En la gestión de Javier Milei, la frontera entre la validación técnica y el misticismo digital suele ser borrosa. Sin embargo, lo ocurrido tras la difusión del 3,4% de inflación de marzo —un dato que el propio mandatario calificó de “repugnante”— marcó un hito en la serie de errores no forzados del Ejecutivo. El protagonista involuntario de esta comedia de enredos fue el economista Fernando Morra, exviceministro de Martín Guzmán, cuyo trabajo académico terminó siendo el bumerán que golpeó el discurso oficial.
Todo comenzó cuando la periodista Julieta Tarrés citó un paper de Morra que analiza 108 experiencias exitosas de desinflación. Entusiasmado por lo que creyó que era un respaldo a su gestión, Milei reposteó el clip con su habitual tono camorrero: “TREMENDA CLASE EMPÍRICA. Aquí se nota la diferencia entre quienes trabajan seriamente... y los brutos que opinan sin fundamento”, disparó, cerrando con un irónico “CIAO!”. Incluso se permitió agregar una posdata para llamar “bestia” a quien hablara de multicausalidad.

El autor tiene la palabra
La respuesta no tardó en llegar y dejó al Presidente en una posición incómoda. El propio Fernando Morra intervino en la red social para aclararle que su estudio dice exactamente lo contrario a lo que el Gobierno pregona. “Estimado presidente: como autor del paper, la evidencia muestra algo más complejo que solo ‘monetario’”, escribió el economista. Morra le recordó que las desinflaciones exitosas requirieron políticas de ingresos, aumentos de salarios y crecimiento, variables que el plan de ajuste actual ha decidido ignorar. “Quizá valga la pena leerlo”, sentenció el académico, sugiriendo que Milei citó un texto que desconocía o no había comprendido.
Este blooper intelectual se da en un contexto de diagnósticos fallidos. El Gobierno había proyectado en el Presupuesto 2026 una inflación anual del 10%, una cifra que la realidad devoró en apenas tres meses. A esto se suma el error técnico de utilizar la inflación mayorista como un espejo de la minorista: mientras Milei celebraba una supuesta caída, el índice de marzo volvió a saltar, dejando en evidencia las debilidades del programa económico.
Para un pensamiento científico, estas advertencias obligarían a revisar supuestos. Para la lógica mística que impera en la Rosada, donde las convicciones son sagradas y los datos accesorios, la respuesta sigue siendo la misma: más ajuste, más motosierra y agresiones para quien proponga una mirada alternativa. En la intersección entre la Torá y el Excel, el Presidente parece haber olvidado que, en economía, el archivo no perdona y los autores de los papers, mucho menos.














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