París fue la foto, pero la película había empezado antes. Cuando Javier Milei desembarcó en la Argentina Week con trece gobernadores en su corte, la negociación para que en 2027 no haya PASO ya llevaba semanas de llamados, reuniones reservadas y cuentas en voz baja. Lo que ocurrió en Francia fue otra cosa: la confirmación pública de que el oficialismo encontró una puerta entreabierta en un lugar clave: el radicalismo.
Los cinco mandatarios de la UCR, Juan Pablo Valdés, Carlos Sadir, Maximiliano Pullaro, Leandro Zdero y Alfredo Cornejo, dejaron en las últimas semanas definiciones que en Balcarce 50 leen como un guiño. Ninguno firmó un cheque en blanco y no todos dicen lo mismo. Pero hay un denominador común que en la Casa Rosada consideran decisivo: ninguno rechaza que las primarias nacionales queden afuera del calendario de 2027.
La aritmética explica la ansiedad. Cualquier cambio en las reglas electorales exige 37 votos en el Senado, una mayoría que La Libertad Avanza no tiene por sí sola. Los senadores que responden a los gobernadores son la llave. Y los gobernadores lo saben: cada gesto se cotiza en obras, fondos y espacio político.
Uno de los negociadores admitió ante NOTICIAS que las conversaciones estaban avanzadas mucho antes del viaje. París, en todo caso, aceleró los tiempos y sirvió para cerrar filas. Pero el corazón del acuerdo es más terrenal que cualquier foto en Europa. Según su relato, se trata de un toma y daca clásico: a cambio de los votos para suspender las PASO, el oficialismo nacional se compromete a no molestar a algunos gobernadores con candidatos propios en sus distritos. Dicho de otro modo, Milei resigna competir a fondo en ciertas provincias para asegurarse la regla que más le conviene a nivel nacional.

No es un detalle menor para un partido que en 2025 salió a pintar de violeta el mapa sin miramientos. La moderación tiene una lógica: el Presidente llega al año electoral sin internas a la vista, mientras el peronismo discute liderazgos, alianzas y candidaturas. Sin PASO, el PJ pierde la herramienta institucional para dirimir sus diferencias dentro de una misma coalición. Para la Casa Rosada, ese beneficio vale más que algunas listas libertarias en provincias donde, de todos modos, el oficialismo local tiene la sartén por el mango.
Los matices radicales existen y en el Gobierno los conocen de memoria. Valdés es el que más lejos fue: siempre estuvo contra las PASO y considera que eliminarlas "no sería descabellado". Incluso le reprocha a la Rosada haber perdido tiempo cuando el clima era más favorable. Sadir, en cambio, acepta suspenderlas otra vez pero no eliminarlas, porque las considera una buena herramienta. Cornejo, desde París, distinguió entre la utilidad del instrumento en Mendoza y el costo de una elección nacional que termina funcionando como una encuesta cara cuando las fórmulas llegan sin competencia (le gustaría plantar en esa interna a otro candidato que no sea Luis Petri, que marcha hoy primero en las encuestas). Zdero, en sintonía con lo que ya hizo en Chaco, donde suspendió las primarias provinciales para 2027, se reunió con Diego Santilli a fines de septiembre, donde se habría llegado a un acuerdo.
Y después está Pullaro. El santafesino fue el único de los cinco que no integró la delegación a Francia. Sin embargo, según confirmó a NOTICIAS, la negociación también lo incluye. En la Casa Rosada lo miran como un potencial aliado, más allá de su perfil propio y de sus aspiraciones nacionales. Pullaro respalda suspender las PASO nacionales porque, dice, se usaron poco y le cuestan mucho al Estado, aunque defiende el sistema en su provincia, donde los partidos sí las usan para ordenarse.

El gesto que mejor retrata esa sintonía no ocurrió en París sino en Santa Fe. Mientras Milei se paseaba por Europa con los gobernadores, la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva (sumada recientemente a la mesa política) visitó la provincia y se mostró junto a Pullaro destacando la baja del delito. No fue una visita protocolar cualquiera: la seguridad es la principal carta de gestión del gobernador, y el Plan Bandera en Rosario, ejecutado en conjunto con las fuerzas federales, es uno de los logros que Nación y provincia exhiben a dúo. Que la foto se haya producido justo cuando el resto de los mandatarios posaba en la embajada argentina en París no parece casualidad.
La conducción de la estrategia está repartida. Karina Milei define los entendimientos políticos; Santilli, como jefe de Gabinete, mantiene el contacto cotidiano con cada gobernador; Patricia Bullrich construye la mayoría en el Senado y Martín Menem trabaja Diputados. Todo forma parte de una conversación más amplia, en la que también entran el Presupuesto 2027, las obras y los recursos para las provincias.
El objetivo de máxima de Milei sigue siendo eliminar las PASO, a las que calificó de "inmorales" y de "negocio" kirchnerista. Pero el pragmatismo empieza a imponerse: si no están los votos para enterrarlas, alcanza con suspenderlas para 2027. En esa alternativa confluyen hoy los cinco radicales.
Falta lo más difícil. Una declaración de un gobernador no garantiza la mano levantada de cada senador de su provincia. En el Gobierno lo repiten con cautela: hasta que no se vote, nadie canta victoria.















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