"Grave", fue el sintético mensaje que Lilia Lemoine posteó en su cuenta personal de X. La legisladora libertaria acompañó el tuit con un fragmento de una nota en el que se anunciaba que el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, se negó hacerse un test de alcoholemia. En ese momento,tras la negativa por parte del funcionario de Axel Kicillof, los agentes de tránsito que controlaban la autopista Buenos Aires- La Plata procedieron a retener la licencia de conducir.
La negativa de Bianco encendió críticas y un debate público sobre el cumplimiento de la legislación vigente, particularmente la Ley de Alcohol Cero, que prohíbe la circulación de cualquier conductor con alcohol en sangre en la provincia de Buenos Aires. El peronista explicó públicamente que optó por no someterse al test porque había personas no identificadas filmando el procedimiento, y aseguró: “No tengo nada que ocultar, pero en estas condiciones no la hago”, defendiendo su decisión de solicitar el acta en lugar de la prueba.
El hecho ocurrido en abril del año pasado, reflotado ahora en redes sociales por el troll libertario Traductor Te Ama , generó fuertes repercusiones por la negativa a la prueba por parte de Bianco. De hecho, fue objeto de una denuncia penal presentada por el diputado de La Libertad Avanza Sebastián Pascual, quien lo acusó de abuso de autoridad, desobediencia y tráfico de influencias, argumentando que no solo incumplió la ley de tránsito sino que, según fiscales y opositores, también usó su posición para evitar sanciones más duras.

En contraste con la polémica peronista, la militante libertaria Eugenia Rolón protagonizó un episodio de tránsito que desató un escándalo de otra índole el jueves 8 de enero en Mar de Ajó. La joven de 23 años y vinculada a la comunicación del oficialismo nacional, impactó su vehículo contra un poste de alumbrado público tras realizar maniobras imprudentes en la vía pública. Personal de tránsito del Operativo Sol sometió a la comunicadora al control de alcoholemia, que arrojó 1,89 gramos de alcohol por litro de sangre, muy por encima del límite permitido y en una jurisdicción de “tolerancia cero”.
Lo que agrava la situación es que la joven no contaba con licencia de conducir habilitante al momento del siniestro, lo que configura una doble infracción de gravedad. Por ese motivo, el Ministerio de Transporte bonaerense actuó de oficio y la inhabilitó para tramitar la licencia de conducir en la provincia de Buenos Aires, en una medida administrativa que, por la interpretación del sistema, podría extenderse varios años como sanción ejemplificadora.
El caso de Rolón no terminó solo en el plano administrativo: según varios medios, su pareja, el tiktoker Iñaki Gutiérrez, la denunció en una comisaría por conducción en estado de ebriedad y por presunto uso no autorizado del vehículo, lo que agrega una dimensión penal a la causa. Hasta ahora, desde el entorno del gobierno nacional no hubo declaraciones oficiales sobre el episodio, que ha sido ampliamente difundido por redes sociales.

La comparación entre un alto funcionario que eludió la prueba de alcoholemia y el de una joven militante que fue sancionada drásticamente por el mismo tipo de infracción; alimentó debates en medios y opinadores políticos sobre la aplicación uniforme de las normas de tránsito y la percepción de privilegios según la posición política. Voces críticas señalaron que la situación de Bianco pudo haber sido tratada con mayor rigor, incluyendo el secuestro del vehículo, como indica el protocolo ante una negativa a la prueba.
Un antecedente reconocido en ese aspecto fue el de la exministra de Seguridad y actual senadora libertaria Patricia Bullrich. En 2009, la dirigente fue detenida en la madrugada de un control vial en el barrio de Saavedra, en la ciudad de Buenos Aires, y sometida a un test de alcoholemia que arrojó un resultado por encima del máximo permitido, tras lo cual le secuestraron el automóvil. La misma Bullrich defendió públicamente su postura en aquel momento, cuestionando el mecanismo y afirmando que apenas había consumido una bebida durante una cena previa, e incluso ironizó sobre resultados contradictorios de las mediciones.

El episodio se volvió viral en redes cuando, en una entrevista televisiva, Patricia Bullrich relató con humor que una vez el alcohol en sangre le “dio 5.1… digo, 0.5”, en un desliz que suscitó memes y comentarios sobre la confusión entre cifras y la percepción pública en torno a su experiencia con la prueba de alcoholemia.
por lo pronto, el caso de Bianco y Rolón reabren la discusión sobre la seguridad vial, el cumplimiento de la ley de alcoholemia cero y la exigencia de igualdad ante las normas de tránsito, temas que, más allá de las alineaciones políticas, impactan en la confianza ciudadana en la aplicación de las reglas que rigen la convivencia y el tránsito.















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