en carrera para gobernar el país a partir del 10 de diciembre.

Pero para la entrevista con Esteban Trebucq Milei no llega en el mejor de los momentos. De hecho, todo lo contrario. En un hecho difícil de explicar al menos con lógica política, el libertario entabló una alianza con Mauricio Macri como si el derrotado hubiera sido él en lugar del PRO. La presencia del ex presidente, en horas, se convirtió en un fanstama incómodo incluso puertas para adentro de La Libertad Avanza. Y no sólo eso: Milei estaba absolutamente convencido, diálgos con Dios mediante -de quien dice ser su elegido-, de que el domingo 22 de octubre iba a ganar la presidencia en primera vuelta. El mareo que sufre, por lo tanto, no es sólo estratégico, sino también personal y místico.

A Milei se lo ve desbordado en la nota con Trebucq, sólo cuatro días después de la votación. Primero se queja por los “murmullos” que hay en el estudio, pero hay algo más: está desorbitado, fuera de eje. Sus gestos no van ajustados, y cada tanto mueve los labios de una manera extraña.

En las redes rápidamente el hecho se empieza a comentar, pero para el final llega la frutilla del postre. Trebucq le pregunta sobre la inesperada alianza con Bullrich, a quien muy poco tiempo antes llamaba “asesina de niños”.

El cruce que se da es insólito.

“Frente al anuncio de Bullrich yo posteé un meme. ¿Alguien vio las métricas? Tiene más de 250.000 likes”. “Pero eso no son votos, Javier”, le retruca el periodista. “Pero lo que quiero decir es: hay tres salames opinando desde una computadora... ¿sabés qué? Mientras ellos miran a la señorita por internet, yo estoy en el medio de sus sábanas”.

La respuesta de Milei -una comparación lineal entre una situación sexual y una alianza política- no sólo es llamativa por sus palabras, sino por el modo: mueve mucho los ojos, retuerce los dedos, la voz se le pone muy grave.

Esta escena da la vuelta al mundo en horas. La estabilidad emocional de Milei, tema que viene siendo tratado desde hace años por NOTICIAS, se convierte en una gran incógnita. ¿Puede un líder inestable gobernar un país tan inestable como Argentina?

Es una duda que, además, sólo puede agigantarse. Es que lo que se vio en la pantalla de A24 es, apenas, la punta del iceberg.

Panic show. Es que la cabeza de Milei es un laberinto, quizás insondable hasta para él mismo.

¿Dónde nació esa inestabilidad? ¿Por qué?

Aunque son preguntas más propias para un especialista de salud mental, una mirada periodística puede aportar algunas respuestas.

El libertario tuvo una vida profundamente difícil. Norberto, su padre, un colectivero que se jactaba de andar con una cachiporra al lado del asiento para lidiar con los pasajeros difíciles, hizo de su infancia un infierno. Lo golpeó durante años, y cuando las trompadas no eran físicas se transformaban en un tormento de humillaciones. “Sos una basura, un inútil, nunca vas a servir para nada”, fueron las palabras que más escuchó Milei en su hogar en Villa Devoto.

Una anécdota ilustra a la perfección aquellos años. Es del 2 de abril de 1982, día en el que se anunció la Guerra de Malvinas. Milei, viendo el televisor, comentó que esa trifulca seguramente iba a salir mal para Argentina, con las certezas que un niño de 12 años puede tener. Norberto estalló en una especie de bronca patriótica y lo golpeó por toda la casa. Karina, la hermana dos años menor y testigo involuntario, sufrió un shock tan fuerte que terminó internada. Desde el hospital, Alicia, la madre de ambos, llamó a Milei, al que habían dejado solo y golpeado en la casa. “Tu hermana se va a morir, Javier. Y se va a morir por culpa tuya”, le dijo.

El correlato de este tormento no es difícil de imaginar. En el Colegio Cardenal Copello, donde hizo primaria y secundaria, Milei era un chico solo, apartado y sin amigos. “El Loco”, lo apodaron ahí, en una escuela en la que sufrió bulliyng.

¿La inestabilidad de Milei nació en esta infancia compleja? ¿O vino después?

Es otra incógnita a la que es difícil contestar con precisión, pero si se puede marcar un año clave. Es el 2017. Ahí habría un antes y un después.

“Hijito de cuatro patas”. Así se refería Milei a su perro. Lo adoptó en el 2004, en Córdoba, y, en sus palabras, se convirtió en “su verdadero y más grande amor”. Con Conan pasó 13 navidades y 13 años nuevos, en una absoluta soledad. Una copa de champagne era para él y otra para el perro.

Según Milei, era “literalmente su hijo”. De él habló no sólo en casi todas sus entrevistas sino incluso en sus actos de campaña.

“¿Cuántos años tiene?”, le preguntó Trebucq en enero de este año, luego de que el libertario se tildara viendo al perro. “Tantos que no saco la cuenta”, le contestó. ¿Fue una mentira? ¿O Milei no distingue la realidad de lo que sucede en su cabeza?

Difícil de saber. Pero lo cierto es que el animal murió en octubre de 2017, luego de una larga agonía. Ese proceso lo atravesó con un parapsicólogo y una telépata que leían la mente del can y lo “comunicaban” con su dueño. El primero que llegó al auxilio de Milei en aquela época difícil fue Gustavo, un brujo anarcocapitalista que “trabajó” ocho meses con el economista y su convaleciente perro. Él hacía de “protector” del animal y de “intérprete” entre este y su dueño.

A mediados de agosto de este año, Gustavo rompió el silencio. “Desde el punto de vista esotérico, tanto él como yo somos personas muy importantes del Imperio Romano, estamos muy acostumbrados a la lucha. Es una gran persona”, dijo el brujo en una charla en vivo en Twitter.

Luego de Gustavo llegó otra persona clave para Milei, que tendría mucha influencia en su cabeza. Era Celia Melamed, que se define como “comunicadora interespecies” aunque en las entrevistas acepta que la llamen a secas “télapata”. Ella terminó de introducir al libertario en el campo de lo sobrenatural, comunicando a Milei con su perro en el más allá. Y no sólo eso: Melamed sería quien entrenaría a Karina en esta disciplina. Hoy la hermana de Milei puede hablar con animales vivos y muertos con la misma facilidad que su mentora, y en base a estas charlas toma decisiones importantes.

“Mis nietos”. Pero fue tal el agujero que le dejó la ausencia de su perro-hijo Conan que Milei dio un paso más allá, alentado también por el brujo Gustavo. “Yo le programé que tuviera cinco. Esos animales son cinco animales de poder, lo sostienen a él energéticamente”, dijo.

Se refería a los cinco clones de Conan que hizo Milei, que le llegaron desde Estados Unidos a comienzos del 2018. Él le pagó 50 mil dólares a “Perpetuate” por los animales. La empresa ahora se acordó de él. Luego de que ganara las PASO, la compañía estadounidense sacó una publicidad contando que Milei, “uno de nuestros clientes”, había salido primero en la elección argentina.

Los que Milei presenta como “mis nietos” son en verdad los clones de Conan. Con la tesis del brujo mediante, el libertario se convenció de que los animales tienen “poderes”, y hoy los tiene divididos como si fuera una especie de gabinete en las sombras, con cada uno de ellos asesorandolo en un área específica.

Los clones llenaron el vacío que dejó Conan, aunque ocasionaron un problema no esperado. Los mastines ingleses llegan a pesar 100 kilos y miden 1,80 de parados. Los clones vivían en el departamento de 100 metros cuadrados que tenía el libertario en el Abasto. La casa, apenas empezaron a crecer los cachorros, se convirtió en un chiquero inmenso, y Milei dejó de recibir gente allí. “Es que es Kosovo”, se justificaba como si fuera un chiste, aunque no lo era. En marzo del 2019, cuando estaban por cumplir un año, sufrió un accidente: uno de los clones lo atacó y lo mordió. El economista terminó en el hospital y con varios puntos de sutura.

Inestable. La charla en la que el brujo rompió el silencio estuvo organizada por Claudia Oviedo. Ella era amiga de Milei. En el 2018, el libertario le confió una tarea sensible: tenía que crear y administrar una cuenta de Conan en las redes, aun cuando el perro ya estuviera muerto, una ficción que sostuvieron mientras duró esta aventura. “Yo sabía que Conan no estaba vivo, ¿pero qué le iba a decir?”, dijo Oviedo en esa charla. Ver algunos de los mensajes que Milei intercambiaba con la cuenta del perro muerto genera algo parecido a un escalofrío. “Muchas gracias AMOR DE MI VIDA, nadie más grande que vos CONAN, esperemos que baje la humedad así metemos una caminata larga”, le comentó el 29 de julio del 2018 en Twitter.

Con el tiempo la situación no mejoró. A mediados del aquel año, Milei contó en su grupo de confianza un hecho llamativo. Dijo que estaba en una librería del centro cuando la filósofa Ayn Rand -que murió en 1982- se le “apareció” para tener una charla. Estas apariciones y charlas con muertos -con Murray Rothbard, el fundador del libertarianismo, dice tener diálogos frecuentes- continuaron hasta que en el 2020 tuvieron su clímax. Aquel año fue especial para Milei: se peleó con el único amigo que tuvo alguna vez, Diego Giacomini, y además murió su terapeuta por Covid, lo que lo llevaría a dejar de atenderse. De hecho, tan mal estaba que su hermana Karina se lo llevó a vivir con sus padres a Vicente López, luego de que esa relación se reacomodara.

En aquellos días pandémicos Milei dijo recibir varias visitas del propio Dios. Y que fue este quien lo convenció de hacer algo que nunca había querido hacer, que de hecho le habían ofrecido en el 2019 pero que él había rechazado: meterse en política. “El Uno me dijo que tengo una misión”, repetía a quien lo quería escuchar. En septiembre de esta año, uno de sus entonces amigos rompió el silencio en NOTICIAS. Era Mariano Fernández, un economista y profesor, que en un artículo para este medio escribió lo siguiente: “Muchos analistas creen que el comportamiento de Milei es un acting, pero la realidad es mucho más compleja y peligrosa. En repetidas ocasiones ha manifestado que sus acciones están iluminadas por la providencia y que su 'misión' ha sido inspirada por Dios”.

Crisis. Entonces, la inestibilidad que se vio de Milei en A24 no es nueva: simplemente está exacerbada, en un momento en que muchísimos ojos se posan sobre él. Y tiene sentido. El libertario no sólo sufrió el golpe de la elección en la que no ganó, sino que se le sumó el hecho de tener que negociar mano a mano con Macri. Esto es una novedad en la vida de Milei: él hasta ahora no hacía política, se manejaba a sus anchas en un partido ultraverticalista y caótico y rechazaba inmiscuirse a fondo en temas como el armado de listas o las alianzas. La política nunca le interesó, por eso ahora está entrando en un terreno nuevo y resbaladizo. Estas semanas previas del ballotage podrían convertirse en una arena movediza.

Pero, más allá de su pacto con el PRO o de sus propuestas de dolarización, la gran pregunta es la que iniciaba esta nota. ¿Puede una persona que está convencido de que es el elegido de Dios gobernar Argentina? ¿Puede alguien que piensa que sus perros clonados lo asesoran políticamente sacar adelante un país tan complejo como este? ¿Está capacitado alguien como él, que cree que tiene la capacidad de dialogar con un perro muerto desde el más allá, mejorar la vida de 46 millones de personas? La respuesta dependerá de cada lector, pero las simples preguntas generan miedo.

 

 

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