POLíTICA | 24-10-2019 17:19

Mauricio Macri: las traiciones del final

Cómo vive el desbande de la despedida. Los reproches de Vidal. Los que se reciclan. Su plan para ser oposición.

Un alto funcionario macrista, de los pocos que estuvieron desde el día uno de la gestión y que siguen en su cargo, se reclina bien para atrás en su asiento. Desde esa posición levanta el dedo índice y alza la pera, apuntando al techo de su amplio despacho. Quiere teatralizar la escena. “Después de las PASO aparecieron los oportunistas del ‘te lo dije’, los que se las saben todas”, dice, con bronca apenas contenida. La última parte de la frase, la que se refiere a los miembros del oficialismo que le pasan facturas y recriminaciones al Presidente, la imposta, como si fuera un Tato Bores amateur. Habla de ese fenómeno que se extendió como un virus en el Gobierno después de los 16 puntos de diferencia que Alberto Fernández le sacó a Mauricio Macri en la elección: el de los que se empujan entre sí para abandonar el barco antes de que termine de hundirse.

En ese buque fantasma hay nombres, especiales apuntados por las filas de los incondicionales, hay toda clase de sentimientos involucrados, desde el enojo más puro hasta la desazón, hay estrategias y hay convicciones renovadas de última hora. Y hay también una certeza inconfesable, al menos con el grabador prendido: la pelea verdadera, incluso con los que hasta ayer parecían íntimos aliados, no es por el 27 de octubre sino por el control de la futura oposición.

El tiro del final. Marcos Peña fue tajante. “Basta de eso de que hicimos un mal gobierno. Fue todo lo contrario, hicimos un buen gobierno, hicimos cosas buenas. En la economía no nos fue como queríamos y esperábamos, pero hicimos lo único que se podía hacer”, fue la orden que bajó desde la Jefatura de Gabinete. El mensaje del peñismo, más que un electroshock para levantar los ánimos caídos, es una declaración de guerra, a ajenos pero sobre todo a propios, que hoy se repite como un mantra dentro de los que permanecen leales a Macri. Son la resistencia.

Hay que entenderlos. Los últimos tiempos, desde la paliza electoral, fueron muy duros. Las escenas del desbande hablan por sí solas. María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta le exigieron al Presidente que se saque de encima a Peña. Macri primero aceptó y luego, para la furia de los mandatarios locales, retrocedió con su decisión. Un importantísimo ministro bonaerense, que hace rato está en el PRO, le recordó por esos días a Vidal algo que le había dicho cuando Peña y Macri la convencieron de no desdoblar las elecciones provinciales. “¿Viste? Te dije que era mejor la traición que el llano”, fue la frase del hombre, que hoy siente una pequeña victoria porque asegura que en los últimos tiempos logró convencer a la gobernadora de irse del PRO y fundar un partido propio a partir de 2020. “El futuro es por afuera de la grieta”, aseguró Vidal en el coloquio de IDEA en Mar del Plata, el jueves 17. Toda una señal.

Macri en el Debate en Santa Fe

En la Ciudad el clima es similar. “Mauricio nos desilusionó a todos. Nos dejó mal parados a los que pusimos la cara cuatro años para defenderlo”, dice un funcionario porteño, que anda haciendo cálculos para intentar armar con decoro la jornada del 27 de octubre. Es que tienen un problema de difícil solución: cómo plantear la noche en el búnker de Costa Salguero, en la que Larreta va a ganar las elecciones, quizá sin necesidad de una segunda vuelta, y Macri va a salir segundo, aún en el improbable caso de que llegue al ballottage.

Pero esos no fueron los únicos cruces. Además de intelectuales, empresarios, periodistas, sindicalistas y celebridades que fueron ultraoficialistas hasta el 11 de agosto y que luego se apresuraron a desconocer ante el país al Presidente, se sumó la estampida de los propios. El diputado Nicolás Massot comparó a Durán Barba con el “manosanta” de Alberto Olmedo y luego se mostró junto a Sergio Massa, el ex vicejefe de Mario Quintana aseguró que les deberían “pedir perdón” a los pobres del país, Elisa Carrió aseguró que Rogelio Frigerio “esconde muchas cosas” y que el resto del oficialismo “estuvo dormido” durante este año electoral, y el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, habla en público del “posmacrismo” comandado por él y varios más. Los problemas no se quedaron sólo en las críticas públicas o en los comentarios: en el conurbano bonaerense los intendentes hicieron fila para intentar "desnacionalizar" la elección o directamente llaman a cortar boleta y votarlos a ellos sin elegir a Macri.

Como si eso fuera poco, instituciones como la Corte Suprema, con varios fallos adversos al Gobierno, y el FMI, que le negó el último desembolso a la Casa Rosada, también desplantaron al golpeado mandatario. “A los enemigos no los tenía enfrente, sino a mi espalda”, habría dicho Macri en una reunión con el presidente de Maxiconsumo, Víctor Fera, según este último contó luego. Cómo sería el clima que incluso la propia Cristina Kirchner se apiadó de Macri. “Ahora resulta que todos le pegan al muñeco en el piso”, dijo CFK en la presentación de su libro “Sinceramente” en El Calafate, el lunes 14.

Cada una de estas declaraciones y actitudes provocaron fuertes enojos en el círculo macrista, que no responden en público sólo porque hoy no les da la correlación de fuerzas. Pero las tienen bien presentes. Nicolás Caputo, el hermano de la vida de Macri, se queja ante quien lo escuche de la escalada de las internas oficiales. “No nos sirve esto, en un momento tan fino. No nos suma. Hay tan poco margen que sólo se puede hacer algo bueno estando todos juntos, poner sobre la mesa nuestros quilombos reaviva internas que ahora no son convenientes”, cuenta Caputo en la intimidad. El empresario asegura que se repuso del golpe de las PASO, días en los que se mostraba desolado y hasta enojado con su amigo íntimo. En aquellas semanas se dio un cruce insólito: Caputo se topó de casualidad con Enrique Albistur, ex secretario de Medios K e íntimo de Alberto Fernández. Desde el kirchnerismo aseguran que Albistur se mofó de Caputo: “Tu problema fue que tu amigo es un inepto, no como el mío”, le dijo “Pepe”, y estalló de risa.

El diputado Waldo Wolff resume el sentimiento de bronca que provocan en los aún leales estas escenas de desplante y de internas. “La política es un reflejo de la vida. Si le pegás a alguien en el piso habla de quién sos. Yo cuando peleo, como estamos peleando ahora las elecciones, lo hago siempre para ganar, no para perder. Esos son los valores”, dice quien integró, para sorpresa de varios, la reducida comitiva que acompañó a Macri al debate en Santa Fe. Un funcionario nacional explica el dilema que vive hoy el Gobierno. “En el oficialismo hay, a grandes rasgos, dos grupos bien distintos. Estamos los que entramos a la política de la mano de Mauricio, que venimos de afuera y que creemos en el proyecto que él encarna, y los que son políticos profesionales o de carrera, que nos anteceden y que piensan seguir en este rubro, con o sin nosotros”.

“Tras las PASO aparecieron los oportunistas del ‘te lo dije’, los que se las saben todas”, dice un alto funcionario.

La resistencia. El celular de Macri suena. Los mensajes le llegan de a cientos. Es el 24 de agosto, y el Presidente levanta los brazos, en una escena que vaticinará el futuro, al menos el cercano, desde el mítico balcón de la Casa Rosada. Los que conocen bien al Presidente, desde antes de que se lanzara a la política, aseguran que esos 13 días que separaron las elecciones primarias de esa marcha autoconvocada de militantes macristas fueron de los peores momentos en la vida del mandatario.

“El que se sienta en el sillón de Rivadavia no es Mauricio, mi amigo de la vida: es Macri”, lanzó un histórico compañero de ruta del Presidente, sumándose a la golpiza simbólica que le dio casi todo el oficialismo. Era el clima que predominaba en el ambiente amarillo, sobre todo después de la fatídica conferencia que dio el esposo de Juliana Awada el día siguiente a la elección. “Este tipo está loco, es nuestra ruina”, sentenciaba uno de los cerebros de la llamada “ala política” del oficialismo, que, literalmente, se agarraba la cabeza mientras seguía por la televisión la alocución del Presidente. Casi la única preocupación por esas horas era planear cómo sobrellevar la caída de Mauricio con la menor cantidad de víctimas colaterales posibles.

No eran los únicos. Ese 24 de agosto, un importante funcionario nacional, que todavía responde a Peña, se levantó temprano para planear su asistencia a la marcha. Envió mensajes a la mitad del oficialismo, para ver si lo iban a acompañar o si planeaban sumarse. Las evasivas que recibió giraron desde un “tengo un partido de fútbol” a “asado en el country”, o, directamente, a la no respuesta. La desbandada era total. Sin embargo, el hombre fue solo junto a su esposa. Lo que vio lo emocionó. “Los que marcharon a la Plaza no fueron por ser anti K o por ser gorilas, sino para defender algo en lo que realmente creen. Ese algo es un proyecto que encarna Mauricio”, explica hoy, y cuenta que aquella misma noche, en que empezó a gestarse la resistencia, le envió un sentido mensaje al Presidente. “Boludo, esta gente te quiere en serio. Y te quiere a vos”, le dijo en un Whatsapp que envió desde la Plaza.

En el círculo íntimo de Macri hoy se relee aquella jornada con las siguientes palabras, embuidas de una lógica pugilística: el campeón recibió una trompada de nocaut, pero “la gente” lo levantó cuando casi todos pedían tirar la toalla, idea que incluso barajó en algún momento el propio Presidente. De esa noche mística nació un “nuevo Macri”. La génesis de ese resurgir se gestó en la Plaza de Mayo, pero se terminó de forjar en la gira federal del #SíSePuede, que a varios les recuerda el raid por el país que hizo Carlos Menem en la campaña de 1989. La comparación con el ex presidente no es casual: el “nuevo Macri”, el que se va a ver hasta que termine la campaña y en el futuro, tiene mucho más que ver con la política tradicional argentina que con el ex jefe de Gobierno de la Ciudad que ganó las elecciones en 2015, al que Marcos Peña vendía como “un animal nuevo en el zoológico”.

Lo explica un funcionario. “Hace dos años, o menos, hacer lo que estamos haciendo ahora por el país nos hubiera parecido algo 'de la vieja política'. Lo habríamos rechazado, o directamente le hubiéramos tenido miedo, pensando que no nos iba a salir bien, que no iba a ir gente, que nos iban a infiltrar la marcha dos o tres sindicatos e iba a terminar mal. Hoy nuestra visión de la política cambió”. Dice un secretario que lo acompaña a cada una de las que, al cierre de esta edición, eran 25 ciudades por las que ya pasó el Presidente: “La gira es formativa, una gran experiencia política para Mauricio, que está determinando profundos cambios en él”. “Es que Mauricio despierta una relación directa, muy particular con la gente, como Alfonsín, que tenía un vínculo por afuera del aparato”, explica Hernán Lombardi, macrista de la primera hora y titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos.

Marcos Peña y Macri

La metamorfosis del mandatario es evidente. El Presidente ahora besa pies de señoras enfervorizadas, en una revisión canchera de la clásica costumbre vaticana, habla, a los gritos, de “Dios”, de estar “con la familia o con el narcotráfico”, homanajea a civiles y militares que murieron en el copamiento de un cuartel en Formosa a manos de Montoneros, y se embandera con el pañuelo de la campaña “Salvemos las dos vidas”, mientras se muestra en contra de la despenalización del aborto. “Ojo, Macri nunca creyó en el aborto, pero la decisión de apelar al 'voto celeste' es más estratégica, para arañarle algunos puntos a Gómez Centurión. En cambio, el tema de los militares es Mauricio puro, siempre pensó eso él”, aclara uno de los estrategas de la campaña.

En esta reconversión profunda del Presidente, un hombre se destaca sobre el resto: Miguel Ángel Pichetto. “Le dice al Presidente lo que nadie se le anima a decir”, explican, y auguran: “Miguel Ángel va a seguir junto a Mauricio en 2020. Se ganó un lugar en el espacio”. Los que anduvieron cerca del senador por estos días dicen que hoy repite que quiere ganar para, sobre todo, “enrostrarles la victoria en la cara a los que se bajaron antes”.

Mañana. En esta nueva etapa de Macri hay alguien, con el que muchos están más que embroncados, de futuro incierto: Jaime Durán Barba. La figura del ecuatoriano quedó muy discutida dentro del espacio luego de las elecciones. Uno de los estrategas del Gobierno todavía recuerda un cruce de mensajes con el equipo de Durán Barba horas antes de la elección. “Vos quedate tranquilo: no hay chances de una catástrofe”, decía el Whatsapp que hoy parece tragicómico. El malestar lo resumió dentro de la Casa Rosada el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis: “Pensábamos que el avión estaba sobre la Cordillera pero en verdad volábamos sobre el océano. Nos andaba mal el tablero”.

Sumado al mal trago de las PASO, está el viraje anti “nueva política” que encarna el Macri de hoy. Sin embargo, los estrategas del #SíSePuede aseguran que “un método no reemplaza a otro”. “Sacamos 34% con el sistema redes, focus group, encuestas, etcétera. Las giras y el contacto directo se van a agregar al armado actual”, aclaran. Cerca del gurú ecuatoriano minimizan los roces, aseguran que “está bien” la relación con el Presidente, y que van a seguir trabajando juntos.

El futuro de Macri, que luego de las PASO era un tema que desconcertaba hasta al círculo más íntimo del Presidente, se empezó a aclarar. “Va a seguir en política, no va a defraudar a todos los que lo votaron y que lo fueron a apoyar en la gira”, dice uno de sus armadores. Por ahora no hay nada claro, si bien circulan rumores que ya lo ven compitiendo desde la Ciudad como candidato dentro de un par de años. Esa idea también es una esperanza de varios cerebros del Frente de Todos, que sienten que les beneficiaría tener a Macri enfrente, para polarizar, como pasó durante el actual gobierno con la figura de CFK.

Es una futurología arriesgada, como le ocurrió a este oficialismo que nunca logró bajar la imagen de la ex Presidenta del 30% de los votos: si Fernández no logra encaminar la economía, y el ex presidente de Boca Juniors sigue siendo la figura que aglutine a gran par-te de la oposición -algo que los macristas más duros están convencidos de que va a pasar-, el deseo del Frente de Todos podría funcionar como un boomerang. Habrá que ver. Mientras tanto, el oficialismo repite, para los detractores de afuera y los abandónicos de adentro: “No nos creamos que hicimos un mal gobierno”.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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