Saturday 20 de April, 2024

POLíTICA | 23-02-2024 11:34

Milei, el elegido: trastienda de una presidencia que cruza lo místico con lo político

Volvió de su viaje a Israel y el Vaticano más convencido que nunca de su "misión". Las decisiones que toma en base a creencias sobrenaturales. Su hermana y su perro muerto como nexos con Dios. La "profecía" de su rabino.

Javier Milei apoya la frente contra el Muro de los Lamentos. Está quieto, tan clavado en esa posición que hasta parecería que con su cabeza estuviera haciendo fuerza para tirar la última pared que queda en pie del antiguo templo de Jerusalén. Las dos manos las tiene levantadas y apoyadas, a la altura de su rostro, contra la pared. Con una se agarra a Axel Wahnish, que es su rabino y futuro embajador en Israel, aunque en verdad es mucho, pero mucho más que eso. Un minuto y diez segundos después el Presidente gira. Todas las cámaras del país lo captan en un llanto desconsolado. Pero sólo los pocos que lo rodean llegan a escuchar lo que dice luego. “Lo hice, lo hice”.

¿De qué hablaba Milei? ¿Qué es lo que hizo? Quizá tenga que ver con el comienzo de todo: el día que, en el último tramo del pandémico 2020, el “Uno” se le apersonó para revelarle que tenía “una misión”, que no era otra que saltar a la política para derrotar al “maligno”, léase al socialismo. Todo lo que vino luego lo hizo con la certeza profunda de que el plan que había trazado Dios, con quien estaba convencido de que podía hablar gracias a la conexión que su perro muerto le “abría”, incluía ganar la Presidencia en el 2023. Quizá lo único que no estaba en los planes originales era el nacimiento de su pasión por el judaísmo, aunque ambas historias están íntimamente ligadas.

Lo cierto es que, desde el minuto cero de la aventura libertaria, lo místico, lo sobrenatural, lo religioso y lo político son una sola cosa, inseparables entre sí. El viaje a Israel, con el llanto desconsolado y la metáfora del enojo de Moisés que usó para amedrentar a la oposición, son apenas un capítulo más de esta historia bíblica.

Milei cree su hermana es Moisés y que él es un elegido por Dios. Y va a gobernar como si tuviera un lugar central en medio de una batalla mística entre el Bien y el Mal.

Profecía.

El Presidente es consciente de que hay ciertas cosas que es mejor guardar para la intimidad, hechos en los que él cree con profundísima convicción pero que, si los dijera, podrían caer mal. O, como le dijo en criollo a antiguos amigos, podrían pensar “que está loco”.

Aunque a veces está a punto de irse de boca -como cuando le dijo a Luis Novaresio que “Dios existe, me han pasaron cosas muy fuertes que exceden toda explicación científica”, o cuando escribió en uno de sus artículos que “Conan lo aventuró a los límites de lo imposible y más allá también”, o cuando aseveró que “el Uno era libertario y el Estado la invención del maligno”, o cuando su hermana, el día previo a las elecciones, compartió en su cuenta de Instagram que “Dios ya había asegurado la victoria”-, Milei intenta imponerse límites en público. En privado, claro, es mucho más honesto.

En el 2021, en una reunión con rabinos que le organizaron los dirigentes Carlos Maslatón y Gastón Alberdi, el libertario sostuvo ante la gran sorpresa de los religiosos presentes que su hermana “era Moisés”. En el 2023, en una reunión que armó uno de los grandes empresarios textiles con otros popes de la industria, el entonces candidato cortó la metralladora de preguntas que le hacían sobre temas puntuales de un eventual gobierno suyo diciendo que todo eso “había que hablarlo con Kari”. Cuando uno de ellos retrucó que era él y no su hermana quien sería presidente en caso de ganar las elecciones, la respuesta que dio dejó helado a varios. “Es que ustedes no entienden: ella es Moisés”.

Hay decenas de anécdotas en este sentido. Pero en el último tramo del año pasado una se repitió bastante. Sucedía cuando distintos interlocutores -políticos, empresarios y también popes de la Iglesia- le recomendaban a Milei evitar la gigantesca polémica internacional que implicaría mudar la embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. El Presidente, que a pesar de sus exabruptos es cordial para el trato mano a mano, los escuchó a todos. Y a algunos les respondió algo que no pensaban jamás que iban a escuchar. “Es que es algo que me pidió David, me lo dijo en un sueño”.

En público Milei recurrió, una vez más, a su práctica de contar la realidad que él percibe pero un poco más apta para todo público. Cuando le preguntaron en las entrevistas por las razones del traslado -algo que volvió a rectificar en el viaje a Israel-, respondió que era porque “David estableció a Jerusalén como capital de Israel”.

Elegidos.

En este cruce es donde se abre una hendija para entrar al pensamiento más profundo del Presidente. Una primera lectura, casi lineal, apuntaría una vez más a lo místico: según la tradición judía, el mesías sería un descendiente de David, el segundo rey de Israel, que también, como Milei, había sido seleccionado directamente por Dios. En esa lógica, la referencia tiene perfecto sentido.

Un segundo análisis iría sobre el estado emocional del Presidente, y a la pregunta que una y otra vez vuelve sobre si distingue la realidad de lo que sucede dentro de su cabeza, o si realmente piensa que David le habla en sueños, que su perro Conan no murió sino que fue a sentarse “al lado del Uno” o que, como dijo en Davos, hay una inminente amenaza del comunismo contra el mundo occidental.

Sin embargo, otra arista es aún más llamativa. Es la comprobación empírica de que Milei toma decisiones en base a sus creencias místicas. A diferencia de lo que él dice, de que su “vida espiritual es un tema privado suyo” -como le contestó al diario español El País cuando le preguntaron si era verdad que hablaba con su perro muerto vía una médium-, lo religioso y esotérico se funde con lo político. El caso de la mudanza de la embajada lo pone de manifiesto, aunque está lejos de ser el único. En el 2021, luego de su debut político, todo su equipo de campaña le insistía en ir por la jefatura del Gobierno porteño en las elecciones nacionales entrantes, algo que él desestimó porque “el Uno” le había dicho que “en el 2023” sería Presidente. Incluso la conformación de su Gabinete estuvo guiada por la mano de Dios, una lógica que había usado también en el pasado para conformar La Libertad Avanza. “El Uno me dijo que sos parte de la ‘misión’”, le dijo a “Toto” Caputo para terminar de convencerlo de ser su ministro de Economía.

En las referencias a David hay una última revelación. Quizá sea la más importante para los tiempos que corren. Es sobre hasta dónde caló el judaísmo en la cabeza de Milei. Y hasta dónde influye en él su rabino.

Guía.

Wahnish lloró conmovido al lado del Presidente. Aunque el foco se lo llevó el libertario, él también tenía su propia deuda con Dios. En el 2021 su esposa estuvo a punto de fallecer cuando estaba dando a luz a uno de sus hijos. En ese momento, el entonces ignoto rabino ortodoxo de la comunidad judeomarroquí le pidió a Dios que los salvara para poder vivir “al menos un tiempo en Israel”, tal cual reveló el medio Mishpacha, en un extenso perfil que hizo sobre él.

Fue en ese contexto donde Wahnish y Milei se conocieron, a mediados del 2021. Como ya contó esta revista, hubo en ese encuentro -que iba a ser de unos minutos pero se extendió durante dos horas- una especie de “profecía” en la que se señaló que el libertario “encabezaría un movimiento liberador en Argentina”. Quizá Wahnish tocó la fibra mesiánica de Milei consciente de que tan sólo unos meses antes, a fines del 2020, este decía haber sido encomendado con “la misión”. Quizá no. Lo cierto es que de aquel encuentro el economista, que tenía 51 años y una vida como praticante católico, salió con la idea de convertirse al judaísmo.

Otra vez aparecen varias lecturas. Facundo Milman apunta a cómo el judaísmo sabe tener una larga tradición de supuestos mesías, y que además no es casual la rama por la cual se inclinó Milei, la de Jabad Lubavitch, que siempre tuvo una inclinación hacia el anticomunismo. Después está la propia biografía del libertario, que carga a cuestas una vida terrible, en la que sufrió violencia familiar y bullying: Wahnish y Milei entablaron una profunda conexión espiritual pero también personal, y el rabino lo incluyó como uno más en su familia y lo invitó varias veces a su hogar. ¿Será el judaísmo la excusa perfecta que encontró el Presidente para ser, de una vez por todas, incluido en algo? O, como se preguntan varios en su círculo, ¿la conexión con el “Uno” que creía que le proporcionan Conan y su hermana médium ahora evolucionó a su acercamiento a algo más institucional, como lo es la religión judía?

Aunque hay más preguntas que respuestas, lo cierto es que el judaísmo encastró perfecto con la vocación mesiánica de Milei, que hasta llegó a usar como metáfora, luego de la caída de la Ley Ómnibus, un durísimo pasaje del Antiguo Testamento en el que Moisés ordenaba un asesinato a mansalva de “traidores”. Es que para “el Loco”, el apodo que lo acompañó toda su vida, no hay grises. Hay sólo blanco y negro. Aliados y enemigos.

Las fuerzas del Cielo.

La visión de Milei es, entonces, teológica. Desde un visión donde hay un ser supremo que ordena todo es que piensa que su camino a la política fue ordenado por “el Uno”, que sus seguidores son partes de los argentinos “de bien” -los llama como una frase del libro de los Macabeos- o que el mercado, como Dios, “no tiene fallas”. “Su lectura económica de la historia argentina y de la complicada situación actual del país se inserta en una visión cosmológica mayor que incluye a ‘fuerzas del cielo’, al ‘Uno’, a intermediarios extraordinarios (Conan, su hermana Karina) que lo ayudan a cumplir el legado divino de hacer triunfar a las fuerzas del Bien (el capitalismo libertario) sobre las del Mal (el estatismo y el comunismo engendrados por el Maligno). Milei no es ‘como’ un profeta: se cree un profeta”, dice el investigador del Conicet Alejandro Frigerio.

Esta peculiar manera de ver el mundo puede traer grandes problemas, está claro. Eso piensan varios que experimentaron de cerca su “fe”. Mariano Fernández, economista de la UCEMA, fue uno de sus pocos amigos. Después de la aparición de Dios en la vida de Milei se terminó de alejar, y ahora comparte esta reflexión. “He escuchado cosas que me preocuparon. Decía que tenía una misión que le bajaban desde el Cielo, y los perros tenían un rol en eso. Javier ya tenía problemitas, pero en los últimos años noté comportamientos que asustan. Está bastante loco”.

Ahora “el Loco” está en el poder. Y Argentina es parte obligada de su viaje místico, que en la cabeza del Presidente se funde con la aventura política hasta ser una misma cosa. Queda por ver, entonces, qué tipo de líder mesiánico será. Es que según la tradición judía hay dos: Mesías Ben Iosef, el que acarrea el desastre, y Mesías Ben David, el que trae la salvación. ¿Cuál de ellos será Milei?

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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