Javier Milei quiso explicar cómo toma decisiones y terminó enredado en la mitología griega. En su charla del 30 de octubre en la Universidad Torcuato Di Tella, convirtió a Odiseo en “Eliseo”. La confusión, repetida en la transcripción de la Casa Rosada, fue solo el comienzo: también cambió personajes, parentescos y el sentido del desenlace.
La primera precisión alcanza al marco del relato. Odiseo, también llamado Ulises, es el héroe de La Odisea, atribuida a Homero. Pero la historia de Filoctetes que reconstruyó el mandatario corresponde a la tragedia de Sófocles. Compartir un personaje no convierte a dos obras en el mismo libro.
En esa pieza, los griegos necesitan al arquero que habían abandonado en Lemnos, herido y sufriente. Odiseo pretende recuperarlo mediante un engaño. Milei le adjudicó la misión a “Patroclo, al sobrino de Aquiles”. Doble error: el enviado es Neoptólemo y es hijo de Aquiles. Patroclo es otro personaje, el compañero de armas cuya muerte a manos de Héctor resulta decisiva en la Ilíada.

El cambio más significativo llegó al final. Según el Presidente, el emisario promete una disculpa, embarca a Filoctetes y así los griegos “burlan al oráculo y ganan”. En Sófocles, Neoptólemo se arrepiente del engaño y devuelve el arco. Filoctetes sigue negándose a ir a Troya. La salida llega con la aparición de Heracles, que le ordena partir y anuncia su curación y la victoria. La profecía se cumple: no queda burlada.
Tampoco se trata simplemente de conseguir un buen tirador para lanzar flechas incendiarias, como sugirió Milei. El arco de Heracles y la participación de Filoctetes son condiciones de la conquista anunciada. Reducir ese conflicto a una necesidad militar borra su dimensión religiosa y dramática.

El mandatario usó la historia para cuestionar al kirchnerismo por insistir en sus errores y reivindicar la rectificación. Sin embargo, su resumen dejó afuera precisamente al personaje que corrige su conducta: Neoptólemo, que desobedece a Odiseo y devuelve lo obtenido con una mentira.
La diferencia importa: la obra discute los límites de la astucia y el costo de obedecer. El joven emisario descubre que la victoria no justifica cualquier procedimiento.
El nombre equivocado sirvió para los memes. La alteración del argumento deja una discusión más incómoda: una clase sobre la honestidad apoyada en una versión que los textos no sostienen. Para explicar el valor de reconocer errores, el Presidente habría necesitado empezar por revisar su propia lectura.


















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