En el vertiginoso termómetro de las redes sociales oficialistas, el paso del liderazgo al ostracismo se mide en horas. El último en experimentar este fenómeno es Sergio "Tronco" Figliuolo, quien pasó de ser el estandarte de la incorrección política en Neura a convertirse en el blanco predilecto de la misma infantería digital que lo llevó a la cima. La chispa que desató el incendio fue su ambigua postura ante el feroz cruce entre el Gordo Dan y la diputada Lilia Lemoine. Al declarar que "entendía a los dos" y evitar una condena explícita hacia Pareja, "Tronco" rompió el contrato de autenticidad que lo unía con su núcleo duro de seguidores.
La indignación de los militantes de "las fuerzas del cielo" no se quedó en la superficie política. En las últimas horas, las redes se inundaron de mensajes que festejan lo que denominan "la caída de Tronco", tildándolo de "mercenario". El reproche central es económico y profesional: le recriminan haber vendido su parte de Neura en su mejor momento para refugiarse en la función pública, asegurándose un cargo con un sueldo que, según denuncian en X, ronda los 10 millones de pesos mensuales. Para las bases, ese salario ha actuado como un sedante para la rebeldía que antes exhibía frente al micrófono, transformando al "ciudadano de a pie" en un engranaje más de la maquinaria estatal.
El desprecio de los trolls apunta especialmente a la metamorfosis de su discurso. Los usuarios que antes lo veían como alguien que venía a "meterse en el barro" y a "decir la posta", hoy lo acusan de esconderse detrás de la investidura para no incomodar al poder. Las críticas son lapidarias: le facturan que ahora pida "entender" a los políticos y que se comporte como un legislador tradicional en lugar de mantener la frontalidad por la que fue votado. "Quedaste como un boludo" y "ahora tenés que chupar la p... de Pareja" son solo algunos de los ataques que reflejan la ruptura de un idilio que, hasta hace poco, parecía inquebrantable.
Esta crisis de representación dentro del universo libertario deja a Figliuolo en una posición de extrema vulnerabilidad política. El hombre que se jactaba de no tener pelos en la lengua hoy es señalado por haber cambiado su personaje apenas olió el perfume del despacho oficial. Para la militancia digital, el caso de "Tronco" es la prueba de que no se puede "estar bien con Dios y con el diablo", y que en el nuevo esquema de poder, cualquier gesto de moderación o diplomacia es leído como una traición imperdonable a los ideales de la libertad.














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